Qué simple sería

Es un atardecer

de tantos,

si no fuera

que he salido

a caminar

por los jardines

de un lugar

llamado “El Rosedal”,

sentado

en un banco

con el sol a pleno

en mi rostro,

solo observo

como juguetea

una abeja

sobre una flor,

para recoger

lo que llevará

a su colmena.



Que simple

sería seguir

su ejemplo,

y amar

sin reparos,

dejándote fluir

sintiendo

los olores

de la piel

del otro,

con mis dedos

recorriendo

de lado a lado

tu piel,

hasta encontrar

esos labios

que tanto

deseo para

así tomarlos

suavemente,

con extremo

cuidado

para que

tu percibas

esa hermosa

y húmeda sensación

que emociona,

como pacto

de unión

indisoluble.

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