Juntos siempre…

¿Sabes? Si bien soy de aquellos; que dicen que uno debe ocuparse, en lugar de preo- cuparse, hoy no tengo demasiados deseos de escribir. Estoy preocupado, aunque comencé a ocuparme, desde el mismo momento en que ayer, me comunicara uno de mis queridos sobrinos, de la súbita enfermedad de mi hermana, que a la vez es mi compa- ñera de todos los días de esta “rara actualidad”, en que nos enviamos un WhatsApp o hablamos por teléfono. Nos contamos nuestras vidas; nos reímos, discutimos por ser diferentes y hablar sin filtros –sin cuidarnos-, nos amigamos luego, diciéndonos que nos amamos.
Pero la voz de uno de sus tres hijos ayer; me movió toda la estructura. Y ello; a pesar de que de cuatro hermanos, siendo el menor tuve que convertirme en el mayor desde mi adolescencia, para asistir a mi padre primero, a mi hermano mayor luego y a mi madre, durante diecisiete años debido a una larga enfermedad, pero que llevo con una dignidad maravillosa. Pero el fallecimiento de mi hermano, la potencio. Se fue a los dos años; diciéndonos en las visitas periódicas que mi hermano ausente –Carlos- se había presentado, diciéndole que se preparara para la partida. Tal es así; que a los dos días, los ángeles se la llevaron en silencio y sin sufrimiento.
En cambio, a mis dos hermanas mayores, hube de contenerlas solo en puntuales cir- cunstancias. ¿Será aquello, que dice de la mujer ante la adversidad, demuestra más resiliencia y fortaleza que el hombre? Seguramente, es así.
A fines del año pasado; su hijo menor y su mujer, se fueron a otro país latinoamericano adonde reside otro hermano, casado con una bella mujer, dos niñas y su madre política, en búsqueda de oportunidades, que lamentablemente este país no ofrece, pase el gobierno que pase y desgobierne. Es una constante. Eso la sacudió; por aquello de que el amor filial es generalmente mayor con el menor de los hijos, lo que generalmente no es un mito. En muchos casos; es real como el aire que respiramos –si lo sabré, yo-.
Hubo un tiempo, que ante cualquier situación, lloraba y se encerraba en sí misma, en que esa sensible emoción, le quitaba esa fortaleza anímica que ostento durante toda la vida. Ya a los dieciocho años; cuando ya estaba quedándose imposibilitada de caminar, cuando médicos la trataban erróneamente con sus diagnósticos; hubo quien finalmente –un neurocirujano- luego de unos estudios, percibió un tumor del tamaño mayor de un huevo alojado entre la columna vertebral y la médula espinal.
Así hubo que quitarle cuatro vertebras; para extirparle exitosa mente ese tumor, que le impedía movilizarse y por lo cual derramaba mares de lágrimas, al pretender dar siquiera un paso.
Por ello; mi experiencia con los médicos, cualesquiera fuera su especialidad, ha sido siempre ciclotímica –a algunos les haría tragar por el culo, el juramento hipocrático-, si bien conozco a una gran mayoría que son tan dignos, eficientes y no ven el vil metal, como su objetivo final. Velan verdaderamente por la salud de las personas, como sucede en cada lugar del mundo y mas hoy, ante este maldito COVID19.
Pero ella; ha sido siempre para mí una amazona invencible, se quedó sola con tres hijos casi todos adolescentes. Del mejor pasar; pasaron a encontrarse sin medio alguno, se unieron y se fortalecieron, salieron adelante juntos, con sacrificio y ese “don” que en quien creas, le da a veces “a los buenos”, para superar adversidades y lograr alcanzar aquello que se llama vivir con dignidad.
Luego tuvo otros casos; un cáncer de colon que supero, pero que significo también perder unos centímetros de su intestino grueso. Otras adversidades; como caídas por querer hacer su trabajo, lo más rápido posible y tropezar una y otra vez, con fracturas o hematomas groseros en su cuerpo. Además la casa de tres plantas; que solo le dejo su divorcio sin ningún otro pasar, ni siquiera pensión por alimentos por uno de los hijos, aun menor. Ella se empleó y sus hijos; fueron todos a trabajar de lo que fuera, para seguir viviendo de pie y no de rodillas, como bien nos enseñaron en nuestro humilde hogar, en el cual nacimos y solo como riqueza inigualable, ejemplos recibimos. Luego del trabajo; limpiaba toda la casa, ella sola. Obsesiva, sin igual se reía cuando finalizaba el último rincón. Satisfecha; como buena cabeza dura. Tampoco puedo escribir demasia- de ello. Por algo, tenemos demasiadas coincidencias.
Siempre estuvimos presente; el uno para el otro. Amo a mi otra hermana y estoy para lo que necesite; pero sin embargo, no tenemos la misma comunicación. Somos diferentes.
Estoy golpeado, pero mas fortaleza esgrimo, en estos casos. Hable con mis sobrinos, ya jóvenes adultos. Les ofrecí acompañarlos en esta dura batalla, que su madre enfrenta- ra, pero con todos nosotros detrás, a sabiendas que lo superara por su elevada moral y siendo la persona maravillosa, que es.
Comprendes ahora; la razón de que solo hice catarsis aquí. Como explicarte; porque no deseaba escribir de otro tema. Te pido disculpas. Me dirás; que es una historia de vida, mas. Y te daré; la derecha. Hoy, me pasa a mi.
Si lo has leído, gracias por pasar. Un abrazo.

5 comentarios sobre “Juntos siempre…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s