Que no te crezca la nariz…

El método que usan los científicos para pillar a un mentiroso.

Más allá de atender a sus expresiones faciales o lenguaje no verbal, también cabe reparar en el contenido de lo que dice. Hoy vemos la técnica SUE, utilizada en la investigación criminal.

Que si se toca demasiado el pelo cuando habla, esquiva la mirada directa a los ojos o hace movimientos extraños y nada naturales. Hay muchos detalles que pueden delatar que alguien te está mintiendo, pero a la hora de la verdad nunca puedes llegar a estar seguro al cien por cien si alguien te está siendo totalmente sincero o intenta engañarte de alguna forma. 

Más allá de los trucos populares, que pueden inducir al error, lo cierto es que la detección de mentiras es una competencia muy requerida en ciertos ámbitos profesionales, sobre todo los relacionados con la inteligencia, el espionaje o la seguridad. De ahí que la investigación científica en torno a cómo se miente bien o cómo detectar que alguien te está engañando aunque no lo parezca haya avanzado mucho con el paso de los años. 

A fin de cuentas, todos hemos mentido alguna vez, con más o menos acierto, y podríamos decir que el mundo se divide entre aquellas personas que son excelentes actores en su vida personal y aquellas que a la mínima se nota que no saben ni pueden mentir. La técnica SUE “es similar a una estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra tiende a ganar” 

En términos más generales, en muchas ocasiones somos engañados porque realmente no queremos saber la verdad o tenemos un sesgo de credibilidad. Imagínate que sospechas que tu pareja te está mintiendo con algo que puede ser una tontería o un hecho que sí que reporta gravedad, como por ejemplo a la hora de esconder una infidelidad

Lógicamente, deseas conocer la verdad, pero en ocasiones deseas tanto estar con ella y que os vaya bien que prefieres no saberlo. En ese caso, a pesar de la sospecha, tenderás a descartar automáticamente cualquier atisbo de mentira en sus palabras y actos.

Las técnicas Reid y SUE

Una de las peculiaridades a las que solemos atender para detectar la mentira es en las formas, y no tanto en el contenido. Así, en los últimos años han cogido mucho peso las fórmulas para detectar el engaño que dan más importancia a lo que se dice y no cómo se dice. Conocida como la técnica Reid o Entrevista de Análisis de Conducta (BAI), esta consiste en una sesión de preguntas y respuestas que no acusan de nada, tan solo provocan que el sujeto arroja síntomas de verdad o de engaño. 

En ella, los investigadores formulan primero cuestiones relativas a los antecedentes de la persona entrevistada para conseguir información personal y evaluar el comportamiento verbal y no verbal. Después, pasa a las preguntas que “provocan un comportamiento determinado” con el fin de obtener respuestas verbales y no verbales diferentes”. 

Si su velocidad a la hora de hablar es más lenta quiere decir que o bien no se acuerda del todo o se lo está inventando del tirón. Esta técnica solo se aplica cuando hay sospechas fundadas de que el entrevistado está mintiendo, o en el terreno de la criminología, cuando hay muchos indicios de que el sospechoso es culpable.

Recientemente, Julia Hirschberg, experta en lenguaje informático de la Universidad de Columbia, implementa una estrategia similar a la Reid llamada SUE (“empleo estratégico de la evidencia”, por sus siglas en inglés) en la que se atiende a lo que el sospechoso dice y no tanto cómo lo dice. 

A diferencia del anterior, tiene un enfoque que no recurre a la intimidación, sino en obtener contradicciones de un relato falso o, al contrario, confirmar la veracidad del mismo. En sus propias palabras: “es similar a un juego o estrategia psicológica en el que la persona que sabe más sobre las estrategias de la otra persona tiende a ganar”, tal y como lo explica en un artículo de la revista”Discover Magazine”. 

En este sentido, sería como jugar una partida de ajedrez contra alguien a quien ya has visto jugar previamente. El entrevistador puede comenzar con preguntas generales hasta ver si el relato coincide con lo que ya se sabe que es cierto sin llegar a revelar lo que se sabe. Básicamente, que el sospechoso lo confirme por sí mismo. Para ello, se insta a que recuerde todo lo que sabe del hecho por el que se le pregunta o, en el área criminológica, qué estaba haciendo y dónde estaba cuando el delito se cometía. 

Más tarde, pasará a realizar preguntas específicas relacionadas con la parte de verdad que el entrevistador ya sabe. Por consiguiente, se le preguntará si ha habido algún error en su declaración o si confirma la versión oficial, tanto suya como la del investigador. Por último, el sospechoso deberá contrastar las dos versiones, entre su visión de los hechos y las pruebas irrefutables que están en manos del entrevistador.

