¿Demasiados interrogantes? – Final…no lo creo.

15 cambios que nos hicieron humanos

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Los humanos somos probablemente la especie más rara que jamás ha existido.

Tenemos cerebros extravagantemente grandes que nos permiten construir complicados artefactos, entender conceptos abstractos y comunicarnos usando el lenguaje.

También somos casi lampiños, tenemos mandíbulas débiles y nos cuesta dar a luz. ¿Cómo evolucionó una criatura tan estrafalaria?

1 – Vivir en grupo

Monos

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Hace 60-30 millones de años

Los primeros primates, el grupo que incluye a monos y humanos, evolucionaron poco después de la desaparición de los dinosaurios.

Muchos comenzaron rápidamente a vivir en grupos. Eso supuso que cada animal debía moverse en una compleja red de amistades, jerarquías y rivalidades.

Así que vivir en grupos puede haber impulsado un aumento sostenido de la capacidad intelectual.

2- Más sangre al cerebro

Arteria carótida

FUENTE DE LA IMAGEN,

HENRY GRAY WIKIMEDIA COMMONS

Hace 15-10 millones de años

Humanos, chimpancés y gorilas descienden todos de una especie desconocida de homínido extinguida.

En este ancestro, un gen llamado RNF213 comenzó a evolucionar rápidamente.

Esto puede haber estimulado el flujo de sangre hacia el cerebro al ensanchar la arteria carótida.

En humanos, las mutaciones de RNF213 causan la enfermedad de Moyamoya, en la que la arteria es demasiado estrecha, una condición que conduce al deterioro de la capacidad cerebral por falta de irrigación.

3 – La división de los primates: primeros cambios de genes

Chimpancé

SPL

Hace 13-7 millones de años

Nuestros ancestros se separaron de sus parientes parecidos a los chimpancés hace unos 7 millones de años.

En un principio, tendrían una apariencia similar. Pero dentro de sus células, el cambio ya estaba en marcha.

Después de la división, los genes ASPM y ARHGAP11B empezaron a mutar, así como un segmento del genoma humano denominado región HAR1.

No está claro que provocó estas modificaciones, pero HAR1 y ARHGAP11B están involucrados en el crecimiento del córtex cerebral.

4 – Subidón de azúcar: energía para el cerebro

Cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN,

HENRY GRAY WIKIMEDIA COMMONS

Hace menos de 7 millones de años

Después de que la línea evolutiva humana se separó de la línea de los chimpancés, dos genes mutan.

SLC2A1 y SLC2A4 forman proteínas que transportan glucosa dentro y fuera de las células.

Las modificaciones pueden haber desviado la glucosa de los músculos hacia el cerebro de aquellos homínidos primitivos, y es posible que esta glucosa los haya estimulado y permitido que crecieran los cerebros.

5 – Las manos más hábiles

Mano

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Hace menos de 7 millones de años

Nuestras manos son inusualmente hábiles y nos permiten hacer bellas herramientas de piedra o escribir palabras.

Eso puede deberse en parte a un fragmento de ADN llamado HACNS1, que ha evolucionado rápidamente desde que nuestros ancestros se dividieron de los ancestros de los chimpancés.

No sabemos qué hace HACNS1, pero se activa cuando se desarrollan nuestros brazos y manos.

6 – Mandíbulas débiles: más lugar para el cerebro

Mandíbula

HENRY GRAY WIKIMEDIA COMMONS

Hace 5,3 – 2,4 millones de años

En comparación con otros primates, los humanos no pueden morder con demasiada fuerza porque tienen músculos delgados en la mandíbula.

Esto parece deberse fundamentalmente a una mutación del gen MYH16, que controla la producción de tejido muscular.

Este cambio ocurrió hace entre 5,3 y 2,4 millones de años. Las mandíbulas más pequeñas pueden liberar espacio para que crezca el cerebro.

Los puñetazos marcaron la evolución del rostro masculino

Una nueva teoría sugiere que nuestros ancestros masculinos desarrollaron rasgos faciales musculosos y robustos como defensa ante los golpes de puños.

Los huesos que se quiebran más habitualmente por peleas con trompadas –las mandíbulas, la nariz– también se fortalecieron en la evolución de los primeros homínidos.

