HISTORIA DE LA MEDICINA – Tardío reconocimiento.

Fidel pagés, el inventor de la anestesia epidural.

Denominada por su inventor, Fidel Pagés, como “anestesia metamérica”, la anestesia epidural fue ampliamente utilizada por este médico aragonés en el frente marroquí para aliviar el sufrimiento de los soldados españoles heridos en combate. Este método anestésico sigue siendo a día de hoy uno de los más utilizados en intervenciones quirúrgicas en todo el mundo.

El año 1921 fue el año en que Turquía firmó la paz con Armenia, en Estados Unidos Charles Chaplin estrenaba la película El chico, en Irlanda estallaba la guerra contra el ejército británico, y también fue el año en que Adolf Hitler se convirtió en el líder del partido nazi. 

Acontecimientos mundiales que la prensa, los libros e incluso las series de televisión se han encargado de divulgar. Pero para lo que quizás el mundo no estaba preparado aún en esa época era para que un médico militar aragonés llamado Fidel Pagés inventara uno de los métodos que a día de hoy se aplican en cualquier lugar el mundo en operaciones quirúrgicas para las cuales no se considera necesaria una anestesia general. Estamos hablando de la anestesia “metamérica” o epidural.

UN GOLPE DE REALIDAD

Nacido el 26 de enero de 1886 en Huesca, Fidel Pagés vivió en la ciudad aragonesa hasta que empezó a estudiar el bachillerato. Licenciado en Medicina con premio extraordinario en el año 1908, completó su formación en la Universidad Central de Madrid. Influenciado por las mentes más privilegiadas de su tiempo, como Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset o Gonzalo Rodríguez Lafora, el joven Fidel decidió alistarse en el cuerpo de sanitarios del ejército como cirujano militar. Muy pronto las urgencias de la guerra lo llevarían hasta una de las contiendas más sangrientas de aquella época: la guerra del Rif.

Influenciado por las mentes más privilegiadas de su tiempo, como Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset o Gonzalo Rodríguez Lafora, el joven Fidel decidió alistarse en el cuerpo de sanitarios del ejército como cirujano militar.

A su llegada a Melilla, en 1909, Pagés enseguida se daría cuenta de dónde se había metido. Tan solo desembarcar, se vio invadido en el muelle por los gritos de dolor, el humo y el vaivén de personas que precisaban ayuda inmediata ante una emergencia sanitaria urgente. Las cabilas rifeñas, las tribus bereberes del norte de África, habían asestado un duro golpe a los soldados españoles que se agolpaban en ese muelle en espera de ayuda. 

El joven cirujano, desbordado ante aquel drama, quería saber la causa de aquella masacre y preguntó a la primera persona que pasó por su lado, que solo pudo contestarle, balbuceante: Barranco del Lobo. 

Aquel enclave fue el lugar donde las tropas españolas sufrieron una gravísima derrota a manos de las fuerzas rifeñas.

Un convoy de soldados del ejército español traslada a algunos heridos en 1913, durante la Guerra del Rif. Este fue el primero conflicto bélico en el que Pagés llevó a cabo sus labores como médico, por ejemplo, organizando un servicio de ambulancias capaz de llegar hasta la línea de frente, reduciendo drásticamente el número de muertes- Foto: CC

UN INNOVADOR EN EL CAMPO DE BATALLA

A Pagés le encargaron sus superiores organizar una división de ambulancias de montaña capaces de trasladar a los médicos hasta la primera línea de combate y hasta los lugares más recónditos del frente para poder así evacuar rápidamente a los heridos. Gracias a aquel sistema, el índice de mortalidad disminuyó drásticamente. 

Pero Pagés, cansado de ver sufrir a los soldados en el quirófano a causa de sus graves heridas, empezó entonces a pensar en un método que eliminara el dolor durante las intervenciones quirúrgicas. Con la experiencia adquirida en el campo de batalla, Pagés redactaría un informe acerca de las heridas y las fracturas causadas por las armas de fuego por el que recibió una mención honorífica. 

