TESOROS DE LA ARQUEOLOGÍA

Las 10 joyas arqueológicas imprescindibles del museo arqueológico nacional.

El Museo Arqueológico Nacional (MAN) alberga tantas piezas excepcionales que no cabrían en una lista completa. Por esto hemos preparado esta selección con 10 joyas que no pueden faltar en una visita a este museo madrileño.

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El tesoro de la Aliseda

Un impresionante conjunto de joyas y otros enseres del siglo VII o VI a.C. pertenecientes a la cultura tartésica, una de las primeras civilizaciones de la península Ibérica. Se cree que fue el ajuar funerario de una mujer de la élite, ya que hay varios adornos personales femeninos y están fabricados con materiales preciosos como el oro. Resulta interesante en ellos la influencia orientalizante, fruto del contacto con la cultura fenicia.

La Dama de Baza

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Baza

Esta urna funeraria del siglo IV a.C. representa a una dama de la aristocracia ibera. Además de la información que da sobre la vestimenta de la élite, resulta especialmente valiosa por la representación de los símbolos de esta cultura, como el pichon, que representa el nexo entre la mujer y la divinidad. La urna va acompañada de un ajuar compuesto por panoplias de un guerrero, una representación de las luchas que se celebraban en las honras fúnebres, algo que también da pistas sobre los rituales funerarios y la influencia de la cultura fenicia.

La Dama de Elche

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Elche

Seguramente una de las piezas arqueológicas más famosas de la cultura íbera, la Dama de Elche está datada en los siglos V o IV a.C. y representa el busto de una mujer de la aristocracia. Una oquedad en la espalda sugiere un uso como urna funeraria, mientras que el gran detalle de las facciones y del tocado que luce podría interpretarse como una especie de divinización de la difunta. La delicada factura de los adornos apuntan a un alto estatus y al comercio de bienes de lujo con otros pueblos del Mediterráneo.

El monumento de Pozo Moro

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Ángel Martínez Levas

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El monumento de Pozo Moro

Este impresionante monumento funerario de la cultura íbera consta de sillares de piedra arenisca dispuestos en forma de torre, acompañados de estatuas de leones y relieves de los que se conservan fragmentos. El monumento, del siglo VI a.C., es un magnífico ejemplo de mestizaje cultural: los relieves representan escenas que se han asociado con la historia del héroe Heracles, mientras que los leones son un símbolo muy presente en las culturas del Oriente Próximo antiguo.

Los toros de Costitx

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Lorenzo Plana.

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Los toros de Costitx

Estas tres cabezas de toro fabricadas con bronce, entre los siglos V y III a.C., son un ejemplo exquisito de la artesanía de la cultura talayótica, nativa de las islas Baleares. Se encontraron en el santuario de son Corró (Mallorca), por lo que han sido interpretadas como la representación de una divinidad. El toro era un animal venerado por varias culturas prehistóricas del Mediterráneo como un símbolo de fuerza, vitalidad y fertilidad.

Las estatuas de Livia y Tiberio

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Gabriel López Pérez

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Las estatuas de Livia y Tiberio

Colocadas en el patio romano del museo, esta pareja de estatuas de mármol representan a Livia Drusila, esposa del emperador Augusto, y su sucesor Tiberio, hijo de la primera. Durante la época del Imperio Romano, este tipo de efigies tenían una gran importancia política como representación del poder, especialmente en territorios de frontera donde la institución imperial era percibida como algo lejano. El hecho de que una mujer como Livia tuviera una estatua que la ponía a la par con el emperador demuestra el gran poder que ostentó en vida.

La sala de los mosaicos romanos

Museo Arqueológico Nacional. 

Foto: Gabriel López Pérez (www.fotoespacios.com)

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La sala de los mosaicos romanos

Los magníficos mosaicos que adornan las salas de la colección romana son una de las grandes joyas de esta sección del museo. Proceden de diversas villas de la antigua Hispania y dan una buena idea de los ambientes en los que vivía la élite. Los mosaicos destacan por su excepcional estado de conservación y su gran detalle, que refleja el punto álgido de este arte romano. La colección se completa con una gran variedad de objetos de época imperial, tanto monumentales como del ámbito cotidiano.

El tesoro de Guarrazar

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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El tesoro de Guarrazar

Uno de los hallazgos más famosos de la historia de la arqueología española, descubierto por casualidad y recuperado parcialmente tras muchos periplos. Este conjunto de coronas votivas y cruces, fabricadas con oro y piedras preciosas, es un bellísimo ejemplo de la artesanía visigoda y de las influencias bizantinas en la misma. La pieza más famosa es la corona votiva del rey Recesvinto (siglo VII d.C.), aunque todas las demás son de factura igual de exquisita.

El bote califal de Zamora

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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El bote califal de Zamora

Este bote de marfil de elefante data del año 964 d.C., durante el reinado del califa Alhakén II, uno de los periodos más prósperos del Califato de Córdoba. El bote aprovecha la forma cilíndrica del colmillo y está decorado con motivos vegetales y animales que recrean el ambiente de un jardín palatino. Fue fabricado para Zoa, la concubina favorita del califa; además del gran detalle en su elaboración, destaca por tratarse de un material muy costoso y difícil de obtener en al-Ándalus, lo que implica una gran importancia de las relaciones comerciales del Califato de Córdoba con otros imperios del norte de África.

Los jarrones de la Alhambra

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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Los jarrones de la Alhambra

Estos jarrones, fabricados durante el siglo XIV en el reino nazarí de Granada -aunque el centro de producción era Málaga- representan uno de los últimos grandes ejemplos del arte andalusí. Su proceso de elaboración era muy laborioso, ya que requería cocer las piezas tres veces, y tuvieron tanto renombre que se exportaron por todo el Mediterráneo. Su elevado coste, su fragilidad y su precaria estabilidad indican que no estaban destinados a un uso práctico sino a decorar los espacios palatinos como símbolos de lujo y riqueza.

 FUENTE: Abel de Medici 

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NATIONAL GEOGRAPHIC

4 comentarios sobre “TESOROS DE LA ARQUEOLOGÍA

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