Y estos son, además, los huesos que muestran más diferencias entre hombres y mujeres.

SPL

El hueso de la mandíbula, que suele romperse en las peleas a puños, estaba naturalmente reforzada en algunos de nuestros ancestros evolutivos.

El estudio, publicado en la revista especializada Biological Reviews, sostiene que estos refuerzos se desarrollaron en medio de las peleas por compañeras femeninas y recursos, sugiriendo que la violencia impulsó cambios evolutivos clave.

Los registros fósiles muestran que los australopitecos, los predecesores inmediatos del género humano Homo, tenían estructuras faciales impresionantemente robustas.

Por muchos años, esta fuerza extra fue vista como una adaptación a una dieta dura que incluía nueces, semillas y hierbas.

CICERO MORAES

Reconstrucción del rostro de un homínido Paranthropus boisei.

Pero hallazgos más recientes, que examinan los patrones de deterioro y los isótopos de carbono en dientes de australopitecos, han sembrado dudas sobre la hipótesis de la alimentación.

“De hecho, el (australopithecus) boisei, el “hombre cascanueces”, probablemente comía frutas”, dijo David Carrier, biólogo evolutivo de la Universidad de Utah, EE.UU., y autor principal del nuevo estudio.

Armadura masculina

En lugar de la dieta, Carrier y el médico Michael Morgan proponen que la competencia violenta provocó el desarrollo de estas fortificaciones faciales, lo que los científicos llaman la “hipótesis del refuerzo protector”.

AP FRANK FRANKLIN II

En un estudio anterior, Carrier sugirió que las peleas a golpes, como las del boxeo, marcaron la evolución de la mano humana.

En apoyo de su propuesta, Carrier y Morgan ofrecen datos de peleas de humanos modernos. Varios estudios de salas de emergencias de hospitales, incluyendo uno del Hospital Real de Bristol, muestran que los rostros son particularmente vulnerables a las lesiones violentas.

“Las mandíbulas son los huesos que se rompen con más frecuencia – y ahora no es el fin del mundo, porque tenemos cirujanos, tenemos medicina moderna”, explicó Carrier.

“Pero hace cuatro millones de años, si te quebraste la mandíbula, probablemente era una lesión fatal. No podrías masticar alimentos… Morirías de hambre”.

Las mandíbulas, mejillas y estructuras de ojos y nariz que más comúnmente sufren en las peleas de puños modernos son también las más protegidas por los cambios evolutivos observados en los australopitecos.

Es más, estos son los huesos que muestran más diferencias entre hombres y mujeres, tanto como entre nuestros antepasados.

Según señala Carrier, así es como uno esperaría que evolucionara una armadura defensiva.

“En humanos y en grandes simios en general… Es más probable que los machos sean los que se metan en peleas y también son los machos los que probablemente se lesionen”, le explicó Carrier a la BBC.

Violencia o paz

Un dato interesante es que los descendientes evolutivos de los australopitecos –incluyendo los humanos– han demostrado cada vez menos refuerzos faciales.

Y esto coincide, de acuerdo con Carrier, con una menor necesidad de protección.

“Nuestros brazos y parte superior del cuerpo no son ni de cerca tan fuertes como eran los de los australopitecos”, dijo Carrier.

“Hay una correlación temporal”.

La idea de la “fortificación” facial se basa en una observación anterior de Carrier y Morgan que sugería que los homínidos primitivos fueron los primeros en desarrollar una mano capaz de formar un puño, y por consiguiente, de lanzar un puñetazo.

Aquel primer trabajo suscitó críticas de otros investigadores, y Carrier supone que esta nueva contribución también será controversial.

Tal como apunta, el debate sobre el rol de la violencia en la evolución humana no es nuevo.

“(Nuestro estudio) apunta a este debate sobre si nuestro pasado fue violento o pacífico”, le dijo Carrier a la BBC.

“Esa es una discusión que se mantiene desde hace mucho tiempo”.

OTHER

“El registro histórico es desde hace un corto tiempo atrás, el registro arqueológico se remonta unas decenas de miles de años más… Pero la anatomía tiene indicios de qué selección era importante, qué comportamientos eran importantes y así nos da información sobre el pasado muy lejano”.

