Mi casa tiene corazón y a veces voces…

Invierno soleado

árboles desnudos

grisáceo el cielo,

sigo a mis pasos

que por instinto

siguen huellas

de un pasado

que fue brillante

mientras duró.


Lo de brillante

aclaro antes

que oscurezca,

lo dije solo

por lo que yo siento.


Se inflama mi pecho

al llegar frente

a la casa grande,

aquella que diseñe

desde su base

la que construí

no con poco esfuerzo

y mucha audacia.


Quien nada sabía

debió aprender,

observar y preguntar,

para luego poner

sus manos

otrora delicadas,

en su máxima obra

como el ahínco

que un pintor

plasma en su lienzo.



Así mis brazos

jóvenes cayeron

una y otra vez

demoliendo paredes,

desmontando techos,

paleando zanjas

para las cloacas

y también los desagües,

¿Mis manos? Dolientes

con decenas de ampollas

luego cubiertas con otras

hasta que se formaban

los callos, que acallaba

los ardores.


Acopiando materiales,

un año antes de

comenzar el sueño,

en un gran y viejo sótano

plagado de ratas y cucarachas

herencia de que dejo allí

por años un viejo almacén,

al que la limpieza

no le representaba

virtud alguna.



De propietario

sin recursos,

salvo su sueldo

como ejecutivo

de una empresa,

a director

y hacedor

de su propia obra.


Desmontando

chapas de zinc,

para luego

retirar las

vigas de madera,

una pinotea asentada

más que centenaria,

que la recicle

como cual diamante,

para pisos

y revestimientos.



Desde tirar los caños

por donde la energía

se distribuiría

por toda la casa,

antes de construir

las losas de hormigón

armado en dos plantas,

hasta las conexiones

eléctricas en cada lugar

previo plano realizado.



Trabajos desconocidos,

rudos pero solo así

podría ser posible,

pintar hasta la madrugada,

armar andamios

de tres cuerpos sin ayuda,

atónitos y sorprendidos

vecinos que me miraban

tal loco rodando por Callao,

descomunal voluntad

para hacerlo

cada tanto detenerme

y desde la vereda de enfrente,

esbozando en soledad

una sonrisa de satisfacción

por cada diminuto avance.




Un patio enorme

para que los dos niños

y el tercero por venir,

pudieran disfrutar

del espacio, aire y sol,

de juegos compartidos

con amigos reunidos

y cumpleaños con globos

más risas contagiosas.



Y en la esquina

construí y diseñe

el jardín,

en la profundidad

cascada de

demolición

para un buen drenaje,

luego una mezcla

de tierra fertilizada

y arena en menor medida,

pala va pala viene

así se fue construyendo,

con su nivel de caída

hacia el desagüe

más próximo.,

sembrar el césped

protegerlo de los pájaros,

hacer esquejes, cortes

sembrar y trasplantar.



Pero llegó un año

de total silencio,

las herramientas

quedaron en espera,

la hiperinflación

una de las tantas,

me preguntó:

¿O los gastos

por la educación,

las necesidades

de la familia

o el sueño?

Obvio, lo primero.



Retome con mayor

energía, no era

para menos

habían pasado

tres largos años,

al cumplir el cuarto

estaba terminada,

y la alegría de todos

se iluminó

por la llegada

del tercer hijo.



Hoy, estoy parado

frente a ella

de la que me enamore

al verla por años,

en donde pase

gran parte de mi vida,

con grandes alegrías

y también muchas tristezas.




Hoy un cartel de venta,

cuelga en su ochava.

No me apena, no.

Los recuerdos se

amalgaman como tesoro

en mi mente

y de ahí resurgirán

desde su arcón,

cuando los busque

para decirle

a alguien

lo feliz que fui

viviendo junto a ella,

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