Mi adorable y prejuicioso País. II

No obstante; la decadencia política y social argentina según historiadores y expertos en la materia, comienza desde la aparición de la segunda Revolución Industrial, con la colaboración de una oligarquía terrateniente y dueña de la tierras -obviamente masacrando o esclavizando a los pueblos originarios- a través de la abominable “Conquista del Desierto” al mando del general Julio A. Roca (1) -quien merecería un capítulo fuera del presente, por su personalidad altamente afectada, por patologías neurológicas e intereses foráneos y de la elite porteña(2)- , cuyas raíces tienen su origen generalmente en las antiguas familias patricias , las que solo en algunos casos realizaron su reconversión hacia la industria, en los albores de la década del 30 del Siglo XX.


En la historia de los últimos ciento sesenta años; la Argentina pasó desde su nacimiento como nación, a su apogeo, confundiéndose con los países más avanzados de la tierra, para entrar luego en declinación hacia su perigeo.


Siguiendo con la metáfora, ¿estará la Argentina cerca del perigeo para encarar un nuevo ciclo de apogeo? ¿O no habrá perigeo y sólo resta el descarrilamiento de la órbita y su desaparición del mundo de las naciones significativas? 


Enigma inextricable, no sólo para entrever su futuro, sino para descifrar su pasado. La decadencia no es una contingencia; la crisis sí lo es.


Contingencia y estado coexisten en dos planos distintos de la conciencia. El primer plano es lo sensorial inmediato; el segundo lo intelectivo o categórico. El estado normal de las sociedades modernas, a partir de la revolución industrial, ha sido el crecimiento, que en su plenitud se conoce como desarrollo.


Este fenómeno ha sido objeto de todo tipo de teorías económicas, sociológicas y políticas.


Pero la decadencia es un estado anormal, excepcional, razón por la que no ha recibido la misma atención académica o tratamiento teórico que el estado normal.


La decadencia suele no percibirse por los connacionales sino como crisis, por lo que resulta muy difícil encarar su solución cuando se lo hace con los métodos de éste. Se intenta analizar la dinámica de este proceso de decadencia que ya lleva casi 80 años. Una verdadera patología sin un diagnóstico compartido y como tal, de pronóstico incierto.


En un sistema democrático electivo, se hace indispensable que la sociedad perciba sus problemas reales para que el cuerpo social pueda realizar el aprendizaje que implica todo proceso de evolución.


Pueden identificarse las causas de la decadencia, que desde ya son múltiples. Pero una vez instalada, es decir cuando adquiere condición de estado, las causas difícilmente pueden ser identificadas desde dentro mismo de la sociedad decadente.

Es lo que Durkheim  llama “egocentrismo” que, en las ciencias sociales, se considera como una de las mayores dificultades para la investigación.


Once constataciones


En la Argentina se constata, sin necesidad de referirnos a estudios concretos, no porque no los haya, sino porque surge de la simple observación:


1. Decrecimiento económico relativo en el período de los últimos 80 años en el entorno regional o de conjuntos más amplios de países comparables.


2. Desmejoramiento, en el largo plazo, de indicadores sociales tales como educación, salud, vivienda, considerados como indicadores de tendencia pesada, es decir de lenta reversión, además del deterioro de los equipamientos que prestan esos servicios.


3. Crecimiento de villas de emergencia y tendencia de incremento de la pobreza en el largo plazo, contrariando la tendencia que se registra en el conjunto de América Latina.


4. Inexistencia de planes de largo plazo en infraestructura física y de políticas de Estado que les den continuidad.


5. Desmejoramiento progresivo de la oferta de servicios públicos en sectores base de la economía por deterioro de todas las infraestructuras económicas básicas: ferrocarriles, carreteras, equipamiento eléctrico en centrales, redes de distribución y transmisión, agotamiento de reservas hidrocarburíferas y pérdida del autoabastecimiento de petróleo y gas.