7 – Dieta variada: carne en el menú

Nuestros ancestros primates más antiguos comían principalmente fruta, pero especies posteriores como el Australopithecus ampliaron su gusto.

Además de alimentarse con una variedad más grande de plantas, como las hierbas, parece que comieron mucha más carne e incluso que la troceaban con herramientas de piedra.

Más carne supuso más calorías y menos tiempo de masticación.

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Hace 3,5 – 1,8 millones de años

8 – Pelados: no más vello corporal

Los humanos son primates casi lampiños. Nadie sabe por qué, pero ocurrió hace entre 3 y 4 millones de años.

Fue entonces cuando evolucionaron las ladillas, que solo pudieron infectar el pubis cuando el resto del pelo había desaparecido.

Expuesta al sol, la piel se oscureció. A partir de entonces, todos nuestros ancestros fueron negros, hasta que algunos humanos modernos dejaron los trópicos.

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Hace 3,3 millones de años

9 – Conexiones: un gen de inteligencia

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Hace 3,2 – 2,5 millones de años

Un gen llamado SRGAP2 fue duplicado tres veces.

Como resultado, nuestros ancestros tuvieron varias copias, algunas de las cuales podrían haber evolucionado libremente.

Una de las copias mutadas resultó ser mejor que la original.

Es probable que haya provocado que las células del cerebro modelaran más prolongaciones, permitiéndoles formar más conexiones.

Identifican partes del cerebro que nos hace humanos

SPL

Está en la parte delantera del cerebro, justo por encima de las cejas.

Allí identificaron científicos de la Universidad de Oxford en Reino Unido una región del cerebro humano única, que no aparece en el cerebro de nuestros parientes más cercanos, los monos.

Los investigadores de la universidad británica compararon para su estudio tomografías cerebrales de 25 humanos y 25 macacos y observaron un área específica –generalmente relacionada con los procesos de toma de decisiones, la capacidad de hacer varias tareas de forma simultánea y de anticipar estrategias– que no está presente en los cerebros de los monos analizados.

FRANZ XAVER NEUBERT

En esta imagen se puede ver, marcada con el color rojo oscuro, la zona del lóbulo frontal identificada por los científicos.

“Encontramos un área en el cerebro humano que está bastante adelante, justo por encima de las cejas, que no coincidía con ninguna región del cerebro del mono, que parecía en el cerebro humano bastante distintiva y muy distinta de todas las regiones en el cerebro del mono”, explica a BBC Mundo Franz-Xaver Neubert, experto en psicología experimental y autor del estudio publicado en la revista especializada Neuron.

Y precisamente esta zona, según creen los científicos, está involucrada con algunos de los rasgos que nos hacen únicos como humanos.

“Toda clase de funciones se han atribuido a esta región, pero en general creo que la gente tiende a pensar que puede estar involucrada en lo que algunos llaman multitarea (o la capacidad de hacer varias cosas a la vez)”, dice Neubert.

También está relacionada con la capacidad de planificar, o de anticiparse a los acontecimientos, algo que nos permite “tener en mente estrategias que no estás usando en el momento pero que puedes usar más tarde”.

“Enormes similitudes”

Sin embargo, otro de los hallazgos de este estudio no se basa en lo que nos diferencia sino en lo que nos une.

“Una de las cosas sorprendentes es que encontramos enormes similitudes en la organización de estas áreas en el cerebro humano –especialmente en las áreas que pensamos que están involucradas en el lenguaje y la flexibilidad cognitiva– y en el de los monos”, dice Neubert.

Imagen gráfica que compara un cerebro humano y otro de mono

FRANZ XAVER NEUBERT

Imagen gráfica de las zonas del cerebro comparadas entre humanos y monos.

En su trabajo, los científicos identificaron y analizaron 12 subregiones de la parte frontal del cerebro y sus patrones de conectividad con otras zonas, que identificaron como huellas.

Luego las buscaron en el cerebro del mono, y así encontraron las similitudes que se ven, marcadas con colores, en la imagen de más arriba. El cerebro del extremo izquierdo es humano, el de abajo es de mono.

De las 12 subregiones, 11 eran muy similares en las dos especies.

Cerebro humano

FRANZ XAVER NEUBERT

Los científicos analizaron la corteza cerebral prefrontal.

