El viaje en Metro – Parte II

Era una obviedad, que si bien se habían levantado la mayoría de las restricciones o de aforos para el transporte público, a veces uno se encuentra con personas que no se si considerarlas “antivacuna” o “estúpidas” sin respetar ninguna de las normas establecidas. No se si lo hacen para llamar la atención, elevando su ego o resultan el conocido amig@ que a todo se opone.

Ya en ese horario; el vagón del metro no digo que explotaba de gente pero llevaba con numerosos viajeros parados. Me coloque a no más de dos metros de la joven; mientras los dos “muchachos” a no más de un metro de distancia le murmuraban obscenidades e invitaciones de todo tipo. Pensé, que solo yo los escuchaba por la cercanía, y que no era momento de hacer nada, salvo que la cosa pasara a mayores.

La línea A de uno de nuestros metros; tiene dieciocho estaciones por lo que habíamos tomado la formación en Congreso con destino final a San Pedrito, la estación en que bajaría. La joven se le había enrojecido el rostro y sus ojos, brillaban por contener su llanto. 

El cadencioso andar de la formación, su ruido y la distracción de la gente con sus “aparatitos electrónicos”, provocan que nadie salvo yo, se diera cuenta de lo que estaba sucediendo.

Calculé que tardaría unos veinte minutos en llegar a destino. Pero mi cabeza daba vueltas una y otra vez; la tensión me supera por observar esa escena y el estado de la joven. Ya llegando a la estación Acoyte, cada uno de los jóvenes se pusieron de cada lado, al ver que ella se dirigía a la puerta del vagón.

Al ver la situación, me dije a mi mismo -baja…baja aquí, algo le puede pasar a la joven-. Jamás me creí un mosquetero ni un quijote, pero tenía bien presente que ya de niño, poseía la sana virtud de proteger a las niñas quizás por como me habían criado mis padres, pero fundamentalmente mi madre ya que mi casa era de por sí un “matriarcado”, dado que mi padre estaba bastante ausente por trabajo -no solo se desempeñaba como policía, sino también hacia changas-. Es que ellos alquilaban la casa; éramos seis bocas que alimentar y darles educación a los cuatro hermanos, de los cuales yo era el más pequeño.

La formación se detuvo. Intenté pararme detrás de los sujetos; que casi ya estaban rozando a la joven. Al salir; por ser esa parada de estación aglutinante por todos los edificios que hay en la zona del barrio de “Caballito” , baje con ellos tres y cuando se dirigían en dirección a la salida por la escalera mecánica, quise interponerme entre ellos dos y la joven, pero ágilmente uno de ellos se interpuso delante mio. Me di cuenta obviamente, en ese preciso instante que los tipos ya se habían percatado de mi, quizás por la reiterada insistencia en mirarlos durante el viaje.

Pensé que tenía que actuar con cuidado, ya que no poseía las aptitudes físicas de cuando era más joven, y ellos también podrían estar armados, además de que físicamente se veían atléticos, era la situación para mi un verdadero interrogante. “Fumados o no”; debía ser certero y de ser necesario, solicitar ayuda. En la esquina de las Avenidas Rivadavia y Acoyte, uno se encuentra con mucha gente, volviendo del trabajo o paseando.

Todos subiendo por la escalera mecánica como soldados en fila, la joven, los “raros” muchachos y yo. Salimos al aire de la Avda. Rivadavia. La joven cruzó Rivadavia y tomó por Perito José Moreno, que es la continuación de Acoyte. Seguramente hacia el sur, seguida por los dos sujetos y a unos metros, yo. Repentinamente uno de ellos, dio vuelta hacia mí y al ver que continuaba junto a ellos, camino hacia mi. 

Al acercarse me dijo – “ Che papá”- ¿vos nos estás siguiendo?-

Le respondí: -No, para nada. Vivo en la avenida Goyena, para allí voy-

-Que raro; te venimos viendo desde el subte y no nos sacaste la vista de encima, mira “viejo” que si queres “joda”, te puede ir mal-

-Mire, en primer lugar no me tutee y en segundo lugar no se equivoque de consonante y no me falte el respeto-

-Escúchame; no te hagas el “canchero” que ya no tienes edad para hacerte el héroe, sabes? Y deslizó su campera, mostrando una faca sobre el costado izquierdo.-

-Me parece que estás nervioso y no se porque ni me interesa. Si queres ahí enfrente veo a un policía de la ciudad. Lo llamamos y le dijo que me estás amenazando. ¿Qué opinas?-

– Mira “viejo”, si no nos jodes la vida y decís que vas caminando para tu casa, no hay problema. Pero te repito; no se te ocurra hacer algo, sos un tipo raro, sabías, ¿no?

-Escúcheme, no tengo nada que hablar con usted; ni siquiera lo conozco. Así que vaya con su amigo y deje de jorobar. De lo contrario, le aseguro que llamaré a la policía-

-El tipo se adelantó a paso rápido, porque ya nos habían sacado unos 150 metros tanto la joven como su compinche. Apure el paso; no podía de seguir los pasos de quienes me parecían aberrantes acosadores sexuales.

Continuará…

Glosario:

Muchachos: Adultos jóvenes o adolescentes.

“Che papá” : Una expresión muy común de escuchar, en personas sin educación al dirigirse a un adulto mayor. Forma socarrona.

“Viejo”: Adulto mayor/”padre” en lunfardo.

“Joda”: “Fiesta” en lunfardo

“Canchero”: “hábil,experto an algo…” en lunfardo

“Faca” : Cuchilla hecha a mano de un fierro, generalmente utilizada en las carceles por los internos.

2 comentarios sobre “El viaje en Metro – Parte II

  1. Vaya, no hay muchas personas que actúen a sí, pero seguro que la joven, si tuvo ocasión lo agradeció de corazón. Auqnue sea ficticio, que no lo sé, es auténticamente real…gracias por reflejar estas situaciones de acoso que pueden acabar en agresión y en que la mujer se siente indefensa y a merced de esos “cabrones”

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