Seguiré con bastante retraso.

Recuerdo que la VII parte del cuento corto al que denomine “Misterio en Giverny”; lo escribí el 7 de agosto de 2020, un día antes de que mi hermana fuera internada de urgencia, por una enfermedad degenerativa y agresiva, en la que luego de acompañarla por 45 días junto a sus hijos, falleció no por su enfermedad de base, sino por COVID19. 

No voy a justificarme con ello; pero debo decir que en la vida se presentan prioridades, que necesitan de toda nuestra atención como así de nuestro tiempo.

Es por ello, que esta entrada será la copia de aquella última, para permitirle al lector tener una guía sobre el contenido-núcleo del cuento, que espero finalizar en breve término. Muchas gracias y mis disculpas a todas/os.

Misterio en Giverny – VII parte 

Ya era noche avanzada en La Capucine; casi las once. Jean Claude, estaba realmente pasado de copas, por más que hubiera terminado su plato principal. Se daba lo que suponía Richard, el joven artista parisino, no era propiamente un noctámbulo, solo un “niño bien” acomodado y que se codeaba con la aristocracia.

-Dime, Jean Claude; vamos por el postre?

-Buehhh….pide la carta, vemos que tenemos…-

-Diviso Richard a Elizee, y la llamo, por favor…ven.-

-Sí caballero…-

-Nos traes la carta, queremos un postre-

-Aquí tiene, me llama cuando sepan que pedir.-

-Gracias Elizee…-

Ohhh…mira Jean Claude;tenemos Macarons, Mont-Blanc, Tarte Tatin y  Gâteau Saint Honoré…que deseas pedir para ti?

– Para mi Richard, una Tarte Tatin…-

– Bien Elizee, por favor nos traes una Tarte Tatin y una Gâteau Saint Honoré?-

-Enseguida, respondió Elizee.-

Mientras tanto…Richard volvió a su papel muy bien actuado, de aquel que sabe bien cómo orientar una conversación trivial, para sacar provechosa información para sí mismo en esa cena, preámbulo de una amistad en ciernes y aprovechando la credulidad de Jean Claude y el olor etílico que era evidente.

-Jean Claude dime; hay obras de arte importantes en la Villa del Mediterráneo que fuera de los Rothschild, o son meras réplicas.-

– No…creo que quien se ha pasado con la cerveza; eres tú Richard, le respondió Jean Claude, agregando puedes maravillarte con obras de Bouguereau del siglo dieciocho, tales como “Dante y Virgilio” o “El Nacimiento de Venus”. Además prosiguió encuentras obras de Cabanel, el danés Bendz y los más famosos lienzos de Pierre-Auguste Cot. Además hay tantas pero tantas maravillas, que sería imposible describirlas en una sola velada.-

-Qué genial…no me imaginaba que tuviera tanto para ver. Ahora dime, quizás haya dejado en tu atelier, algún recuerdo el gran Rodin?-

– No, la verdad que no he visto nada y si lo hay, no lo he visto. Sí puedo decirte que desde la ventana, tienes una hermosa vista de las distintas tonalidades de verde, que hasta te producen verdadera paz.-

-Alizee llegó con los postres, y dejó delicadamente en la mesa.-

-Ohhh…Richard; debo decirte que me tendrás acompañar a casa…porque no me veo demasiado bien…bah…es lo que creo…dijo Jean Clause soltando una risotada.-

-Haciéndose el sorprendido; pero en realidad era lo que deseaba que le pidiera, Richard le respondió -es lo de menos que puedo hacer por ti, compañero.-

-Y prosiguió “Lo que lamento Jean Claude, que en tu estado no podrás conocer a Babette.”-

-No hay problemas; Richard. Será la próxima vez, ni siquiera estoy para pararme…uhhh…que me han pegado fuerte estas deliciosas cervezas, dijo Jean Claude, tratando de incorporarse.-

-¿Qué haces Jean Claude?; espera. No hemos terminado los postres y además debemos pedir y pagar la cuenta…o crees que aquí nos regalan la cena, por no ser de aquí o por lo simpáticos que somos…haciéndole un guiño socarrón.-

Terminaron con los típicos postres franceses; y fue el momento en que Jean Claude llamó a Elizee, pidiéndole la cuenta, lo que ella hizo y luego le entregó.

-Dime Richard; ya que no veo muy bien, cuanto es la cuenta.-

-Si que estas realmente mal; amigo. Son 48 euros y piensa en la propina por la magnífica atención de la muchacha.-

-Desde ya; Richard. Jamás he sido un miserable. Toma 55 euros, págalo tú por favor.-

Richard llamó a Elizee y le pagó junto con la propina. La muchacha encantada, le agradeció y les dijo que siempre, serían bien recibidos en el lugar, invitándolos a volver.

Richard se acercó a Jean Claude y lo ayudó a incorporarse. Con alguna dificultad, Jean Claude como todo aquella persona pasada de alcohol, se puso tenso y recto al caminar, lo que produjo la risa de Richard, quien le dijo;

-Pareces un muñeco a cuerda; Jean Claude, por la forma en que caminas.-

Ambos jóvenes rieron con ganas y marcharon abrazados, por esas calles obscuras, ya que la arboleda era como un telón que escondía las luces del alumbrado público.

Mientras caminaban; hablaban de sus planes de los próximos días, y ahí fue que Jean Claude le comentó a Richard, que la semana de la próxima semana, más precisamente se iría todo el día, a Les Andelys a casi 20 kilómetros del pueblo, especialmente para visitar el emblemático Castillo Cháteu-Gaillard.

-Richard; le preguntó qué lo motivaba a visitar el Castillo.-

-Jean Claude; le respondió: sabes, me interesa hacer unos bocetos del entorno en donde se encuentra enclavado, entre dos barrios de antaño de la ciudad de Les Andelys, siendo uno de los parajes más destacados del Valle del Sena.-

Arribaron a la casa de Jean Claude y Richard se ofreció a ayudarlo a subir, lo que el otro joven agradeció. Subieron por la escalera de madera y mientras ello ocurría, la mirada aviesa de Richard, no se perdía detalle del lugar y de cada rincón.

Tanto en la planta baja; como en el primer piso Richard observó los pisos antiguos de madera, que generalmente poseían una pequeña cámara de aire por debajo, de no más de diez centímetros, que actuaban como ventilación y para refrescar los distintos ambientes, cuando los veranos eran terriblemente tórridos.

La mirada de Richard, era parecida a una máquina fotográfica ya que su memoria visual no había perdido de guardar como en un pendrive, todo aquello de interés que Jean Claude confiadamente le había comentado, con una amplia variedad de detalles. Por eso, ahora conocía sobradamente qué lugar habitaba Jean Claude.

Jean Claude en su estado; al llegar le pidió ayuda para acostarse en su cama y Richard accedió amablemente, sacándole los zapatos y recostandose en su cama. Luego de saludarlo con una palmada en el hombro, se retiró de la casa.

Continuará

4 comentarios sobre “Seguiré con bastante retraso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s