“Una cosa interesante es que la gente puede pensar que el lenguaje es una habilidad exclusivamente humana, por lo tanto debe estar apoyada en áreas y conexiones que son exclusivamente humanas”, explica el investigador.

“Estos resultados sugieren que ese no es el caso, que quizás las regiones que están involucradas en el lenguaje en humanos hacen algo diferente en los monos, incluso aunque ellos no tienen la habilidad del lenguaje”.

Por lo tanto, dice Neubert, aunque se podría pensar que estas zonas del lenguaje y la flexibilidad cognitiva –que es la capacidad de cambiar de forma dinámica entre una tarea y otra– son un desarrollo absolutamente nuevo en los humanos, según estos resultados no lo son.

“Pueden basarse en un aparato más antiguo”, precisa el experto en conversación con BBC Mundo.

La corteza cerebral prefrontal, que es la zona cerebral analizada en este estudio, está involucrada en los aspectos cognitivos y del lenguaje más complejos, y sólo está presente en humanos y otros primates.

Algunas de sus partes están relacionadas con desórdenes psiquiátricos, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), la adicción a las drogas y los comportamientos compulsivos.

Por eso, dice Neubert, entender mejor sus conexiones puede ser relevante para encontrar mejores formas de tratarlos.

10 – Cerebros más grandes: primates pensantes

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Hace 2,8 millones de años

Los humanos modernos pertenecen a un grupo o género de animales conocido como Homo.

El fósil de Homo más antiguo conocido fue hallado en Etiopía y tiene 2,8 millones de años.

La primera especie fue probablemente Homo habilis, aunque este supuesto ha sido disputado.

En comparación con sus ancestros, estos nuevos homínidos tenían cerebros mucho más grandes.

11 – Parto complicado: una cabeza muy grande

Para los humanos, el parto es difícil y peligroso.

A diferencia de otros primates, las madres casi siempre necesitan ayuda.

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Hace 2,5 millones – 200.000 años

Esto es porque caminar en dos piernas supone un canal pélvico más estrecho para el paso de un bebé humano, cuya cabeza ha crecido en relación a sus ancestros.

Para compensar el parto dificultoso, los bebés nacen más pequeños e indefensos.

12 – Control del fuego

Nadie sabe cuándo nuestros ancestros aprendieron a controlar el fuego.

La prueba directa más antigua proviene de la Cueva Wonderwerk, en Sudáfrica, que contiene cenizas y huesos quemados de hace 1 millón de años.

Pero hay evidencias de que los homínidos procesaban los alimentos incluso antes y de que eso podía incluir cocinar con fuego.

THINKSTOCK

¿Hace 1 millón de años?

 

13 – El don de la charla

HENRY GRAY WIKIMEDIA COMMONS

Hace 1,6 millones – 600.000

Todos los grandes homínidos tienen sacos de aire en sus tractos vocales que les permiten lanzar fuertes bramidos.

Pero los humanos no, porque esos sacos de aire hacen que sea imposible producir diferentes sonidos vocales.

Nuestros ancestros los perdieron aparentemente antes de que nos bifurca ramos de nuestros primos Neandertales, lo que sugiere que ellos también podían hablar.

14 – Un gen para el lenguaje

SPL

Hace 500.000 años

Algunas personas tienen una mutación en un gen llamado FOXP2.

Como resultado, les cuesta entender gramática y pronunciar palabras.

Eso sugiere que FOXP2 es crucial para aprender y usar el lenguaje.

El gen moderno se desarrolló en el ancestro común de los humanos y los Neandertales: el FOXP2 neandertal es igual al nuestro.

De qué hablaron los humanos, cuando empezaron a hablar

CHRIS TEMPLETON

Los investigadores dividieron a 184 estudiantes en cinco grupos y cada uno recibió instrucciones diferentes para aprender a fabricar la primera herramienta de la que se tiene evidencia.

Si hay algo que nos distingue de los animales es nuestra capacidad para comunicarnos a través del lenguaje.

Pero en qué punto de la evolución humana se desarrolló esta esta habilidad y por qué es un tema de intenso debate.

Ahora, un estudio de un equipo internacional de investigadores sugiere que las primeras conversaciones entre seres humanos tuvieron lugar entre 1,8 y 2,5 millones de años atrás, cuando los humanos empezaron a fabricar las primeras herramientas.

