Una palabra por 30 días.

Al dejar Cafayate; teníamos por delante un trayecto de gran belleza natural con algunos pueblos donde el tiempo parece haberse detenido. Fueron en sus inicios parte del asentamiento de las fuerzas españolas en el Norte argentino y luego, con las misiones jesuíticas, se edificaron sus iglesias y algunas casas que aún permanecen.

Seclantás, Molinos y otros pueblos se asientan en esta ruta zigzagueante que en algunas partes es de ripio, en otras de arena o tierra. En Seclantás, bajamos unos minutos ya que allí viven las afamadas familias “teleras”, vimos hermosas prendas y tradicionales ponchos salteños en colores rojo y negro tendidos en los patios.

Continuamos en el bus y en el trayecto pudimos divisar bellezas como el Valle Encantado y la Cuesta del Obispo. Llegamos a la ciudad de Salta y nos dirigimos al Hotel Altos del Valle.

Fue allí donde se produjo el único incidente de nuestras vacaciones invernales. Subiendo por el ascensor con Manuel en brazos, al cerrar la puerta nuestro hijo puso su mano en el marco.

Oh…Dios; su grito de dolor, creo que aun me persigue. Pedimos información en la recepción sobre un servicio de urgencias; el más cercano estaba a dos cuadras.

Cuesta del Obispo – Provincia de Salta – República Argentina

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