Misterio en Giverny – IX parte

A partir del lunes, todo se volvió casi monótono para ambos “amigos”; Jean Claude visitando diariamente la Casa Museo de Monet, en donde le aseguraba a Richard, que el lugar lo inspiraba para bocetar sus obras, como si el fantasma de aquel genial pintor lo guiará acertadamente en sus trabajos. 

Como buen y reconocido habitué visitante de la propiedad, era frecuente que le permitieran a Jean Claude -siempre acompañado por personal de seguridad- visitar los distintos lugares de la vivienda, pero donde pasaba más tiempo, era en el que había sido el atelier del pintor. 

Según decía, para él representaba un lugar estratégico y mágico construido por Monet, para desde ese espacio producir gran parte de sus obras, dado que le permitió tener una visión periférica que estaba relacionada con la localización y reconocimiento de la información visual, que se encontraba alrededor del objeto sobre el que fijaba su atención, sin demasiado esfuerzo.

Conocedor profundo del impresionismo, Jean Claude sabía que Monet era propenso a pintar en el exterior y no solo en su atelier. Sabía que el afamado había descubierto su estilo, que se fue radicalizando con el tiempo. 

Intentó captar el instante (sus trenes con humo), la luz (sus paisajes), las variaciones del color a través de sus series sobre un mismo tema, a distintas horas o durante estaciones diferentes. 

Paulatinamente fue acentuando los efectos luminosos hasta llegar en ocasiones a difuminar las formas o incluso a fundirlas entre sí.

En sus últimas obras la forma está ya prácticamente disuelta en manchas de color. Ya en esos momentos; Jean Claude sabía que muchos historiadores de arte junto a oftalmólogos, afirmaban que al sufrir Monet de cataratas, el artista veía cada vez más tras un filtro borroso y amarillento. De hecho, tras ser operado, volvió una temporada a su estilo anterior. Sea como sea, Monet murió a los 86 años, consagrado como una leyenda. Estaba prácticamente ciego pero al morir tenía un pincel en la mano. 

No obstante, “los amigos” cuando coincidían en su salida de la propiedad de la Fundación, usualmente se dirigían a La Dime, donde generalmente bebian una infusión caliente -café o chocolate- con alguna bollería tal como una baguette o un croissant, algo poco frecuente en Francia, país en que lo habitual es tener tres comidas al día, pero no merendar.

En una de esas tardes, Richard le preguntó a Jean Claude;

  • Dime Jean Claude;-¿a que hora te irás el sábado a la velada? –
  • Sabes Richard pediré un coche de alquiler, ya que desde aquí estoy a unos 20 o 25 km., por lo que pienso que será un viaje de no más de media hora.-
  • Pero dada la hora de la recepción le contestó Richard; ¿deberás reservar el traslado, verdad?
  • Si, desde ya. Creo que lo confirmaré a las nueve de la noche y estará más que bien, ya que la velada comenzará a las diez de la noche, le respondió Jean Claude.

  • Respetando la rutina cada atardecer, ambos jóvenes caminaban por la Rue Monet, dejando Richard a Jean Claude en su atelier alquilado. Conversaban en el camino, sobre las cosas que hacían durante el día y en ese instante Richard interrumpió a Jean Claude diciéndole;
  • Sabes Jean Claude – El Sr. Signoret sabe exactamente el lugar en donde el Sr. Monet, colocaba su caballete y sus pinturas fuera de la casa, para realizar la mayoría de sus obras tomando sus propios jardines como modelos.-

-¿En serio? ¿Conoce el lugar exacto? le contestó sorprendido Jean Claude. 

– Y  agregó, sé que el maestro pintó el jardín de la casa familiar en Normandía en 1866, y al llegar a Giverny fue cómo encontrar su lugar mágico. El territorio lo encontró por azar en 1883. Aquí pasó Monet la segunda mitad de su vida, sus cuarenta y tres años más productivos artísticamente.-

¿Crees realmente que Signoret, conoce esa parte de la vida del maestro? le preguntó Jean Claude a Richard.

  • Mira Jean Claude, mañana si como usualmente lo haces visitas los jardines, ya habré hablado con el Sr. Signoret cuya familia es de Giverny desde hace dos siglos. Imposible, que me lo dijera solo por vanidad, le contestó Richard-

Fue el jueves a la tarde, pasado el mediodía que Jean Claude volvió a la Fundación y Richard no bien lo vio llegar, le hizo una seña para que se acercara.

Jean Claude se saludó con Richard y casi al mismo tiempo, el Sr. Signoret se hizo presente. Obviamente, se conocían pero no habían tenido más dialogo hasta ese momento, que los saludos formales.

Sin embargo Richard, ya había conversado con Signoret para que le comentara a su amigo donde se ubicaba Monet, cuando pintaba en exteriores.

El Sr. Signoret dirigiéndose a Jean Claude; -Sr. Jean Claude me ha comentado el joven Richard, que Ud. deseaba conocer el lugar habitual en que el  maestro, pintaba sus lienzos en el exterior. ¿Verdad?-

-Si; es cierto- le contestó.

-Pues bien, era mi abuelo que fuera también encargado  del cuidado de los jardines de esta casa, al que oía decir anécdotas sobre de los comentarios que realizaba el Sr. Monet. Todavía recuerdo aquello que recordaba que decía el Sr. Monet  “Estoy encantado. Giverny es un paisaje espléndido”, le decia a su amigo el crítico Théodore Duret. Pero en un primer momento dijo también “La casa es extraordinaria. Es magnífica, pero no hay nada que pintar”, lo que le escribió el pintor a Alice Hoschedé. No obstante, él mismo se encargó de transformarla. Con ayuda del jardinero Félix Breuil se puso manos a la obra. Monet inventó un paraíso de plantas, concibió un espacio pictórico. Distribuyó plantas en colorido monocromo, yuxtapuestas según la tonalidad. Su criterio no era otro que plantar por armonías, con el ojo puesto de antemano en el lienzo – finalizó Signoret. Ahora si me permite, acompañeme al lugar en donde habitualmente se ubicaba-

-Si, como no. Lo acompañare y le agradezco mucho su gentileza, respondió Jean Claude.-

-No hay porque, es un gusto.- respondió Signoret.-

-Cuando Signoret se detuvo, Jean Claude lo imitó. Bueno mi estimado joven, este es precisamente el lugar, le dijo el encargado.

-Jean Claude se sintió a la vez que sorprendido, emocionado por estar de pie en el lugar exacto, donde Monet había pintado gran parte de su obra. Y aprovechando la presencia y el conocimiento de Signoret, le preguntó-

-Disculpe, Sr. Signoret. Pero debo preguntarles, ¿cuando el clima no se lo permitía que hacía el maestro en esa situación?

– Sabe Usted joven, mi abuelo  que además de estar empleado como encargado del mantenimiento de los jardines de la casa era también un pintor autodidacta, fue quién en nuestra amenas conversaciones me decía que al final del Siglo XIX, sucedió esa etapa en la que Monet iniciaba sus paisajes reflejo y repeticiones de nenúfares en medio de islas de hojas. Y que en ciertas oportunidades a pesar de que comenzara a llover, él continuaba su obra mezclando los distintos colores en el exterior, con la ayuda de un par de personas que lo protegían de la lluvia.

Continuará

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