La técnica SUE de detección de mentiras es mucho más lenta y requiere más trabajo y atención por parte de los entrevistadores. En cuanto a los rasgos no verbales de la declaración, no se centra tanto en sus movimientos faciales, posturales o gestos, sino más bien en el sonido, el ritmo o la entonación del habla. Si va muy lento o muy rápido en su declaración denotará que está mintiendo o diciendo la verdad. 

Posiblemente, si su velocidad es más pausada quiere decir que o bien no se acuerda del todo o se lo está inventando del tirón. También hay que desconfiar de la rapidez de sus enunciados, pues posiblemente haya tenido tiempo para inventarse la versión y quiere decir de carrerilla, tanto para que no se le olvide lo que quiere decir como para imprimir una sensación de veracidad al relato. ¿Cómo se podría aplicar esta fórmula de detección de mentiras a la vida cotidiana?

Tan solo intenta comprobar por tus propios medios si aquello que estás afirmando o negando es cierto o falso, lo cual sin duda llevará su tiempo. Y acto seguido, en el cara a cara, saca el tema después de una larga conversación en la que se sienta confiado. 

No le preguntes directamente por el hecho o la afirmación sobre la que crees que te está mintiendo, sino más bien pregúntale por detalles que sabes que son ciertos y que puedan aludir a esa hipotética mentira. No es nada sencillo conseguir el éxito en este modelo de detección de mentiras, pues has de tener la suficiente paciencia y entereza como para no caer en la acusación directa ni tampoco en la ingenuidad.

Así debes hacer preguntas para detectar a un mentiroso

Como no les crece la nariz como a Pinocho, a la gente en general le cuesta saber si su interlocutor está engañando. Por suerte, hay algunos trucos

Detectar a un mentiroso es un desafío

La investigación psicológica ha revelado en muchas ocasiones que los humanos, en general, no somos buenos para detectar el engaño, porque desgraciadamente, la nariz de Pinocho no existe en la vida real. Es verdad que algunos mentirosos exhiben una gama de comportamientos físicos o verbales que quizá pueden marcar alguna señal (tartamudear, no mirar, mover las manos…), pero por supuesto, esta clase de gestos no son en ningún motivo una prueba segura de que nuestro interlocutor está ocultando información o inventándome. 

¿Por qué miente la gente? Son muchos los posibles motivos: para evitar un castigo, para ganarse el reconocimiento de los demás, para mantener la privacidad sobre un asunto concreto o para escapar de una situación complicada pueden ser algunas de las razones, siempre y cuando no sea un mentiroso compulsivo. 

Para aquel que intenta desentrañar el misterio, a lo Sherlock Holmes, le puede ser casi imposible conocer la verdad. Se sabe que las señales verbales son más efectivas que el lenguaje no verbal, porque mentir produce una carga mental adicional y como hay que pensar mucho más, esto puede ofrecer pistas para detectar el engaño .

A pesar de todo, las investigaciones también aseguran que la gente detecta mejor cuando un miembro de la familia o alguien con el que están muy familiarizados es quien está mintiendo.

Quizá se comportan de manera diferente o hay algo que no está del todo bien, especialmente cuando son los padres los que tienen que descubrir si sus hijos están contando la verdad o no.

Si bien la investigación psicológica pone al descubierto numerosos, duraderos y significativos desafíos para detectar mentiras con precisión, la literatura también ofrece orientación sobre cómo mejorar las posibilidades de detectar a un mentiroso, incluso cuando no estamos familiarizados con esa persona, asegura “Psychology Today”.

Se sabe que las señales verbales son más efectivas que el lenguaje no verbal, porque mentir produce una carga mental adicional y como hay que pensar mucho más, esto puede ofrecer pistas para detectar el engaño. Aquí te dejamos una lista de puntos que puedes seguir si quieres desbaratar una mentira.

Haz las preguntas adecuadas

Por ejemplo, no es lo mismo preguntar “¿Viviste en Nueva York?”, que provoca una respuesta mucho más cerrada, pues puede contestarse con un ‘sí’ o ‘no’, que llevar a cabo una pregunta más abierta siempre que se pueda. Por ejemplo: “cuéntame todo sobre ese tiempo en el que viviste en Nueva York”.

