Misterio en Giverny – VIII parte

Richard bajó la escalera, dirigiéndose a la calle no sin antes echar una mirada a su alrededor.

Debía tener preciso el día en que Jean Claude partiría a la Villa, para poder planificar hasta el mínimo detalle y sin fisuras el plan pergeñado por él de acuerdo a los datos que le habían sido “vendidos” en los bajos fondos de París.

Maldijo Richard; como todos los sábados en que trabajaba en la Casa Museo de Claude Monet, tener que levantarse y dirigirse a los jardines, no sin antes percibir si el encargado de la dotación de jardineros, estaba de buen humor, el exigente Sr. Charles Signoret.

Extrañamente luego del formal saludo; pudo comprobar que Signoret se encontraba de muy buen humor, algo inusual en él tan estructurado y obsesivo en el cuidado de los jardines. Siempre al entrar cada trabajador, Signoret les asignaba las tareas del día.

Así fue que le encomendó a Richard la zona en donde se encontraba el puente japonés, que Monet había hecho construir cuando vivía allí, pero con la particularidad que ese puente arqueado lo había sido pintado en dieciocho de sus obras.

El pintor siempre estaba fascinado por el juego de luces y reflejos en el agua. Cuando terminó su jardín, el pintor construyó un puente japonés inspirado por una de sus estampas japonesas, pero lo pintó de color verde para distinguirlø del tradicional rojo usado en el Japón.

La atmósfera oriental fue creada utilizando una selección de plantas como bambúes, ginkgos  biloba, arces japoneses, peonías, lirios blancos y los sauces llorones que tan maravillosamente enmarcaron el estanque.

Por último, las plantas Nenúfares de Monet fueron también colocadas en dicho estanque.  El afamado pintor dijo alguna vez: “Me encanta el agua, pero también me encantan las flores. Por eso, una vez que el estanque estaba lleno de agua, pensé en embellecerlo con flores. Tomé un catálogo y elegí al azar, eso es todo.”

Sin embargo; pese a su admiración por la cultura japonesa, corriente arraigada a partir de 1870, no le resultó nada fácil construir en un terreno originalmente pantanoso, un estanque que engalanó con la siembra de nenúfares. Los pocos pobladores del lugar, en un principio se opusieron al intento de Monet, pero luego lo aceptaron al convencerlos el afamado artista de que sólo sería semejante al canto de la naturaleza y haría del lugar, un exquisito paseo.

Richard; había sido lo suficientemente habilidoso y perseverante en el aprendizaje de todos los secretos de los jardines, y por ello Signoret le ordenó desmalezar el lugar circundante al puente, con la atención fundamentalmente puesta en los nenúfares, plantas acuáticas de flores que crecen en lagos, lagunas, charcos, pantanos o arroyos de corriente lenta, y que están usualmente enraizadas en el fondo.

Al llegar la hora del descanso; Richard detuvo su tarea y sacó su vianda de una bolsa para almorzar. Su vianda; como siempre se la había preparado delicadamente la Sra. Amélie Isabei, la misma persona que le alquilaba su cuarto. Le pagaba por ello, algunos francos más, pero él sentía que los sabores y olores, le hacían recordar a la comida que le preparaba su madre siendo niño.

Casi devoró su almuerzo y aprovechando que le quedaban unos minutos, fue a sentarse debajo de la sombra de uno de los tantos abetos que atravesaban la alameda central.

Busco en el bolsillo de su chaqueta de trabajo y sacó de allí, algo parecido a un libro pero que en realidad era un grueso cartón doblado, que contenía en su interior algunas hojas sueltas y manuscritas.

Se puso a leerlas con especial atención, en el orden en que las tenía guardadas deteniéndose de a ratos, llevando una de sus manos a su menton, como si estuviera involuntariamente creando un escenario para una obra de teatro.

En realidad; solo estaba repasando en detalle lo que le interesaba desde que había arribado a Giverny.

