HISTORIA DE LA OBRA MAESTRA DE LEONARDO

Mona Lisa, los enigmas de la obra maestra de leonardo da Vinci

Aunque la pintó por encargo, Leonardo da Vinci nunca se desprendió de su Gioconda. A menos que realizara más de una, como algunos historiadores han sugerido recientemente

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Técnica innovadora

Leonardo usó la innovadora técnica del sfumato para pintar el famoso retrato. La expectación, pero también las incógnitas han acompañado a este cuadro único desde su creación. Arriba, la tabla y el marco colgados en el Louvre.

FOTO: F. Bohbot / RMN-Grand Palais

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Una nueva localización

Desde 2005, La Gioconda cuelga del muro erigido especialmente para ella en la sala de La Gioconda (Salle des États), dedicada a la pintura italiana. Es indudable que la fama que poseía el retrato ya en el siglo XVI no es casual. La calidad de la obra radicaba, en palabras de Vasari, en su verismo, en su proximidad a la realidad y en su carácter mimético.

FOTO: Bridgeman / ACI

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El maestro trabaja

En sus biografías de los más célebres artistas del Renacimiento, Giorgio Vasari colma de elogios a La Gioconda. Además explica, de forma muy literaria, cómo Leonardo da Vinci consiguió esbozar la mítica sonrisa de su obra en la modelo: “Por encargo de Francesco del Giocondo, Leonardo emprendió el retrato de Mona Lisa, su mujer […]. Mona Lisa era muy hermosa; mientras la retrataba, tenía gente cantando o tocando, y bufones que la hacían estar alegre, para rehuir esa melancolía que se suele dar en la pintura de retratos. Tenía un gesto tan agradable que resultaba, al verlo, algo más divino que humano, y se consideraba una obra maravillosa por no ser distinta a la realidad”.

FOTO: AKG / Album

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El artista anciano

Leonardo realizó este dibujo, considerado un autorretrato del artista, en su época en Milán, hacia 1512. Se conserva en la Biblioteca Real de Turín. Aproximadamente 10 años antes, hacia 1503, Leonardo comenzó el retrato de una dama florentina: Lisa Gherardini, esposa del mercader Francesco del Giocondo.

FOTO: Pietro Canali / Fototeca 9×12

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La capital del Quattrocento

Florencia fue la cuna del Renacimiento, nacido de la mano de artistas como Leonardo o Brunelleschi, autor de la cúpula de Santa María del Fiore, en la imagen. A pesar de que la mayor parte de la catedral florentina es gótica, cuando Brunelleschi empezó a trabajar en la cúpula 124 años más tarde el arte gótico había sido superado por el Renacimiento. 

FOTO: M. Urtado / RMN-Grand Palais

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Grietas del tiempo

Medio millón de craquelures, pequeñas grietas en la pintura, surcan el rostro de Mona Lisa. Sus colores se han oscurecido con el paso del tiempo y la aplicación de sucesivas capas de barniz.

FOTO: B. Jannsen / Alamy / ACI

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Residencia francesa

Leonardo da Vinci pasó los tres últimos años de su vida en el castillo de Clos Lucé muy cerca de la residencia real de Amboise. Cuando entró al servicio de Francisco I de Francia llevó con él el retrato de la Mona Lisa, que fue adquirido por el monarca francés en 1518, pasando a formar parte de las colecciones reales francesas.

FOTO: Fine Art Images / Album

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Isabel de Este. Dibujo realizado por Leonardo Da Vinci hacia 1500. Museo del Louvre, París.

¿Y si no era Lisa Gherardini?

A lo largo de los siglos, muchos autores han propuesto múltiples identidades para la mujer retratada por Da Vinci.

Algunos estudiosos han llegado a ver a la madre del artista  o a un hombre travestido –tal vez él mismo– detrás de la sonrisa más famosa de la historia de la pintura. Según estas hipótesis, alentadas por el análisis que Sigmund Freud hizo de Leonardo y su obra, el artista sublimar su sexualidad a través del arte, y ésta sería la razón por la que mantuvo el cuadro con él casi hasta su muerte.

Siguiendo el relato de Antonio de Beatis, que aseguraba que se trataba del retrato de una mujer florentina encargado por Juliano de Médicis, se ha buscado a una amante del noble, de origen aristocrático: Constanza d’Avalos, Isabel de Este, Caterina Sforza o Isabel de Aragón, entre otras. Sin embargo, ninguna de ellas era florentina y su condición social hace difícil que permanecieran en el anonimato.

FOTO: F. Vizzavona / RMN-Grand Palais

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El copista trabaja

Las copias de La Gioconda han contribuido a aumentar su fama. Pero lo que disparó la fama de La Gioconda fue justamente ese robo, resuelto con el retorno triunfal de la obra al Louvre en 1914. La Mona Lisa se convirtió entonces en un auténtico icono popular. En la imagen, Louis Berou copia el cuadro en el salón Carré, en 1909.

