El núcleo social en el tobogán

En este atardecer templado en pleno invierno de Buenos Aires; decidí a pesar del desgano que tengo en deslizar las palabras sobre el teclado, escribir que cuando el corazón -en sentido poético, obviamente-  es engañado, el mundo se derrumba como si fuera un castillo de naipes o la reacción en cadena como fichas de dominó que caen una sobre otra, y la voluntad de volver a construirlos huye, atenazando la mente en un laberinto de recuerdos y emociones pasadas, inyectándole un cóctel explosivo de tristeza y odio.

Y esto último, malsano como el que más es producto de la falta de códigos en esa misma pareja, que juro y perjuro que antes del engaño era preferible con un café por medio, decirse cuando cualquiera de los dos dejará de amar.


Pero; sin embargo es sufrimiento y soledad insoportable, cuando luego de la ruptura comienza cualquiera de ellos, a descubrir finamente situaciones vividas, en que el otro avisaba sutilmente que la rotura en mil pedazos de la relación, se había iniciado mucho antes del final.

No interesa siquiera que la pareja hubiera convivido decenas de años. Sería un error generalizar esta situación, ya que sé de matrimonios que fueron tan claros, en una decisión dolorosa pero compartida, cuando a pesar de las buenas intenciones la vida en común se torna insoportable.


El hombre o su esposa, recuerda ahora aquella oportunidad en que su pareja, le digo que había estado en una disco -New York City-, otrora reducto de adolescentes y jóvenes, ahora únicamente para adultos mayores -solos y solas-, que desean recuperar como si fuera el lugar la fuente de juvencia, todo aquello de los años jóvenes, que no volverán.

Una copa, una conversación liviana, un baile con manos entrelazadas, como si fuera un grito de libertad. El engaño es para quien lo comete, como una respiración profunda cuya inhalación produce energía y al exhalar relaja, como si uno rompiera cadenas invisibles, que atan y asfixian.


En esos casos, generalmente son amigos/as o familiares afectos a esos lugares y habitués que con similar conducta, alientan y llevan a quien ya tiene profundas dudas de la unión con su pareja a esos lugares, aceptando lo que le dicen “será una fantasía como cuando se trataba de una rata de no ir a la escuela” y pasarla fenomenal o una nimiedad que a nadie lastimara, por lo que no habrá culpa alguna, tan es así que muchos afirman, que es algo normal dentro de este mundo anormal.


Múltiples ausencias del hogar, casi periódicas con cualquier excusa para justificarlas. Y ella o él, creyendo la imbecilidad de que solo es la libertad necesaria, para no asfixiar el aire que se respira, dentro de la pareja.

Y aún, hay casos en que quien no es infiel, se pregunta qué ha hecho mal más cuando el amor de su vida, ha tenido una vida en común no libre de problemas, pero casi siempre en una zona de confort. Obviamente, aquí “billetera no mata galán”.


Ayer cuando escribí “no habrá más amor”; me preguntaba cuántas personas conforman hogares monoparentales, es decir de una sola persona. No me sorprendí cuando observé en la Encuesta Permanente de Hogares en la Ciudad de Buenos Aires, suman cientos de miles. Y supongo, debe ser una tendencia en el mundo; salvo sociedades en donde el mandato social y religioso, se encuentra rigurosamente establecido.


Sea hombre o mujer, el que se enfrente a una situación de infidelidad reacciona de acuerdo a sus sentimientos o emociones. No será fácil, la soledad y la pregunta persistente Solo me pregunto lo mismo que muchas/os ¿Sí ya termino, porque duele tanto?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s