Loca ella, loco yo…

Era como aquella canción que nos decía
loca ella, loco yo buscando ambos con simpleza,
aquello que nos habían contado de Woodstock ¨69
un lugar pero en soledad donde el amor y la paz
pudiéramos disfrutarlos en soledad como siempre,
cuando entrabamos en ese trance de amarnos
adorablemente de a ratos, con furia en otros.

Había amanecido soleado en la verde pradera
era un lugar tan perfecto que ni imaginamos,
habíamos llegado al atardecer del día anterior
luego de recorrer con nuestro equipo de trekking
quizás unos diez kilómetros aproximadamente.

Pero la cabaña prestada por un amigo era un sueño
tal como la casa de los enanos de aquel cuento,
por lo cálida y ese penetrante olor a incienso.

Creímos estar en el paraíso, nos miramos
y sin saber porque luego de salir y ver el paisaje,
comenzamos a reírnos como si estuviéramos
viéndonos por vez primera, ahí la subí a mi espalda
aterrizando en esa enorme y mullida cama,
un festival de colores estalló entre nosotros
sin necesidad que Joe Cocker cantara
su mítica versión de “With a Little Help from My Friends…” 

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