Haz que cada pregunta cuente

No hagas preguntas sin sentido solo por decir algo. Más bien, asegúrate de que cada pregunta te lleve hacia el objetivo, que es comprender la verdad de lo que la persona te está diciendo.

Sé estratégico/a

Quizá conoces los hechos, pero considera antes hacer una pregunta sobre ellos antes de revelar que conoces la respuesta. Esto te permitirá comprender si esa persona está siendo sincera en general o no. Más tarde, cuando hagas preguntas de las que desconoces la respuesta, ya tendrás algún conocimiento sobre cómo se comporta la persona cuando es sincera (o no lo es).

Escucha en lugar de hablar

Si interrogas, procura decir lo menos posible, para darte tiempo para escuchar, pensar y comprender completamente las respuestas a tus preguntas. Haz que cada pregunta cuente y haz la menor cantidad posible.

Sé conversador e inquisitivo

En lugar de agresivo y acusador. Cuestionar a una persona constituye una interacción social compleja, que a menudo será más placentera y mucho más productiva si los interrogadores son capaces de mantener una charla tranquila con las personas de manera que recopilen más información.

Incluye algún elemento temporal en tus preguntas

Cambiar entre intenciones pasadas, presentes y futuras a menudo puede ser tan difícil para los mentirosos (recuerda que es mayor su exigencia mental) que, sin darse cuenta, revelan su engaño al cometer errores, contradecirse a sí mismos o a hechos objetivos conocidos por el interrogador.

Haz preguntas aclaratorias

Este tipo de preguntas buscan más detalles sobre una respuesta anterior o un relato inicial. Los mentirosos pueden tener problemas con los detalles y también pueden ser inconsistentes cuando recapitulan o repiten los detalles. Incluso con el uso de estas técnicas psicológicas, detectar a los mentirosos sigue siendo un desafío. Pero la investigación del mundo real ha revelado que el rendimiento puede mejorar significativamente cuando estos enfoques se combinan y se aplican sistemáticamente al hacer preguntas.

LA CIA TE ENSEÑA SUS TRUCOS PARA PILLAR A LOS MENTIROSOS/AS.

Foto: La CIA te enseña sus trucos para pillar a los mentirosos

Por Héctor G. Barnés

Si quieres descubrir si tu pareja te ha sido infiel, si tu hijo te está engañando con sus notas o si tus empleados te están ocultando algo, ¿por qué no recurrir a los métodos empleados por algunos de los mejores interrogadores del mundo, es decir, la CIA? 

Ese es el principal reclamo del libro que tres ex agentes de la Agencia de Inteligencia Central, Philip Houston, Michael Floyd y Susan Carnicero, acaban de publicar. Titulado Spy the Lie. Former CIA Officers Teach You How to Detect Deception (St. Martin ‘s Press), el ensayo de los actuales consultores de la empresa de análisis conductista QVerity se propone difundir de manera didáctica todas las estrategias utilizadas por los agentes profesionales. 

De manera ligera y desenfadada, los veteranos detallan tanto aquellos signos que deberían hacernos sospechar cómo cuáles son las preguntas más útiles en un interrogatorio para obtener la respuesta que necesitamos. Como es de esperar, lo más importante en el modelo propuesto por los agentes es “mostrarse atentos a todas las señales visuales y auditivas”, especialmente en los cinco segundos en los que el interrogado debe reaccionar a una pregunta que puede resultar comprometedora. Es lo que han llamado el “modelo L-squared”, según el cual se ha de poner el mismo empeño en la vista y en el oído, y no dejar que uno de los dos sentidos prevalezca por encima del otro. 

Cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo sinceros que somos, más sospechosos resultamos. Entre las respuestas más sospechosas que describen el trío de agentes en su libro –escrito junto a Don Tennant, compañero en la consultora QVerity–, se encuentran dar una respuesta evasiva o responder con otra pregunta (“¿Has visto que se ha roto la ventana?”; “¿Qué ventana?”) o poner de manifiesto lo mal que le ha sentado que se piense que ha podido realizar tal acción (“¿Cómo puedes pensar que he sido capaz de eso?”). 

En ambos casos se evita ofrecer una respuesta afirmativa o negativa a la pregunta, por lo que moralmente el mentiroso siente que no ha engañado a nadie. En una línea semejante se encuentra lo que los agentes denominan “la respuesta abiertamente específica”. Aunque el concepto en sí sea paradójico, los agentes lo utilizan para referirse a aquellas contestaciones que no faltan a la verdad pero ocultan parte de la misma. Se trata de aferrarse a los detalles para soslayar el tema central, como cuando Bill Clinton aseguró que era falso que hubiese estado doce años junto a Gennifer Flowers, cuando en realidad habían sido once y medio. 

