Los pasos de Cortázar en Buenos Aires.

La provincia argentina fue sin dudas protagonista de muchos de los relatos de Julio Florencio Cortázar, a lo largo y a lo ancho es posible reconstruir gran parte de la historia del aclamado escritor.

Traductor, escritor, profesor y guionista. Dio clases, escribió para revistas literarias, fue docente en universidades y se hizo famoso con la gran obra “Rayuela”. 

Dentro de su lista de innumerables éxitos se pueden mencionar Bestiario, Todos los fuegos el fuego, Final del juego, Historias de cronopios y de famas.

Sus novelas y cuentos definitivamente marcaron un nuevo rumbo en la literatura hispanoamericana. Vinculado con el realismo mágico y el surrealismo, sus obras limitan entre lo real y la fantasía. 

Así también, se lo considera referente del movimiento literario y sociocultural conocido como boom latinoamericano. Se trata de un fenómeno encabezado por distintos escritores reconocidos de Latinoamérica que toman el tiempo de forma no lineal, utilizan recursos vanguardistas y establecen una novedosa línea narrativa con múltiples voces. Además, cuenta relatos y personajes propios de la región.

“La literatura de Cortázar no puede pensarse sin Buenos Aires”, señala Diego Tomassi, autor de Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar, un libro que navega por las profundidades y detalles de la vida del escritor y su paso por la capital Argentina a lo largo del tiempo. 

 

Según su relato, el escritor pasó seis mil días allí y, si bien después cambió su residencia, la ciudad nunca dejó de ser un punto central en sus obras: “Mientras vivió en Francia, Buenos Aires estuvo más presente que nunca en su obra”.

Cortázar, hijo de padres argentinos, nació en Bruselas, la capital de Bélgica. Y después de un breve paso por Suiza y Barcelona, a los pocos años de edad, su familia y él regresaron a Argentina. Junto con su madre, su tía y su hermana se instalaron en Banfield, el primer punto de este recorrido que involucra y vincula a Buenos Aires y al escritor.  

Rodríguez Peña 585 es la dirección en el barrio del sur donde  el intelectual se crió durante su infancia y adolescencia. En esa misma calle transcurre uno de sus cuentos más conocidos, Casa tomada. 

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña”, relata.

Su casa original fue demolida, pero actualmente hay un chalet y en el frente una placa que lo recuerda. En Bestiario, su primera publicación de cuentos bajo su nombre, se refiere a la estación de la localidad: “Pensó una o dos veces en su madre, en Inés -ya estarían en el 97, saliendo de Constitución-, leyó prohibido fumar, prohibido escupir, capacidad 42 pasajeros sentados, pasaban por Banfield a toda carrera (…)”.

En otros cuentos como Los venenos y La señorita Cora también hay vestigios del barrio que lo vió crecer.

A partir de los 14 años comenzó a ir a la Escuela Normal Superior N.° 2 Mariano Acosta en Balvanera, donde se recibió de Maestro Normal y años más tarde, en 1935, obtuvo el título de profesor de Letras.

 

Incluso, allí también fue director de la Revista Adenna del centro de estudiantes. Si bien por la pandemia las visitas se encuentran limitadas, se puede contactar al Espacio de Memoria de la escuela donde se recuerda su paso por la institución y con la que Julio tuvo distintos vínculos.

Julio Cortázar en la Escuela Mariano Acosta 1933. María Luis Ayuso- Pablo Pineau  

Sobre el Mariano Acosta escribió  La escuela de noche en 1982. “Cortázar estaba muy preocupado por los efectos  del  aparato  represivo  argentino  que  la  dictadura  cívico-  militar  había desarrollado entre fines de los años ‘70 y principios de los ‘80. 

Tal vez su recuerdo primigenio sobre estas prácticas las había vivido cuando era alumno de la Escuela Normal”, detallan Pablo Pineau, coordinador del proyecto “Espacios de Memoria”, y María Luz Ayuso, Coordinadora del Archivo Histórico de la escuela. “Por eso, la incomodidad del autor con su escuela sea una metáfora de su malestar con el país”, sugieren en el documento biográfico que realizaron.

En relación a su trayectoria académica, los investigadores indican: “La opción por la docencia pareció responder más a una imposición social que a una voluntad personal, lo que probablemente (…) condujo a Cortázar a abandonar tempranamente esa profesión y a mantener una relación conflictiva con su formación”. Sin embargo, después trabajó como docente en Bolívar, Chivilcoy y Mendoza.

Tomassi cuenta: Cortázar viajaba todos los días en tren desde Banfield hacia Buenos Aires, donde era alumno del colegio Mariano Acosta. Ahí nació un vínculo que perdurará sin tiempo: la tensión entre estar y no estar, entre quedarse o irse”, afirma.

El escritor también era visitante frecuente de uno de los cafés más antiguos de la Ciudad, el Café Tortoni, que actualmente se puede visitar y rememorar la cultura de la élite de aquella época en Avenida de Mayo al 800.  

Son numerosos los lugares porteños que tuvieron al autor de Rayuela como protagonista, Tomassi cuenta: “Mi favorito, aunque ya no existe como tal -ahora es una tienda de deportes- es la confitería Richmond, de Florida y Corrientes, donde en 1948 conoció a Aurora Bernárdez”.

Gentileza Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires.

En el centro, más precisamente, en el pasaje que une las calles Florida y San Martín, se erige la magnífica Galería Guemes, protagonista de “El otro cielo”, uno de los cuentos de Cortázar.  

“Por unas horas olvidé casi rencorosa mente el barrio de las galerías, pero cuando volví a cruzar el Pasaje Güemes (…) fue en vano que invocara la alegre bofetada del café, su olor me pareció el de siempre y en cambio reconocí esa mezcla dulzona y repugnante del aserrín y la cerveza rancia que parece rezumar del piso de los bares del centro, pero quizá fuera porque de nuevo estaba deseando encontrar a Josiane y hasta confiaba en que el gran terror y las nevadas hubiesen llegado a su fin”. 

Se dice que él estaba enamorado del paseo, que pasaba largas horas recorriendo y que, incluso, llegó a compararla con la Galería Vivienne de París.

La vida de Cortazar siempre tuvo un poco de París y un poco de Buenos Aires, sobre todo durante sus últimos años de vida, cuando la capital Argentina lo recibió como visitante y turista por poco tiempo solo para vacacionar. 

La hoy concurrida Plaza Cortázar en el corazón de Palermo, rodeada de bares y restaurantes ideales para la hora del brunch, tomó el nombre del intelectual después de llamarse Plaza Serrano y luego de que se cumpliera el décimo aniversario de su fallecimiento.

Uno de los puntos a tener en cuenta en este recorrido surrealista porteño es el mítico Luna Park. El estadio de la Ciudad que comenzó a frecuentar con un libro bajo el brazo y que dio origen a Torito un cuento donde refleja su relación con el deporte, a partir de una historia que tiene al boxeador Justo Suarez como protagonista.

Cafés, plazas, calles, parques, librerías llevan la impronta de Cortázar. “Como sucede en otros lugares del mundo, en Buenos Aires Julio Cortázar sigue vivo”, finaliza Tomassi.

FUENTE: Por Mora Violante –  Imagen principal: Dani Yako

Portada: Actual figura de Julio Florencio Cortazar en el Bar Notable “Tortoni”

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