Mi primer automovil…

Hoy sábado, ha sido un día muy especial. Hace un tiempo; mi hija mayor creyendo como siempre que quien escribe, siempre tiene las respuestas a todas las preguntas -a pesar de reiterarle una y otra vez, que cada día que pasa, sigo aprendiendo además de sorprenderme por no solo, lo que sucede en mi querida Argentina, sino en el mundo libre-

Tanto ella como su esposo, deseaban comprar su primer automóvil -obviamente usado, ya que los precios de los 0 km. son inalcanzables no sólo para ellos -maestros de escuela-; sino para la mayoría de la clase media argentina “hoy sufriendo enormemente los efectos económicos de la pandemia”.

Buscaron y buscaron por Internet, en sitios dedicados a la compra venta de automóviles y dentro de su humilde y esforzado presupuesto; me comentaron si de ver alguno que les resultará interesante, los acompañaba y les diera mi opinión. Sorprendido; le recordé a mi querida hija que mi profesión no era la de mecánico automotor y solo contaba con la experiencia de vida, de haber vivido situaciones similares, aprendiendo aquello que debía observar antes de cerrar cualquier operación de compra.

Los pase a buscar a su casa; y ansiosos como esperando la llegada de “Papá Noel” me indicaron donde se encontraban dos automóviles que debíamos observar para decidir por si o por no.

A 7 kilómetros llegamos a donde un tal Juan Pablo, tenía un automóvil para vender dentro del presupuesto con el que contaban.

Ya les habia comentado el cuidado que se debía tener en el mercado de compra venta de usados, ya que generalmente quien se dedica a ese rubro -excepciones, mediante- resultan ser verdaderos “piratas” quienes se ocupan de “maquillar” el producto, o les tocan el  velocimetro bajando el número de kilómetros rodados, entre otros trucos.

Aquí; luego de observar el auto sin la presencia del vendedor, observando múltiples detalles que los hicieron desistir de comprarlo; igualmente les dije que llamaran al vendedor quien al llegar y pedirle que pusiera en marcha el vehículo, irrisoriamente demostró que como  “pirata” quedó al descubierto en ese mismo instante, por el descomunal hecho de que no pudo hacer arrancar el motor, justificándose de que la batería no funcionaba (SIC).

Nos miramos sorprendidos y partimos raudamente, no sin antes saludarlo. Tan impresentable fue la situación que aun sonrió, al escribir estas líneas.

Realmente el vendedor resultó ser un verdadero “chanta” (1).

Proseguimos al segundo punto del recorrido, más o menos a dos kilómetros, donde una persona vendía un auto con algunos años encima afirmando que era el titular.

Al llegar, se presentó rápidamente – previamente vimos el automóvil y dentro del uso y años que tenía, se veía bien parado.- Abrió las puertas del vehículo y puso en marcha el motor, coteje si por el caño de escape “fumaba o largaba aceite”, observe algún óxido en el baúl y que tenía algunos arreglos de chapa. Pero en líneas generales; por el dinero del que disponían era como para hacer una reserva , negociando una baja de precio.

Así lo hicieron; y ambos -mi hija principalmente- quedaron contentos como si en este caso hubiera pasado realmente “Papá Noel” y dejado el automóvil de regalo.

La alegría de ellos, es mi alegría. Un pequeño sueño cumplido, siempre es importante.

Ahora comienza el tema del papeleo burocrático.

Y quizás; mi querida hija que tiene que andar de bus en bus en estos tiempos de pandemia, pueda ir con su “autito”.

(1) Chanta:Que presume de tener algo, especialmente una capacidad, un conocimiento o un poder, que en realidad no posee.

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