Una palabra por 30 días.

Hoy: Huella Palabras: 457

Los vecinos sabían que Julián; al que siempre habían conocido como el “chico bueno y alegre del barrio”, quien era hijo de profesionales -el padre, médico; la madre, psicóloga- se había destacado durante todos sus años de estudio en la escuela primaria de manera tal, que siempre fue elegido como escolta o abanderado en todo acto de conmemoración de una fecha patria, por sus excelentes notas y alto concepto que tuvieron de él, sus maestros.


Finalizó la escuela e ingresó al Colegio Nacional Buenos Aires, luego de dar su examen de ingreso con una calificación de 10. Era previsible; que alguien que siempre tenía como objetivo principal el estudio y luego todo lo demás, no tuviera obstáculo alguno para ingresar al afamado colegio, preámbulo de la Universidad de Buenos Aires.


Los primeros años en Buenos Aires fueron excelentes, tanto para sus padres como para toda la familia -Julián, tenía tres hermanas, siendo el mayor de los cuatro-. Tal así fue; que su padre considero que un reconocimiento por su esfuerzo debía hacerse y consultando con su esposa; a sabiendas que tenían familiares en Miami, decidieron regalarle un pasaje a la Florida, no solo para ver los Parques Temáticos de Disney en Orlando y tantos otros, sino para que conociera el estilo de vida estadounidense, convencidos también que sería de mucha utilidad para profundizar la fluidez del idioma inglés, que ya poseía Julián.


Con la alegría de su primer viaje en solitario, fuera del país Julian comenzó a comunicarse con sus primos en Miami, como antesala a su llegada allí. Les preguntaba sobre todo aquello que le interesaba; tanto como de arte y cultura, hasta cómo era la composición de la sociedad norteamericana y su posición ante la discriminación. Obviamente; sus primos les respondieron lo que ellos pensaban, pero no la realidad en la cual vivían -ya que el contacto entre familias era muy esporádico- 


Partió hacia Miami un 6 de enero, época de temporada baja en la Florida pero alta para los argentinos, ávidos siempre de realizar compras en la ciudad del sur de los EE.UU.

Al llegar solo, su paso por seguridad aeroportuaria no fue una alegre bienvenida, ya que a pesar de los escáner, sus maletas hubo de abrirlas, mientras personal de seguridad revolvía todo su contenido. La familia lo esperaba con un gran cartel; que decía “Bienvenido primo Julián”, y así fue que los reconoció.

Del aeropuerto lo alojaron en la casa de una de sus tías, que vivía en las afueras de Miami, en un condominio llamado Wynwood.


Los familiares de allí no habían recibido visita alguna de la Argentina en años, pero la estadía de Julian allí dejó una huella difícil de olvidar, porque se adaptó rápidamente haciéndose querer por todos ellos.

2 comentarios sobre “Una palabra por 30 días.

  1. ¡Qué bonita historia! Muchas gracias por participar en el reto “Una palabra por 30 días”. Espero que la experiencia del protagonista en EE.UU. haya sido tan enriquecedora como esperaba. Su paso por el aeropuerto me ha recordado mis propias peripecias en mis viajes más allá del Charco. ¡Un relato fantástico, felicidades! Un saludo.

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