FOTO: Museo del Prado

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Reflectografia, imagen de La Gioconda del Prado obtenida por infrarrojos.

La gemela de La Gioconda en el Prado

La Mona Lisa del Prado aparece en los inventarios reales desde el siglo XVII y forma parte de los fondos del museo desde su inauguración, en 1819. Hasta 2012, se creía que era una más de las versiones del cuadro de Leonardo da Vinci. 

Pero ese año se dieron a conocer las conclusiones de los análisis realizados durante la restauración de la obra, que duró dos años. Se descubrió que el fondo negro que deslucía la tabla era un añadido posterior a 1750 y debajo se conservaba un paisaje idéntico del original, aunque inacabado

Ambos óleos presentan las mismas dimensiones de la figura e idénticas correcciones. Todo ello permitió concluir que la Mona Lisa de la pinacoteca madrileña es la réplica más temprana conservada del cuadro. De hecho, se cree que la realizó un destacado discípulo de Da Vinci, tal vez Francesco Melzi o Salaì, al mismo tiempo que el original y con la misma técnica usada por su maestro.

El retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, cuelga –custodiado bajo fuertes medidas de seguridad– en la sala 6 de la primera planta del ala Denon del parisino Museo del Louvre. Más conocido como Mona Lisa o La Gioconda, el óleo sobre tabla, de 77 por 53 centímetros de mano de Leonardo da Vinci, es difícil de observar, rodeado como siempre está por una multitud de turistas que, cámara en mano, atestan el espacio en busca de una instantánea de este icono de la historia del arte. 

La expectación, pero también las incógnitas, han acompañado a este cuadro único desde su creación. Hoy sabemos que hacia 1503 Leonardo comenzó el retrato de una dama florentina: Lisa Gherardini, esposa del mercader Francesco del Giocondo, que pudo encargar el cuadro con motivo del traslado de la familia a su nueva vivienda, o bien tras el alumbramiento de su segundo hijo, en 1502. 

En 2005 se dieron a conocer unas notas del florentino Agostino Vespucci en el margen de una obra de Cicerón conservada en la biblioteca de la Universidad de Heidelberg, fechadas en octubre de 1503. Además de criticar a Leonardo por dejar las obras sin terminar, Vespucci indicaba que el pintor se encontraba en esa fecha realizando un retrato “del busto de Lisa del Giocondo”, con lo que parece zanjar el tema de la identidad de la mujer representada en el óleo del Louvre, fruto de debate durante siglos. A pesar de ello, son muchos los que han querido –y siguen queriendo– ver en la tabla mil y una identidades, sin descartar incluso un autorretrato del propio artista travestido.

UNA OBRA ESTREMECEDORA

La fama de la obra se propagó rápidamente a través de quienes pudieron verla en su taller. Así lo atestiguan las copias que se hicieron pronto de la pintura, empezando por el dibujo que realizó Rafael hacia 1504, conservado asimismo en el Louvre, y que parece que sirvió de base a su retrato de Maddalena Doni, fechado hacia 1506 y que presenta una gran conexión con La Gioconda en cuanto a pose y composición.

Según Vasari, “todo aquel que quisiera ver en qué medida puede el arte imitar a la Naturaleza lo podría comprender en la cabeza de La Gioconda”.

Con todo, el mejor testimonio del impacto que causó la Mona Lisa entre los pintores del Renacimiento se encuentra en las Vidas de Giorgio Vasari, publicadas en 1550. 

Vasari, que también era un pintor destacado, se refirió así a la célebre pintura de Leonardo: “Todo aquel que quisiera ver en qué medida puede el arte imitar a la Naturaleza lo podría comprender en su cabeza [de La Gioconda], porque en ella se habían representado todos los detalles que se pueden pintar con sutileza. 

Los ojos tenían ese brillo y ese lustre que se pueden ver en los reales, y a su alrededor había esos rosáceos lívidos y los pelos que no se pueden realizar sin una gran sutileza. […]. La nariz, con todas esas aperturas rosáceas y tiernas, parecía de verdad. La boca, con toda la extensión de su hendidura unida por el rojo de los labios y lo encarnado del rostro, no parecía color sino carne real. En la fontanela de la garganta, si se miraba con atención, se veía latir el pulso. Y en verdad se puede decir que fue pintada de una forma que hace estremecerse y atemoriza a cualquier artista valioso”.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Jesús F. Pascual Molina

4 comentarios sobre “HISTORIA DE LA OBRA MAESTRA DE LEONARDO

  1. Saludos, es fabuloso leer su entrada y veo muy presentada, la gran obra de Leonardo Da Vinci. Soy fanático de este gran hombre, el cual tengo libros sobre el y los eh leído. Me lo disfruto, lo más, que pueda.Gracias por esta entrada.

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    1. Me alegra mucho que te haya gustado la entrada y coincidimos en nuestra admiración, por el polifacetico Leonardo “genio entre los genios” y un adelantado a su época. Un cordial saludo,

      Le gusta a 2 personas

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