Estos primeros intercambios verbales, dice el estudio, habrían facilitado a nuestros ancestros la transmisión del conocimiento sobre cómo fabricar estas herramientas de piedra para cortar la carne de los animales.

“Si alguien está tratando de aprender una destreza nueva que requiere mucha sutileza, ayuda tener un maestro que te corrija”, señala el psicólogo Thomas Morgan de la Universidad de California, Estados Unidos, autor principal del estudio publicado en la revista Nature Communications.

“Uno aprende mucho más rápido cuando alguien te dice qué tienes que hacer”, añade.

¿Cómo eran entonces estos primeros diálogos?

Herramienta

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La herramienta de tradición Olduvayense fue utilizada por cerca de 700.000 años.

“Lo más importante que alguien que enseña le tiene que decir a quien aprende son cosas como dónde golpear”, le dice a BBC Mundo Natalie Uomini, investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania.

“Hay un lugar específico en la roca donde tienes que golpear, a un ángulo de 70º”.

Mientras que las otras cosas se pueden aprender por imitación, “el concepto de ángulo es muy difícil de explicar sin recurrir al lenguaje”, explica Uomini.

“También palabras como ‘si’ o ‘no’ habrían resultado importantes”, agrega la investigadora.

¿El huevo o la gallina?

Para llegar a esta conclusión, los investigadores dividieron a 184 estudiantes en cinco grupos, y en cada uno de ellos se implementaron distintas formas de aprender a crear la herramienta.

Algunos incluían el uso de comunicación verbal mientras que en otros solo se permitían los gestos o imitar las acciones del otro.

Así, notaron que los grupos que usaban el lenguaje producían un mayor volumen de herramientas, en menos tiempo y desperdiciando menos material.

En opinión de los investigadores, el experimento muestra que el lenguaje ayuda a crear las herramientas.

Es evidente que no se puede probar si de hecho esto fue lo que dio origen al lenguaje, señala Uomini.

“Nunca sabremos lo que ocurrió en el pasado, pero esto es simplemente un elemento que apunta a que el lenguaje estuvo involucrado y de alguna manera conectado con el origen de la fabricación de herramientas”, dice.

La evolución de las herramientas y el lenguaje van de la mano, dicen los investigadores.

CHRIS TEMPLETON

La evolución de las herramientas y el lenguaje van de la mano, dicen los investigadores.

Basándose en el estudio, los investigadores creen que este forma primitiva de lenguaje o protolenguaje comenzó a evolucionar lentamente hace 1,7 millones de años, cuando se produjo un cambio en el tipo de herramientas producidas por el hombre.

La evolución de ambos (herramientas y lenguaje) está interconectada, aunque resulta imposible saber qué evolucionó primero o cuál de los dos fue el motor.

Por otra parte, cabe preguntarse cómo podemos determinar el origen del lenguaje en un experimento llevado a cabo con personas que, aunque no puedan hablar como parte del estudio, sí tienen un lenguaje.

Obviamente, no es posible encontrar hombres prehistóricos para hacer el estudio.

“Sería interesante estudiar este proceso en gente de distintas culturas para ver si existen diferencias o en chimpancés, y comparar los resultados”, dice Uomini.

“Pero nuestro experimento muestra que el lenguaje es lo que marca una diferencia. Y tiene que ver más con la actividad en sí que con la gente que la hace”, concluye la investigadora.

El lenguaje humano “se originó en África”

Un estudio sobre las lenguas que se hablan en todo el mundo revela que todas provienen de un lenguaje común que surgió en África.

Con anterioridad, investigaciones genéticas han demostrado que el primer humano se originó en ese continente hace 50.000 años.

Y la nueva investigación encontró que el primer lenguaje también surgió allí.

Luego los idiomas modernos evolucionaron a partir de ese primer, único lenguaje, como resultado de la migración de las poblaciones.

O por lo menos esa es la conclusión del doctor Quentin Atkinson, del Departamento de Psicología de la Universidad de Auckland, Nueva Zelandia, cuya investigación aparece publicada en la revista Science.

SPL

Las lenguas de África usan el mayor número de fonemas.

