La idea de Patria tiene algo oscuro.


Federico Jeanmaire: “Nos enseñaron a reclamar Malvinas, pero no que hay que devolver Formosa a Paraguay”


El escritor argentino cuestiona el discurso bélico y el nacionalismo en su libro Wërra, donde narra una misión suicida de la Segunda Guerra Mundial.


Marzo de 2018. Federico Jeanmaire llevaba pocas horas en Saint-Nazaire, un puerto francés ubicado sobre el estuario del Loire, a donde había viajado para sumarse por dos meses a una residencia de escritores, experiencia que ya habían hecho otros narradores argentinos notables, como Ricardo Piglia y Juan José Saer.


Una amiga le habló de la Operación Chariot, una batalla de la Segunda Guerra Mundial que había tenido lugar allí, el 28 de marzo de 1942.

Más que una batalla, un ataque de comandos ingleses para destruir la base de submarinos que operaba en ese puerto y que era clave para el poderío naval nazi. Un golpe pensado y cronometrado en las mesas de arena del almirantazgo, enmascarado en engaños y trucos como en las películas, favorecido por la noche y el azar, finalmente suicida: murieron 169 comandos británicos, además de 18 civiles franceses y 292 soldados alemanes.


Nunca antes Jeanmaire había escuchado hablar de la Operación Chariot, pero el día siguiente era 28 de marzo, se cumplía un nuevo aniversario y estaba previsto un acto de conmemoración. Decidió ir. Lo impactó un anciano doblado por los años que se irguió, juvenil, cuando se calzó la casaca militar. También, la mínima placa que recordaba a los caídos, tan pequeña que no tenía lugar para poner los nombres completos.


Esa tarde, Jeanmaire fue a la biblioteca de Saint-Nazaire, pidió dos libros sobre la Operación Chariot (los primeros de muchos) y empezó a investigar. Fueron trece meses de consultar archivos, textos, audios. El resultado es Wërra (Anagrama), una suerte de ensayo en el que narra la batalla, reflexiona sobre el patriotismo, sobre la guerra (“una mierda encantadora”), y también sobre su propia infancia, marcada por la serie Combate, que veía con su padre, un militar frustrado, y por los soldaditos fabricados por su abuelo materno.


¿Por qué decidiste contar tu experiencia personal en el relato?


-La idea era poner a funcionar, como una suerte de contradicción, las representaciones de la guerra con la realidad de la guerra. Por un lado, contar esta batalla para contar todas las guerras, y por el otro lado contar todas las representaciones de la guerra que habían sido fundamentales en mi vida. Ver la serie Combate era muy importante para mí porque era el rato que yo pasaba con mi viejo, un tipo que no le dedicaba mucho tiempo a su hijo. Era un imperdible, Combate.

Ver una serie bélica en familia, con un chico al lado, significa que de alguna manera lo estás instalando en una cultura del valor, de la valentía, cosas que en algunos casos, como el mío, tienes que ir deconstruyendo con el tiempo porque te das cuenta de que por ahí no pasa ni la masculinidad ni el coraje.


-Wërra cuestiona el sentido del heroísmo.


-Cuando yo ya tenía más de la mitad del libro escrito, descubro la historia de un teniente británico y un capitán alemán que terminan haciéndose muy amigos durante la batalla y, después, por el resto de sus vidas.

Y me interesó ponerla sobre el final porque me pareció una contradicción en el concepto de valentía que me interesaba subrayar. Lo más valiente que se puede hacer en una guerra es desobedecer al que te manda. Y en la historia de estos dos tipos hay algo de eso. La idea de épica es una forma cultural que han tenido y tienen los Estados para venderte, de algún modo, que si en algún momento necesitan de vos para una guerra, estés preparado para ir.

Y lo que yo tenía que hacer era desmontar esa idea. Me interesó mucho escribir sobre la relación de las drogas con la guerra, un tema que ignoramos por completo. Hemos visto en el cine de los últimos treinta años a soldados norteamericanos drogándose en  Vietnam, pero se los muestra como drogadictos individuales, gente que lo decide por su cuenta, cuando en la realidad, en la guerra, la droga viene de los oficiales hacia los soldados, de manera obligatoria. 

¿Para qué? Para que finalmente se animen a matar y se animen a morir. Yo no tenía idea de que los ejércitos se drogaban sistemáticamente para ir a la batalla.


A los comandos británicos de la Operación Chariot les dieron ron con anfetaminas.


-Sí, porque la Segunda Guerra Mundial fue la guerra de las anfetaminas. En la primera, varios ejércitos usaron la heroína: era una droga que se vendía en las farmacias y que fabricaba la Bayer. De hecho, el nombre es porque producía héroes. No es casual.

