Una disciplina poco conocida. Personajes. Final.

Que te permitió este deporte desde lo social?

-Siempre fui muy solitaria, nómade y desapegada de lo social. Pero con la apnea mi mundo se enriqueció, porque conocí a personas increíbles.
No me refiero a la magnitud de lo que hacen, sino a la pasión con la que hacen. No todos apneístas.
También deportistas de otros ámbitos, artistas, fotógrafos subacuáticos, documentalistas, gente común haciendo cosas extraordinarias
 
Personas que antes solo podía ver en un documental, por ejemplo, de pronto se convirtieron en una amistad, en una charla, en un abrazo, en un rival deportivo, hasta en alumnos de mis cursos.

Todos me inspiran a seguir creyendo que es posible, sin perder la esencia y humanidad.

¿El no respirar bajo el agua requiere más sufrimiento o alegría?

-No lo mido en términos de sufrimiento o alegría sino como la posibilidad de vivir algo único.

Tiene su cuota de estrés: por más que sea un disfrute personal, es una exigencia antinatural. Por eso es necesario encontrar la armonía, prepararse gradualmente, no improvisar, tener objetivos claros.

Aprendí a convivir con ratos de paz y otros de lucha interna.

Lo que me atrae es el agua, esa soledad y silencio abismal, el sentirme rodeada de esa inmensidad líquida que me impregna los sentidos.

De hecho, en competencias mundiales de piscina he sido la única con malla, en vez de un neopreno que ayuda a deslizar más, con lo cual podría haber hecho más metros.

Pero en ese momento tenía la convicción de que el logro tenía que ser así, del modo más natural, y sintiendo el agua en la piel.

¿Qué se siente al salir del agua y volver a respirar?

-Alivio, la sangre vuelve a su curso normal, pero también aparece una inmediata nostalgia que me hace querer volver.

Y si es competencia, la cabeza tiene que estar atenta a reglas.

Después hay tiempo para pensar en lo que sea: en mi caso, mi familia.

Pero lo más difícil es el antes: ahí es donde se pone a prueba la templanza. La apnea es un deporte atípico, donde necesitamos bajar las pulsaciones.

La apnea es un deporte atípico, donde necesitamos bajar las pulsaciones cardíacas, evitar la descarga de adrenalina y tener mucho autocontrol.

Para que te des una idea: en la apnea deportiva no tenemos un “en sus marcas, listos, ya”.

El día anterior nos dan el orden de partida, que es lo que se llama “official top”.

Tres minutos antes, ya podemos ingresar a nuestro espacio de competencia y el juez empieza un conteo regresivo.

Cuando llega al 0, que es el top oficial, inicia otro conteo de 30 segundos, que es la ventana de tiempo en que podemos sumergirnos y empezar nuestra apnea. Por eso, es mucho más que “aguantar la respiración”.

-¿Hasta dónde querés llegar?

Ahora que comencé a competir en apnea en profundidad, quiero seguir descendiendo más profundo en otros mares y cruzarme con animales en su estado natural, libres ellos y libres yo, en apnea. Ya lo hice con lobos marinos, delfines, ballenas y pingüinos y fue inolvidable.

También me gustaría hacer apnea bajo hielo y sin neopreno, que es mi máximo sueño.

Hacerlo en algún sitio de nuestro sur argentino, mostrarle al mundo que aquí también queremos intentarlo, porque hay una tendencia a hacerlo en regiones frías de Europa.

Tengo la voluntad para entrenar e intentarlo, pero la logística es muy costosa y debería tener un equipo humano muy completo.

Bueno, menos mal que no sos friolenta…

-¡¿Qué?! Soy el ser más friolento del mundo.

Fuente: Periódico Clarín. Revista Viva
Entrevista: Alejandro Duchini

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