El corazón delator 

Un  comportamiento habitual de aquellos que sienten que han sido pillados con las manos en la masa es atacar el comportamiento de su interlocutor, evitando de esa manera verse en la obligación a responder sus cuestiones y convirtiéndose al mismo en responsable de la situación. También llama la atención el papel que los adverbios de tiempo juegan en el lenguaje de los mentirosos. 

Al contrario de lo que podría pensarse, cuanto más recordemos a nuestro interlocutor lo honestos que estamos siendo (“sinceramente”, “con total franqueza”), más debería este sospechar con nosotros, pues cuando no hay nada que ocultar, estos marcadores lingüísticos desaparecen. Hacer que el interrogado sienta que se persigue a otro es una manera de que se relaje.

Otros factores que deberían llamar la atención del interrogante son: la utilización de un nivel inapropiado de cortesía, especialmente si esta es extrema, pues podría tratarse de una manera de granjearse la simpatía del interrogador; cambiar súbitamente de tema a través de una frase sólo lejanamente relacionada con la relación que está teniendo lugar; o recurrir a la mala memoria para justificar las lagunas de su discurso. No se trata tan sólo de encontrar los signos delatores, sino también de saber plantear las preguntas adecuadas. 

Entre la multitud de estrategias propuestas en el libro se encuentra, por ejemplo, preguntar al presunto culpable de qué forma castigaría a alguien que ha sido pillado haciendo eso mismo de lo que se sospecha. Cuanto más leve sea la pena, más probabilidades hay de que el acusado esté intentando relativizar la importancia real de su propia acción. 

También se sugiere que dejar entrever que la culpa puede encontrarse diluida o hacer sentir al interrogado que se persigue a otra persona son dos maneras de hacer que este se relaje y se muestre más dispuesto a proporcionar información que le pueda inculpar. Todos somos espías Durante la lectura del libro de los tres agentes, es frecuente recordar los célebres estudios realizados por el célebre psicólogo Paul Ekman, que describió en profundidad la manera que las expresiones faciales humanas reflejaban los sentimientos de la persona que las adopta. 

La universalidad de sus descubrimientos propició que pudiese definirse un conjunto cerrado de gestos habituales al mentir. Algunos de ellos han sido recogidos en el libro de Houston, Floyd y Carnicero: por ejemplo, desviar la mirada, bajar la vista o cerrar los ojos. También, frotarse la mejilla o atusarse el pelo. 

Otros indicadores extraverbales típicos son las pausas repetidas y prolongadas, un tono más agudo en la voz y un mayor movimiento del cuerpo. Además, cuando una persona miente tiene más actividad cerebral que sí está diciendo la verdad. El videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o no. 

Sin embargo, un reciente estudio parece haber puesto en tela de juicio la noción popularmente compartida de que nuestros ojos delatan nuestras mentiras. Según explicaba Caroline Watt en un artículo publicado en la revista científica PLoS One, “aunque la mayor parte de la gente cree que el movimiento de los ojos tiene que ver con lo que la persona está pensando, no hemos descubierto ninguna relación entre ambos hechos”. 

Esto hace desmentir la idea bastante extendida de que mirar hacia la derecha implica que estamos imaginando una situación que aún no ha ocurrido, y que cuando lo hacemos hacia la izquierda, estamos recordando un hecho del pasado. 

Recientemente, el videojuego L.A. Noir presentaba como principal reclamo la posibilidad de detectar si los personajes del juego mentían o decían la verdad, a partir del examen de sus expresiones faciales y gestuales. El avanzado sistema de captura del que presume el estudio creador del juego, Team Bondi, permite captar hasta el más mínimo detalle de las expresiones de sus personajes. 

De esa manera, el jugador se introduce en la piel de un detective del FBI cuya principal misión es, a partir de las pistas e indicios de que dispone, descubrir la inocencia o culpabilidad de sus acusados. Para la segunda parte del juego, el estudio promete extender el sistema conocido como MotionScan a todo el cuerpo humano. El círculo parece haberse cerrado: si en un comienzo la interpretación gestual nació como una herramienta eminentemente práctica para pasar, con el transcurso de los años, a convertirse en una disciplina teórica, ahora vuelve a aplicarse una vez más de forma práctica. Sólo que, esta vez, en el mundo virtual de los videojuegos.

Por Héctor G. Barnés – Fuente: Por E. Z. – Alma, corazón y vida.

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