Disciplina poco conocida. Personajes.

Fue cuarta y octava en los dos mundiales en los que participó y medalla de oro en un Panamericano de Apnea Indoor. “Esa vez, en una competencia en Puerto Madryn, me sumergí en un mar frío y cada vez más oscuro”, cuenta. Y ganó.

Su hermana Eloísa, profesora de educación física y psicopedagoga, es su entrenadora. “Sólo nosotras sabemos por lo que pasamos para crecer en este deporte”, dice Ludmila al recordar obstáculos.

“Nunca me quedé de brazos cruzados, aprendí a autogestionarme. Buscar patrocinios fue una maratón aparte que muchas veces me hizo llegar desgastada a competencias o hasta a llorar bajo el agua en los entrenamientos. Pero eso hizo todo más valioso. Permanecer a pesar de eso, es mi mayor logro.”

-¿Cuál sentís que es tu lugar como referente de un deporte poco difundido?

-Es que para mí la apnea no es sólo un deporte: el día que deje de competir, seguiré eligiendo ese lugar subacuático que espero disfrutar hasta que sea viejita, porque no puedo vivir sin eso. Y, por otro lado, necesito humanizar lo deportivo, quitarle el exitismo y que no se reduzca solo al asombro ante un número, porque sino la cosa se vuelve muy vacía.

De hecho, además de competir y ser entrenadora, varias veces mostraste un lado estético con la apnea.

-En el arte encontré ese sentido que señalaba. Tuve la oportunidad de protagonizar el cortometraje Turn On, grabado en aguas rionegrinas, frías (8°C), sin uso de neopreno ni protección térmica en la cabeza. Incluso con escenas desnuda cerca de lobos marinos.

Las sesiones duraban media hora con apneas breves, en exhalación y a cierta profundidad, con el riesgo de hipotermia. Tardaba horas en recuperarme. Nadie imagina lo que mi cuerpo toleró en esos días. Yo aún no entiendo cómo lo hice. Sentía que el cerebro se congelaba y que el cráneo me iba a explotar. Pero lo decidimos así para dar un mensaje implícito acerca del respeto y el cuidado de nuestro entorno, y a la vez reflejar una actitud proactiva sobre ello.


Pero lo decidimos así para dar un mensaje implícito acerca del respeto y el cuidado de nuestro entorno, y a la vez reflejar una interacción natural, despojada de comodidades, como metáfora del momento en que decidimos afrontar miedos, bucear en ellos, encontrarnos con nuestras limitaciones y superarlas. Y todo lo hicimos a pulmón: un equipo de cuatro personas integrado por Laura Babahekian (directora y camarógrafa), Tony y Marcos Brochado (logística y seguridad) y yo.

-¿Cómo manejás la mente para que los miedos y demás pensamientos negativos no te jueguen en contra mientras te sumergís?

-El miedo es primitivo y necesario: lo hagamos como deporte o juego, nuestro cerebro solo interpreta que es una situación de supervivencia y actúa en consecuencia. Pero no manejo la mente, ni anulo pensamientos negativos ni miedos: los ordeno, aprendí a transitarlos si aparecen.

Lo que nos puede jugar en contra no son los pensamientos en sí, sino las reacciones fisiológicas que pueden generar: hasta un recuerdo bonito nos puede alterar la fase calma de la apnea, por eso el estado ideal sería conectarnos con el aquí y ahora.

El mejor entrenamiento para la mente es ir a la pileta y hacer, hacer a pesar de cualquier circunstancia.

No ponerla en un lugar ideal, sino todo lo contrario: atravesar ese remolino de emociones también es parte del juego.

Siempre hay una vocecita que me dice “huí” y otra: “hoy te convertís en héroe”, y las dos son necesarias.

Es una tríada mental-física-fisiológica en la que el todo es más que la suma de las partes. Y siempre voluntad, constancia y decisión.

:Me gustaría hacer apnea bajo hielo y sin neopreno, que es mi máximo sueño.Ludmila Brzozowski, campeona de apnea deportiva”

Mundo aparte

-¿Cuál es tu concepto del tiempo bajo el agua?

-Lo mejor y más difícil es olvidarse del tiempo. Aprendí a no ser esclava del reloj y a vivir mi propio tiempo, medirlo por las reacciones de mi cuerpo.

De tanto hacerlo pasar por la misma huella, ya sé cuánto tiempo aproximado llevo bajo el agua sin ver el reloj.

Su hermana Eloísa, profesora de educación física y psicopedagoga, es su entrenadora. “Sólo nosotras sabemos por lo que pasamos para crecer en este deporte”, dice Ludmila al recordar obstáculos.

“Nunca me quedé de brazos cruzados, aprendí a autogestionarme.

Buscar patrocinios fue una maratón aparte que muchas veces me hizo llegar desgastada a competencias o hasta a llorar bajo el agua en los entrenamientos.

Pero eso hizo todo más valioso. Permanecer a pesar de eso, es mi mayor logro.”

-¿Cuál sentís que es tu lugar como referente de un deporte poco difundido?

-Es que para mí la apnea no es sólo un deporte: el día que deje de competir, seguiré eligiendo ese lugar subacuático que espero disfrutar hasta que sea viejita, porque no puedo vivir sin eso.

Y, por otro lado, necesito humanizar lo deportivo, quitarle el exitismo y que no se reduzca solo al asombro ante un número, porque sino la cosa se vuelve muy vacía.

De hecho, además de competir y ser entrenadora, varias veces mostraste un lado estético con la apnea.

-En el arte encontré ese sentido que señalaba. Tuve la oportunidad de protagonizar el cortometraje Turn On, grabado en aguas rionegrinas, frías (8°C), sin uso de neopreno ni protección térmica en la cabeza. Incluso con escenas desnuda cerca de lobos marinos.

Las sesiones duraban media hora con apneas breves, en exhalación y a cierta profundidad, con el riesgo de hipotermia.

Tardaba horas en recuperarme. Nadie imagina lo que mi cuerpo toleró en esos días.

Yo aún no entiendo cómo lo hice. Sentía que el cerebro se congelaba y que el cráneo me iba a explotar.

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