 

Patrón genético

El científico se interesó en el estudio del origen del lenguaje cuando trabajaba en un proyecto de genética e historia humana.

Las investigaciones de genética humana revelan que la principal evidencia de que el ser humano se originó en África es que la diversidad genética es mayor en África y se reduce a medida que las poblaciones se alejan de ese continente.

“Pensé que sería interesante analizar si los patrones del lenguaje humano, y su diversidad de sonidos alrededor del mundo, seguían un patrón similar” le dijo el doctor Atkinson a la BBC.

El investigador estudió los fonemas -las unidades de sonido que se usan para diferenciar distintas palabras en los idiomas- de 504 de las lenguas que el ser humano habla hoy en día.

Descubrió que todos los fonemas que se usan en todos los idiomas tienen el llamado “efecto fundador” que se ve en la genética de poblaciones.

Es decir, cuando una población pequeña se desprende de una población original grande para colonizar nuevos territorios, lleva consigo un subgrupo de la población original.

El científico descubrió que el lenguaje también tenía un efecto fundador: los dialectos que contienen más fonemas se hablan en África y los que contienen el menor número de fonemas se hablan en América del Sur y en las islas tropicales del océano Pacífico.

“Si nuestras lenguas pueden trazarse hasta África y el lenguaje es un marcador del linaje cultural, esto significa que todos somos una familia tanto en el sentido cultural como en el sentido genético” explicó el investigador.

“Creo que esto es algo extraordinario”, agregó.

Según el investigador, las regiones del mundo que fueron colonizadas más recientemente -y que tienen menos pobladores- tienen también menos fonemas en sus dialectos.

Pero las áreas que fueron colonizadas por el humano hace miles de años, como el África subsahariana, todavía siguen usando el mayor número de fonemas en el mundo.

Por ejemplo, dice el estudio, algunas de las lenguas africanas tienen más de 100 fonemas. Las hawaianas -al final de la ruta de migración desde África- tienen sólo 13.

Y el idioma inglés tiene 45 fonemas.

El investigador subraya que esta reducción en el número de fonemas usados no puede explicarse por los cambios demográficos o por algún factor local.

Pero sí muestra que existen mecanismos paralelos que fueron gradual y lentamente formando tanto la diversidad genética como la lingüística del ser humano.

Evidencia “clara”

Clase de inglés

El estudio analizó 504 lenguas que se hablan hoy en día.

Hasta ahora la mayoría de las teorías sobre el origen del lenguaje humano se basan en la correspondencia de sonidos similares entre los distintas familias de dialectos y lenguas.

Por ejemplo: agua se dice water en inglés y wasser en alemán, y eso puede indicar un ancestro común.

Pero este proceso, como dice el doctor Atkinson, sólo puede remontarse hasta determinada época -unos miles de años- porque después las palabras empiezan a cambiar tanto que es imposible definir qué está relacionado con qué.

“Por eso decidí que en lugar de tratar de reconstruir detalladamente cada cambio de sonido en una palabra, miré el patrón estadístico más amplio del número de sonidos usados en las lenguas de todo el mundo”.

“Y allí encontré la evidencia del origen del lenguaje en África”, afirmó Atkinson.

Ésta, por supuesto, es una teoría más sobre el origen del lenguaje humano, un campo de investigación que sigue siendo motivo de acalorados debates.

Pero tal como señala el investigador, “es la primera vez que se observa un patrón tan claro, y tan consistente con el patrón genético, sobre la evolución del lenguaje”.

“Pero como todo en la ciencia -agrega- siempre existe la posibilidad de refutar”.

15 – Saliva reforzada para comer carbohidratos

La saliva contiene una enzima llamada amilasa, fabricada por el gen AMY1, que digiere el almidón.

Los humanos modernos cuyos ancestros fueron agricultores tienen más copias AMY1 que aquellos cuyos ancestros siguieron siendo cazadores recolectores.

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Este refuerzo digestivo puede haber ayudado para dar inicio a los cultivos, los poblados y las sociedades modernas.

FUENTE: BBC News Ciencia

  • Jonathan Webb
  • BBC
  • Melissa Hogenboom
  • BBC Earth
  • Paul Rincon
  • Editor de Ciencia de BBC News

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