Rehenes

Lo recordaba bien; el ahora cincuentón en aquel momento; tenía 6 años y su hermano 10. Eran muchas las veces, que había oídos sus padres discutir. Pero ese día, su madre que era tan agresiva, llegando al punto de intentar abrir la ventana para que los vecinos la escucharan. Su padre, contador en una importante empresa, era todo lo contrario al tratar de contenerla y tranquilizarla. Pero ese día se produjo el estallido final. Su padre lo llama a él y a su hermano -que comprendía mucho más, lo venía pasando-, los sentó en el sofá y les dijo que debía irse, porque ya era imposible la convivencia de “papá y mamá”.
Apresuradamente, el padre tomó sus cosas, incluyendo papeles y documentos del trabajo, como lo poco que le dejó llevarse su mujer, de tanto tironeo.
La madre les dijo a él -Jorge- y a su hermano -Mario- que si alguien les preguntaba por su padre, solo dijeran que estaba muerto, Jorge no entendía mucho sobre eso, pero solo le quedó claro lo que tenía que decir.
Así; en aquel tiempo con artimañas legales de la madre, el padre de Jorge y Mario no podía ver a sus hijos, por una resolución de la jueza a cargo de la causa.
Jorge cuando sus compañeros le preguntaban por su padre, solo respondía “está muerto”. Hasta que un día, descubrió no solo él sino también sus compañeros que un automóvil, con su padre conduciendo lo seguía hasta que entraba al colegio, para luego desaparecer.
Jorge sabía que no lo dejaban que su padre los viera. Pero quién podía tener tanta maldad, se preguntaba. Ya en los cincuenta, no encontraba ni la mínima razón, ya que en aquellos años ni la restricción perimetral existía,
Finalizó la primaria, comenzó la secundaria. El hogar lo llevaba adelante su madre, taladrando la cabeza de sus hijos, insistiendo en el pésimo padre habían tenido, como si él no supiera que jamás su padre los maltrataba o no les daba cariño.
Hasta que cumplió dieciocho años, ultimo año de la secundaria. Siempre salía con compañeros que vivían cerca de su casa y a quienes conocía en algunos casos desde la escuela primaria.
Ese día al salir, vio como una imagen difusa. Se paralizó…era su padre. Se dio vuelta y les comentó a sus amigos- es mi viejo-. “Tranquilo”; le respondieron. Nosotros nos vamos y te vemos luego. Anda…anda.
Se acercó a su padre; este tenía la mirada entre llorosa y triste. Jorge simplemente le dijo – Papá, no te pongas mal, Yo se todo. Se que no te dejaban vernos. Se abrazaron tan fuerte, que el ruido de los huesos tenuemente se sintieron en el aire.
Jorge, le dijo el padre.- ¿Te invito a tomar un café, venís?
Claro que sí papá!-
Aquel fue el primer día que Jorge volvió a ver a su padre, cara a cara. Hablaron de tantas cosas. Rieron, lloraron…no podían recuperar en un rato doce años de separación, determinada por una jueza hija de puta y miserable, que ni considero lo que los niños pensaban o sentían en aquellos oscuros momentos.
El padre, fumador escribió sobre la cajita de fósforos, el día y la hora de ese primer encuentro.
Se vieron otras veces, al igual que con Mario. Pasaron los años, tanto su mamá como su papá, fallecieron.
Pero Jorge, tiene en el cajón de su mesa de luz, aquella cajita de fósforos que se transformó en algo más que memorable.

Imagen: Gentileza de Wattpad.com Pinterest

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