Cómo lidiar con la falta de amigos en verano – Parte I

SEGÚN UN PSICÓLOGO

La época estival es uno de esos momentos del año en los que más se ensalza el hecho de pertenecer a un grupo social fuerte. ¿Qué hacer en caso de sentirnos más solos de lo normal?

 

Como todos los veranos, los anuncios de la televisión se llenan de inolvidables puestas de sol en las que hay fiestas y amigos, parejas y matrimonios con hijos que aprovechan sus días de vacaciones en la costa o adolescentes que se divierten a pie de playa. 

 

Si algo tiene en común la época estival con la navideña es que son los dos momentos del año en los que nos encontramos con nuestros seres queridos y pasamos más tiempo de lo normal con ellos. Al fin y al cabo, la diversión siempre va unida a la sociabilidad, de ahí que cuando pensemos en planes de esparcimiento y desconexión durante julio o agosto inevitablemente nos venga a la mente esa persona o conjunto de personas con las que más nos gusta estar. 

 

Pero, ¿qué ocurre cuando por distintas circunstancias del destino no contamos con una red fuerte de amigos? 

 

Aunque la soledad siempre es un sentimiento más prototípico de los ancianos, como apunta el manido prejuicio del hombre o mujer mayor de 65 años que hace tiempo se quedó viudo o viuda y no tuvo hijos, hay diversos estudios publicados recientemente que reflejan un mayor sentimiento de soledad en los jóvenes. 

 

Por ejemplo, el informe España 2020, realizado por la Fundación Encuentro y la Universidad Pontificia de Comillas, el cual asegura que un 31% de menores de 30 años se sienten solos frente al 14,7% de los mayores de 60, únicamente en la Comunidad de Madrid. 

 

En definitiva, hay infinidad de ‘papers’ (algunos con datos más contundentes que otros) ,que ratifican este notorio aumento de las sensaciones de soledad entre la población general, así como sus consecuencias para el bienestar físico y emocional de quien los padece. 

 

“No hay que fiarse de los contenidos que se publican en redes como Instagram, pues corresponden a momentos muy pequeños y selectivos de la vida de una persona” Ahora bien, cabe preguntarse por el propio concepto de soledad, ya que ‘a priori’ no es una sensación negativa, pensarán muchos: en ocasiones necesitamos estar solos con nosotros mismos y esto es altamente positivo. 

 

Se puede estar solo físicamente o sentirse solo emocionalmente. No todos los momentos que compartimos con nosotros mismos son amargos. Sin embargo, después de habernos visto presionados a reducir la interacción social en el último año y echar tanto de menos los ratos que pasábamos con nuestros amigos, las ganas de volver a socializar se han disparado, especialmente si es verano y ya no hay tantas restricciones como antes para la vida social. 

 

¿Ha cambiado nuestra forma de relacionarnos después de haber pasado tanto tiempo aislados, aunque solo fuera físicamente, y esto es lo que ha causado ese repunte en los sentimientos de soledad de la población? 

 

En opinión de Rafael San Román, psicólogo de la plataforma de bienestar emocional y apoyo psicológico ifeel, “seguimos relacionándonos igual”. Al fin y al cabo, “buscamos la profundidad en nuestras conexiones con los otros tanto o más que antes para forjar un vínculo de amistad que exige tiempo, implicación, disponibilidad…”. 

Todo depende de la personalidad de cada uno y de su forma de relacionarse, pero lo que sí que es cierto es que, como vimos en otro artículo, es muy posible que a mucha gente se le haya hecho más difícil o ya no disfruten tanto de esas ‘small talks’ o conversaciones ligeras con gente a la que no conocemos tanto ni nos une un lazo tan fuerte, sin duda alguna el campo de cultivo de futuras amistades.

 

¿Cuáles son los fundamentos de una amistad? ¿Cuándo llega ese momento en el que por fin podemos considerar a alguien como una persona especial con la que no solo nos divertimos y pasamos mucho tiempo juntos, sino que también nos apoya en los momentos difíciles? 

 

San Román incide en el concepto de intimidad. Aunque el propio término alude a la facultad de estar recluido en uno mismo o en un espacio reducido de personas, “la intimidad compartida se basa en la experiencia de ser conscientes el uno del otro sin necesidad de hacer nada especial o de hablar”. Es decir, “tener la confianza de que en cuanto lo necesites hay alguien ahí para establecer contacto, y muchas veces no necesitas ni pedírselo”. 

 

Por tanto, el sentimiento negativo de soledad puede aparecer cuando hacemos un repaso mental de nuestros vínculos y no damos con un mínimo de ellos que sean lo suficiente íntimos y profundos.

La envidia de compañía

Por otro lado, como decíamos, hay momentos del año en que los sentimientos de soledad pueden darse más que en otros, como el verano o la navidad, épocas en las que desde los medios de comunicación de masas y las redes sociales se promociona el hecho de estar acompañados por nuestros seres queridos. “Son épocas en las que tendemos a ver a gente en grupo haciendo cosas estupendas y pasándoselo fenomenal”, corrobora el psicólogo. ¿Qué sucede cuando no disponemos de esta red amplia de contactos y de relaciones profundas y vemos que los otros sí? “No deberíamos gastar mucha energía en pensar en todo lo que no puedo hacer o con quien no puedo estar, sino en cómo podemos estar más a gusto” “Las redes sociales son devastadoras en este aspecto, alimentan la envidia, que es el sentimiento de desear lo que el otro tiene y tú no”, sostiene San Román. 

 

“Genera hostilidad hacia los demás y también hacia nosotros mismos. Podemos llegar a pensar que nuestra vida no es tan emocionante como la del resto y entonces caer en la frustración que da pie a carencias de autoestima o sensación de vacío. 

 

No hay que fiarse de los contenidos que se publican en plataformas sociales, sobre todo en redes como Instagram que son tan visuales, pues corresponden a momentos muy pequeños y seleccionables de la vida de una persona”. “Hay amistades de muchos tipos y grados”, prosigue el psicólogo.

 

“Una de las más típicas puede ser la de conveniencia, pero esta es contingente: en cuanto una o ambas partes sientan que no están extrayendo ningún beneficio comienzan a debilitarse. Si no hay una base afectiva, si todo responde a un sentido utilitario e instrumental, y no hay un apoyo emocional, no se comparten aficiones… Estas cosas pueden existir también en los lazos de conveniencia, por supuesto, pero si lo que más pesa es esa razón instrumental la relación tiene un futuro precario”.

La amistad: una evolución constante

Otra de las peculiaridades de la amistad es que nunca se mantiene estática o en un mismo punto: siempre evoluciona, sea para bien o para mal. Muchas veces podemos sentirnos defraudados por gente a la que considerábamos muy importante, y esto tiene un fuerte impacto en nuestro bienestar emocional, haciéndonos sentirnos un poco más solos. 

 

“A veces descubrimos que la persona a la que consideramos nuestro mejor amigo o amiga durante años ya no lo es, a veces sigue siéndolo, pero no tan cercano, y otras veces desaparece de nuestra vida”, reconoce San Román.

 

De ahí que sea muy importante darse cuenta de esta evolución, pues si no podemos sufrir en exceso. Y en muchas ocasiones, aquel grupo de amigos con el que solíamos pasar todos los veranos ya no es tan fuerte.

FUENTE: Alma, Corazón y  Vida Por Enrique Zamorano

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