Solo un encuentro…

Pude sentir sus nervios,
sus temores, sus prejuicios
al finalizar lo que creí
un encuentro primigenio
en una tarde encantadora,
donde ambos recorrimos
sin premura, casi sin aliento
una ínfima parte de nuestra vida.

Al como – la pasaste?-
la respuesta
-esto es tan extraño-

  • vos, yo juntos
    luego de tantos años-
    -vos eras mi jefe y ahora…-
    -fuimos matrimonios amigos
    y yo la madrina
    de uno de tus hijos-

Inesperadas como culposas
palabras buscando respuestas
a no creer que hoy ambos
somos tan libres como el aire
que respiramos, arrastrando
nuestras almas con todo
aquello que nos ha sabido
dar y quitar lo vivido.

Se lo hice saber,
no pude callarme,
creía haberme encontrado
con aquella bella mujer
de ojos verdes transparentes,
sin saber porque razón
seguí teniéndola en mis sueños,
error penoso de mi parte
al no pensar que las huellas
que detrás nuestro dejamos,
con el tránsito de los años
nos hace otros y ya no somos
los mismos de aquellos tiempos.

Percibí, quizás me equivoco
en que ella se emociono
tanto como yo,
cuando nos fundimos
en un adorable abrazo,
sobre las anchas puertas
de una antigua iglesia,
como si una premonición fuera.

Tres horas pasaron,
quedaran en mi retina
sus rasgos, su mano
tomada de la mía, hasta
que el atardecer y su tenue
brisa adelanto la despedida.

Fuimos hasta el auto,
insistí en llevarla
lo más cerca de su casa,
hablamos trivialidades
en el camino,
note que se cubría
con su tapaboca,
no muy sutil le pregunte
-si estábamos escapando
de alguien-
y contestó -creí que ya
estábamos cerca del destino-

Llegamos, nos despedimos
con un roce de mejillas,
un “avísame cuando llegues”
otro “anda despacio”.

Aguarde a que el transporte
arribara y ella subiera,
para conducir hasta casa
cerramos la tarde noche
con mensajes recíprocos
de esta virtualidad impersonal.

Llegue al departamento,
mi mascota salto sobre mí,
me exigía el paseo cotidiano
correa en mano salimos
del edificio, cuando recibí
un “ya llegué” que me tranquilizo.

Hoy como todas las mañanas,
desde aquel primer reencuentro
luego de más de treinta años
aquel pasado mes de septiembre,
le pregunte -cómo amaneciste?
que pensaste?

Leer su respuesta, fue desconcertante
“Me sentí rara, tomando un café
contigo, quien lo hubiera pensado.
Pero me gusto charlar con vos.”

Quizás la atracción
es de un solo lado
de la mesa y no de ambos,
sí así sucede lo aceptare
porque si bien no se puede
vivir sin amor,
tampoco se puede
mendigar por él,
y no es falso orgullo
es qué si uno no quiere,
dos no podrán jamás…

2 comentarios sobre “Solo un encuentro…

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