6. Permanente recambio en los cuadros administrativos y técnicos de la administración pública, disolviendo y degradando la capacidad de una necesaria burocracia estatal estable e idónea, que acumula conocimiento a través del aprendizaje.


7. Avasallamiento institucional cada vez que un nuevo turno de gobierno asume la administración, como si se tratara de un nuevo fundador de la Nación Argentina, denostando todo lo realizado por el turno anterior y destruyendo toda continuidad. La institucionalidad también es un capital que se va construyendo y mejorando con experiencia acumulada en un proceso de aprendizaje de las instituciones.


8. Fuga de capitales a lo largo del período de 70 años en forma permanente, impulsada por crisis terminales aproximadamente cada diez años con mega-devaluaciones que significaron pérdidas patrimoniales gigantescas del trabajo acumulado de los argentinos.


9. Fuga de cerebros de los centros de investigación públicos y privados y de las empresas.


10. Stock de ahorro en el exterior de ciudadanos o empresas nacionales superior a la deuda externa y algunos años en el orden de magnitud de nuestro PBI. Ha sido la actitud de una sociedad que debió defenderse de su enemigo más peligroso: el Estado Nacional, como lo había advertido Alberdi(1) hace 160 años.


11. Dilución y progresiva desaparición de grandes empresas nacionales privadas representativas de una cultura empresarial nacional.


Los tres primeros aspectos son representativos de un deterioro relativo del estándar de vida de la población, los siguientes de una claudicación de las obligaciones del Estado y las últimas,de la pérdida del factor más dinámico del crecimiento: el interés de los ahorristas, inversores privados y empresarios en su propio país.


Este último es el síntoma más claro de la decadencia de esta nación. No escapa a ningún observador sagaz que de la sola enumeración de estos factores surge la idea de un marcado retroceso, el riesgo de no retorno y que un cambio consistente en una simple corrección de variables económicas, sin un dramático cambio del contexto institucional, normativo y axiológico para restituir el andamiaje de la confianza en la nación, no es suficiente para revertir esta tendencia.


En pos de la brevedad, dejaré para otra entrega el análisis de los periodos en donde la Argentina, con injerencia externa y sus socios apátridas internos, fue llevada a ingresar en un tobogán declinante en el que nadie, se esforzó lo suficiente por hacer pie
, incluyendo a nuestra sociedad a la que solo le interesa sus propios intereses individuales, invisibilizando el colectivo del que forman parte.


Me propongo redondear en la próxima entrega; que será además la última, los puntos de coincidencia en el marco pandémico-económico actual, con aquello que he relatado anteriormente y que se produce desde hace un larguísimo tiempo.

Voy a cerrar el presente, con algo sumamente significativo que refuerza el sentido de Nación.


En la mayoría de los argentinos, persiste la creencia o visibilidad ciega, de creerse superiores a cualquier hermano latinoamericano, anteponiendo como justificación que nuestra Nación es el resultado de un crisol de razas, en que la mayoria de los inmigrantes llegaron a nuestro país desde Europa y por ello, es que el sentido de Patria en la mayoría de nuestra sociedad, es como si su significado fuera algo etéreo y no verderamente su pertenencia.

Algo totalmente contrario; a la mayoría de las sociedades iberoamericanas, en donde el sentimiento nacionalista esta profundamente arraigado; aun en aquellos en donde la población no puede ejercer libremente sus derechos humanos.

Continuará…

1)Roca Alejo Julio Argentino – (político, militar y estadista argentino que sirvió como presidente de la Nación Argentina desde 1880 hasta el 1886 y desde el 1898 hasta el año 1904).


2) porteña: originario/a o radicado en la Ciudad de Buenos Aires.


3) Alberdi, Juan Bautista – (abogado, jurista, economista, político, diplomático, pacifista, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución argentina de 1853).​​​ 


FUENTE: Quien escribe; con los valiosos aportes de la obra  “LA DECADENCIA ARGENTINA” de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

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