Ella

Tu mirada desafiante inhibe a algunos
a otros los invita a seducirte para confirmar
que se encuentra debajo de esa mirada,
si una distancia autoimpuesta por viejas heridas
o invitar a quien consideres un verdadero hombre
que se atreva a demostrar poder merecerte.

Eres ángel y demonio a la vez, cual amazona
que alienta palabras de amor casi secretas
e inaudibles en las voces de los hombres
que te ven pasar por el angosto callejón,
donde ellos exhalan suspiros de sorpresa
sentados en las mesas de los bodegones,
para admirarte no solo al verte llegar
con tu andar en que parecieras no pisar
el pequeño empedrado de ese viejo piso
en ese rincón de San Telmo, reducto de hombres
que disfrutan tu silueta como diosa inalcanzable.

Han sido unos veinte metros, nadie lo ha intentado
por primera vez bajas tu mirada altiva y me miras,
hago lo mismo señalando la silla frente a mi,
te sientas cruzas tus piernas y el rumor me llega.


Sonríes y solo me preguntas
-¿Has esperado mucho tiempo, amor?-

2 comentarios sobre “Ella

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