Es el que le pusieron los alemanes para contar lo que generaba. Me parece que es importante sacar esto a la luz porque tira abajo mucho de la épica de la guerra.

Saber que los vikingos se drogaban con hongos, que los griegos mezclaban vino con no sé qué cosa, que esto ya ocurría en tiempos inmemoriales, es la prueba de que el hombre, el varón, no es -valiente por naturaleza-.


-Cuando cuestiona el patriotismo, ponés como ejemplo a Malvinas.


-La educación pública trabaja con el patriotismo y eso ocurre en todos los Estados. Puede que las Malvinas sean argentinas, qué sé yo, puede que no, también.

Lo que me parece ridículo es haber hecho una guerra y tanta alharaca educacional alrededor de que las Malvinas son nuestras y nos la quitaron.

En el libro pongo el caso de Formosa. Formosa es un territorio que nosotros tomamos cuando invadimos Paraguay en 1870 y después nos lo quedamos.

Y en ninguna escuela te van a decir que hay que devolverles Formosa a los paraguayos. Detrás de la venta de la idea de patria hay algo medio oscuro. Vos me encontrás en  Baradero.

Llegué ayer y estoy en lo de mi madre, a la que hacía siete meses que no veía por la pandemia, y yo siento que mi patria es esto, mi pueblo, donde nací, donde crecí, no hay mucho más… Es mi forma de ser, tomar mate a la mañana, la manera en que hablo, que me como mucho las eses. Esto es mi patria.


Si lográramos un país más justo, yo creo que el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría.
Federico Jeanmaire
ESCRITOR


-Por momentos, el país se deja malvinizar. La última vez fue en la previa a los Juegos Olímpicos de Londres, con videos dramáticos de atletas argentinos entrenando en las islas.


-Me resulta incomprensible. A mí me ha tocado ir a muchas ferias del libro en el mundo donde Argentina era el país invitado, y en algunas de ellas, en un momento dado, había que hablar sobre Malvinas.¡Y yo no podía hablar sobre Malvinas! Durante la dictadura yo vivía en España.

Era una época de muchos atentados de la ETA. Y Felipe González, que todavía no era presidente, dijo una cosa muy impresionante: ¿nadie se pregunta por qué los vascos del lado español quieren ser independientes y los vascos del lado francés no? 

¿No será que Francia ha producido un país mucho más justo, más querible y más aceptable que el Estado que hemos armado nosotros? Y me parece que ahí hay una verdad enorme. Si nosotros lográramos un país más justo, donde las diferencias no fueran tan grandes, donde la gente pudiera desarrollarse más o menos dignamente, yo creo que o bien el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría, o bien el Reino Unido devolvería las islas.

La reivindicación por Malvinas está en todas las capas sociales y en los más diversos círculos políticos, horizontalmente nos cruza a todos, y eso es producto de la educación, porque si no algo así no puede ocurrir. Y la educación la decide la política, siempre. En la Argentina, el tema de Malvinas comenzó con el Centenario, como uno de los pilares de la nacionalidad, porque no había demasiados tampoco.


-Vos señalas que los muertos de guerra son siempre pobres y jóvenes.


-Eso es evidente. Todos recordamos que a los soldados de Malvinas, cuando volvieron, no se los trató muy bien. No es privativo del argentino. En Gran Bretaña, cuando termina la Primera Guerra Mundial, a la cual fue toda gente pobre, hasta chicos de catorce o quince años, los soldados vuelven victoriosos pero no les dan trabajo, los tratan de locos, los marginan. Y pasan cosas todavía peores: como durante la guerra no quedan hombres en Inglaterra, habilitan la policía femenina y el fútbol femenino. Pero cuando termina el conflicto, el gobierno británico decide que las mujeres no pueden ser más policías ni jugar al fútbol. Hay temas en torno a la guerra que son decididos por tipos que jamás mueren en una guerra.

En la Operación Chariot, muchos de los comandos, además de ser muy jóvenes, no tenían trabajo. Se alistaron en el ejército por el sueldo. Muchos, antes de la guerra, eran nazis. 

¿Por qué? Porque el nazismo había conseguido pleno empleo y en Gran Bretaña la desocupación era alta. Los que pierden en la guerra siempre son los mismos y los que ganan también, independientemente de la victoria en sí.


Fuente: Periodista Horacio Convertini -Autor de la entrevista – 

Periódico Clarín – Revista Viva -01/11/2020

3 comentarios sobre “La idea de Patria tiene algo oscuro.

    1. Muchas gracias Ana; por pasar y leerme. Desconocemos mucho mas de lo que creemos…y así seguirá la historia, narrada de acuerdo a las creencias e ideología del observador. Un cálido saludo.

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