Las reflexiones del joven médico acerca del sufrimiento de los soldados en combate le valieron un traslado a Viena en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, donde gracias a su experiencia quirúrgica y a sus conocimientos de alemán lo nombraron delegado para inspeccionar los campamentos de prisioneros de la capital austríaca. 

Aparte de sus tareas de supervisión, Pagés también desarrolló una amplia e intensa labor como cirujano en el transcurso de la Gran Guerra.

Pagés, harto de ver sufrir a los soldados en el quirófano, empezó entonces a pensar en un método que eliminara el dolor durante las intervenciones quirúrgicas.

A su regreso a España, las publicaciones científicas de Pagés sobre el tema se sucedieron. En todos sus artículos, el científico ponía de relieve la importancia de hallar una modalidad anestésica que paliara el dolor de los heridos y que estos pudieran ser operados de traumas abdominales que hasta la época eran absolutamente inoperables. 

En 1919 fundó la Revista Española de Cirugía, en la que años más tarde publicaría sus primeros estudios acerca del nuevo procedimiento de anestesia que hoy conocemos como epidural. 

Sus artículos estaban basados en diversas prácticas médicas y en intervenciones quirúrgicas. Aquellos estudios eran tan minuciosos que sirvieron de guía a otros médicos que por aquel entonces daban sus primeros pasos en aquella novedosa disciplina. De hecho, no pasó mucho tiempo hasta que Pagés fue reconocido como uno de los cirujanos más innovadores en España, aunque por desgracia sus estudios no fueron muy conocidos a nivel internacional ya que no fueron traducidos para su divulgación en el extranjero.

MUERTE PREMATURA Y RECONOCIMIENTO TARDÍO

Pagés tuvo que partir de nuevo al frente justo cuando pretendía divulgar sus estudios en el extranjero. El llamado Desastre de Annual, una grave derrota del ejército español en tierras marroquíes, en 1921, llevó a Pagés de nuevo al frente, pero esta vez de una manera distinta. 

El científico iba pertrechado con todo lo necesario y preparado para realizar operaciones que hasta aquel momento ningún otro cirujano se había atrevido a realizar: atender heridas abdominales y, tal como explica en sus estudios, realizar “drenajes trans cerebrales”. 

Pero el estrés del frente acabaría pasando factura al médico aragonés, y en 1923 tuvo que solicitar un permiso para disfrutar de un descanso. 

Pero la desgracia sería la compañera de viaje del cirujano, ya que una vez en España, el 21 de septiembre de 1923, el coche que conducía Fidel Pagés sufrió un grave accidente cerca de la localidad burgalesa de Quintanapalla, en el Alto de la Brújula. 

En el accidente, su mujer e hijos resultaron gravemente heridos, y él perdió la vida. Tenía 36 años. Días después, y en medio de un gran revuelo mediático, se celebró el funeral en Madrid.

Meses después del Desastre de Annual, los cadáveres todavía permanecían insepultos en el campo de batalla, una símbolo de la cantidad de soldados caídos y la imposibilidad de gestionar la catástrofe. – Foto: CC

Pero ¿por qué los estudios acerca de la anestesia metamérica (como Pagés bautizó a la anestesia epidural), es decir, la administración de un anestésico local en el espacio epidural para bloquear de esta manera las terminaciones nerviosas en su salida a la médula espinal, pasaron desapercibidos en el mundo científico internacional? 

Una de las causas sería el propio Fidel Pagés. En ningún momento viajó al extranjero para ofrecer conferencias que diesen a conocer su descubrimiento y también renunció a que su descubrimiento se divulgara en otras revistas científicas que no fueran la fundada por él, la Revista Española de Cirugía.

Esta actitud pudo haber acabado condenando al ostracismo científico, ya que en 1932 el médico italiano Achille Dogliotti declara haber inventado la anestesia epidural y la comunidad científica así lo reconoció.

FUENTE: National Geographic – Por N. Sadurní

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