Y algo debiamos hacer…

Fue un sonido suave…como alguien deslizándose
por la fina arena de la playa cercana al parador,
noche abierta más que clara por una luna llena y mire
a mi alrededor pensando en esas divertidas saltarinas,
ranas divertidas que se adherían a donde se les ocurriera

Pero no, ni divise a las ranas ni siquiera a alguna iguana
que bien podría estar buscando su alimento en la arena,
me acerqué al dueño del parador para saber si lo escuchaba,
atento me dijo sí, parece que proviene de la caseta de arriba”.

La denominada “caseta” era en el día, el lugar del guardavida
tome mi linterna y extrañado me dirigí hacia allí sigiloso,
como alguien que investiga algo muy serio para cerrar el día,
el sonido se hacia mas audible al acercarme ya podía presentir
que no era de animal alguno, eran voces tenues como en susurro.

Sentí vergüenza por la situación, que tenía que hacer yo ahí
interrumpiendo una cita de amor de jóvenes en busca de placer,
solo estaba a un metro de la puerta cuando se abrió de golpe
-Hola Juan!! ¡Te esperamos! Te vimos desde aquí, en el parador-

Conociéndote curioso como eres, le dije a los muchachos
“comencemos” con la rueda del mate que se acercara solo,
sabes, cambiamos el lugar por estos insufribles protocolos
aquí haremos el “pica-pica” del truco por unos pesos
como todas las noches en este jodido pueblo costero,
donde es tanta la gente que lo habita que cabe en un cuarto.

Eso sí Juan; con barbijo, distancia y alcohol en gel…

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