Pensó que quizás ese domingo, Jean Claude se hubiera levantado tarde y con una resaca de aquellas, por lo sucedido la noche anterior pero tambien que eso mismo lo llevara a visitarlo en los jardines o bien a la salida de su trabajo.

Ello sería para los intereses de Richard muy oportuno, ya que podría saber el día en que Jean  Claude estaría ausente, permitiéndole a él poder ejecutar lo planificado.

La intuición de Richard fue acertada; cuando vio a Jean Claude caminando y dirigiéndose a él, por el sendero principal. Cuando se vieron se saludaron con un abrazo y las carcajadas de ambos lograron hacer eco en los jardines y más de uno de los que se encontraban en el lugar, se elevó sobre sus pies para observar de donde provenían. Todo ello producto de las situaciones de la noche anterior, junto a la borrachera de Jean Claude.

Faltaban minutos para que la jornada de trabajo de Richard finalizara y Jean Claude, le dijo que lo esperaría para invitarlo, no a cenar sino a merendar una crema de chocolate con almendras, en La Dime, afamado lugar por sus exquisiteces y muy elogiado por todo visitante a la Casa Museo de Monet.

Jean Claude, esperó al que para él “era su amigo” y juntos se dirigieron al lugar.

Se sentaron como siempre y por indicación de Richard en una mesa alejada de otras que se encontraban ocupadas, ya que la siempre oportuna excusa de Richard era la intimidad de la conversación y no ser molestados por indeseables curiosos.

Imprevistamente Jean Claude, ya formado profesionalmente como artista y además, conocedor de los entretelones del mercado de arte, fue quien comenzó la conversación, sorprendiendo a  Richard;

-Si bien Richard, tú no eres artista debes haber escuchado de famosos pintores en qué parte de sus obras jamás han sido encontradas, como así también de la falsificación de originales de los genios del impresionismo- ¿no es así? 

-Algo habré escuchado en algún momento en París, en alguna reunión pero realmente no le he prestado demasiado atención.- ¿Dime porque pones tanto énfasis en lo que me dices?

-Sabes, tanto de Cezanne como de Monet dicen algunos expertos que debajo de determinada obra; hay una obra anterior de los maestros. ¿Lo puedes imaginar?

Richard no quiso mostrarse demasiado sorprendido y con el letargo del atardecer, entrecerró sus ojos, contestandole 

– Sabes Jean Claude; será porque ignoro mas que demasiado de arte, para poder entender qué sentido tendría pintar sobre otra pintura. Realmente no le encuentro significado. ¿ Puedes  explicarmelo?


-Sí, Richard. Mira sería algo así como que me caigo y se me rompe un brazo, ¿pero para saber esto con exactitud, me deben sacar una radiografía, verdad?

-Si, contestó laconicamente Richard-

-Pues bien continuó Jean Claude, así es como descubren una pintura debajo de otra realizada con anterioridad-

-Pero es una verdadera estupidez; podría haber pintado otro lienzo ya que no le veo sentido a lo que me dices-

-Ahh…amigo; en la pintura la mayoría de las veces nos dejamos llevar por las emociones y nos podemos encontrar que la obra que hemos finalizado, por alguna razón nos disgusta, pero sin embargo creemos que parte de las tonalidades de su fondo, las podríamos usar para la nueva versión. Así de disparatadas son las cosas.-

-Dime Jean Claude; ¿era el viernes próximo; el día en que te ibas al Castillo Cháteu-Gaillard?

-No…no Richard. La invitación que recibí es para el sábado próximo-

-Sonriendo Richard; le respondió que lo esperaria con ansiedad para que le contara de las maravillas de esa velada, junto a la nobleza y la alta burguesía europea- 

(No obstante, Richard se mostró más que satisfecho que fuera el sábado, ya que era su día libre y podría llevar a cabo su plan, sin levantar sospecha alguna).

Continuará…

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