La decisión

Estaba sintiéndose fantásticamente, luego de la posibilidad de irse hacia el Sur, ante la propuesta que le hiciera una corporación petroquímica de enorme relevancia en el país. Ocuparía el cargo de superintendente de Recursos Humanos  y se constituirá según le habían dicho en un hombre público dentro de la ciudad de Bahía Blanca, ya que debía participar en todo acto político que pudiera organizar el intendente de turno.

Ya a los cuarenta años, tenía una dilatada trayectoria laboral en puestos de jefatura y gerenciales diferenciándose de sus colegas, porque ponía siempre al trabajador o a la trabajadora en primer lugar, no por simple demagogia sino porque profundamente estaba convencido de que las relaciones interpersonales, debían desarrollarse en un marco de mutuo respeto y consideraba que la empresa de alguna manera tenía que conectarse con la familia de cada colaborador, ora recordando su cumpleaños con una tarjeta de salutación; o con los regalos acordes a fechas festivas tales como el día del Niño o por las fiestas Navideñas; o los años en la empresa que desde los cinco años cumplia todo empleado. Tal es así, que aquel que estaba cerca de sus bodas de plata en la empresa, ya tenía asegurado un viaje para dos personas a cualquier lugar del país, con todos los gastos pagos durante una semana.

Era tan obsesivo en la colaboración recíproca, que desarrolló los estatutos de una cooperativa sin fines de lucro, en la que participaba todo el personal, sin distinción de rango o jerarquía, para la realización de actividades deportivas y sociales, destacándose entre estas últimas los alimentos no perecederos elegidos por la mayoría del personal, que se compraban mensualmente a precios mayoristas, lo que generaba una sensible mejora en cada economía familiar. Los bolsones luego se distribuían a través de los vehículos que la empresa ponía a disposición sin cargo alguno.

No se encontraba incómodo en la empresa que había ingresado hacía ya dieciséis años, pero pensaba que había cumplido un ciclo y deseaba para su familia, un mejor pasar económico.

Ya había realizado en la nueva Corporación innumerables entrevistas; así como los más complejos test psicotécnicos, superandolos con éxito. 

El gerente general del área, de apellido Turner había mostrado una sorpresiva empatia con el desde el primer momento en que se conocieron. Turner, en la casa central del grupo en la ciudad de Buenos Aires sería su jefe inmediato y a una distancia de aproximadamente 700 kilómetros. 

Como todo cambio -quizás no sólo pesaron los años que llevaba en la empresa- en el mes previo a su partida, le informó a la Dirección de su alejamiento. En aquel momento; los dos o tres ejecutivos de la alta dirección no hicieron otra cosa que reunirse con él, para que no se alejara de la manufacturera autopartista.

Entre todos esos tirones pensó en su madre, ya mayor con la que por ser el menor de cuatro hermanos, mantenía una relación edípica al revés -su madre “le hacía sentir que necesitaba siempre de él, cualquiera fuera la situación”; su esposa y sus hijos de 10, 9 y 5 años, el hecho de que había retornado a la Universidad de Buenos Aires…entre otras tantas cosas.

Por el contrario, había deseado siempre alejarse de la ciudad de Buenos Aires a pesar de haber nacido en ella. Quería respirar en un ambiente, en donde las personas serían quizás más solidarias entre sí. Sumaba a ello, las entrevistas con Turner quien lo “animaba”, diciéndole que los fines de semana podía irse a los campos que tenía la empresa, en los alrededores de la ciudad a comerse un “asadito” con la familia o meramente a pasear y divertirse con los niños.

Ya faltaban unos 10 días; cuando lo llamó Turner diciendo que ambos partían desde el aeroparque de Buenos Aires hacia Bahía Blanca, dándole la fecha y hora de embarque. Sería su presentación con el personal jerárquico de la planta, con la que sería su secretaria, como asimismo con los delegados gremiales de la comisión interna del personal. Sería una visita de reconocimiento, para luego coordinar la búsqueda de una vivienda para la familia y programar su arribo definitivo a la planta industrial.

Se noto muy ansioso; nervioso. No por el desafío, todo lo contrario. Si no por lo que dejaba. El lunes anterior a su partida, le avisaron que había sido convocado por uno de los Directores de la empresa en la que aún se desempeñaba en la Casa Central. Subió a su auto y en unos treinta minutos estaba allí. Se anunció y le informaron que subiera a su despacho.

El Director lo recibió con una gran sonrisa y un fuerte apretón de manos, invitándolo a sentarse. Luego de conversar algunas trivialidades, aquel fue directo al grano; se negaba a dejarlo partir y le ofreció ser parte de la Dirección en menos de un año, con un aumento significativo en su salario desde ese mismo momento. El aún joven ejecutivo sorprendido pensó hacia adentro – “que gratificante hubiera sido que me lo dijera antes de enterarse de que me iría de la empresa”- Le respondió que le diera 24 horas, era un tema tan importante que necesitaba hablarlo con su esposa, a lo que el otro accedió. Por otro lado, ya no tenía manera de dar marcha atrás al viaje con Turner a la ciudad de Bahía Blanca. Se sintió ahogado, como si le faltara el aire. Si ya fumaba demasiado; ese último mes había resultado caótico.

LLegó a su casa; conversó con su esposa y esta le dijo que solo él debía decidirlo.

El lunes a las 7 AM tomó un taxi y se dirigió al aeroparque Jorge Newbery. Vio a Turner en la cercanía del embarque que lo esperaba con una sonrisa, haciéndole una seña para que se acercara. Así lo hizo, estrecho su mano y simplemente le dijo;

  • Señor Turner; no se como disculparme pero desisto de la posición y no viajaré con Ud.,hoy.-
  • Turner dudo unos segundos, su rostro se notaba rígido y serio, solo le atino a contestar; no se preocupe, a mi me sucedio una vez pero en aquel momento decidí pensando en dónde estaba y adonde iba…-

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