El hombre…siempre victimario.

Era a mediados del siglo XIX y ella
poseía tal maravillosa belleza
que parecía no una joven de alcurnia,
era un ángel que había descendido
de los cielos para sentirse halagada.

Su nombre Felicitas, hija de Guerrero
siendo su madre Reizig Ruano,
descendiente de los Hamburgo
aquellos del Imperio Germánico,
de los que sus monstruosas tumbas
son objeto de visitas en la ciudad de Viena.

Felicitas fue casada obligada por su padre
con un amigo a sabiendas de aquel,
que ese hombre tenía cincuenta años
y ella solo dieciocho puros de inocencia,
solo lo motivaba que ese tal Alzaga
era inmensamente rico y esa unión,
le venía a la familia como anillo al dedo.

Con dolor Felicitas aceptó el mandato,
como castigo del cielo parió y perdió
a sus dos hijos varones el último,
al día siguiente de que muriera su padre.

Se convirtió así en una hermosa viuda
y dueña de una inmensa fortuna
con miles de hectáreas de tierras
en Buenos Aires todas ellas radicadas.

Resultaba una obviedad que rondaran
pretendientes cercando a la bella viuda,
uno de ellos de apellido Ocampo
de reconocida familia por su renombre
en la sociedad porteña de aquella época.

Felicitas solo mantenía con el
una relación a distancia y amistosa.

Una tarde paseando por uno de sus campos
“La postrera” una feroz tormenta la atemorizo,
de casualidad apareció un jinete que la tranquilizo
era un tal Saenz Valiente joven estanciero,
y Cupido apareció provocando el mutuo flechazo.

Así fue que anunciaron plenos de felicidad
su compromiso invitando a la celebración,
en la casa de descanso que los Guerrero
poseían en la suntuosa casona de Barracas.

El mismo día de su matrimonio Felicitas
salió y al volver supo que ya estaban los invitados,
subió rápido para cambiarse pero le avisaron
que el tal Ocampo quería conversar con ella,
y solo en privado unos minutos esperándola
en la recepción de la casona, ella dudo de ir
pero saludó a algunos invitados e inocente
se dirigió hacia Ocampo que estallo enardecido,
le pregunto con quien iba a contraer matrimonio
con el o con el arribista Samuel Saenz Valente.

Felicitas no dudo y con firmeza le dio su decisión,
viendo que Ocampo sacaba un arma trató de huir
pero recibió un disparo por la espalda el que produjo
una herida en su omoplato por lo cual agonizo,
muriendo en la madrugada después Ocampo se suicidó
a pesar que otros, dicen que familiares lo mataron.

Felicitas Guerrero sólo tenía veinticuatro años,
era la primera vez que realmente estaba enamorada,
por remordimientos sus padres desconsolados
mandaron a construir la Iglesia de Santa Felicitas
en el mismo lugar en que perdió su vida….

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