Historias de Vida

Juan Manuel

Juan Manuel; a un mes de haber contraído matrimonio con Marianela, se preguntaba por qué motivo, todo se había desencadenado tan rápido y llevado a esa decisión. Marianella era casi cuatro años mayor que él, con solo veinte años, a 15 días de cumplir los 21. 

Trataba de reflexionar sobre las razones; pero se decidió realizar un análisis retrospectivo de su vida hasta ese momento, al creer que lo hizo tan intensamente, creyendo tontamente que se las sabía todas. Hasta que comenzó a reprochar algunas actitudes, que había tenido no solo con amigos y muchachas de paso, sino también con sus padres.

Comenzó recordando que en su infancia, había sido lo suficientemente feliz que en aquella época de los 50, no era poco. Recordaba que su padre además de ser policía de la montada; trabajaba también cuando estaba de franco en trabajos insalubres tanto en una curtiembre como puliendo vidrio, ya que eran seis bocas que debía alimentar, pero además tenía que ver la grotesca y repulsiva figura del Señor Golban,que venía una vez por mes para cobrar el alquiler y de paso, inspeccionaba con una mirada repugnante y llena de soberbia, cada rincón de la casa. Pensaba Juan Manuel, que aquella era una casa que tenía unos cincuenta años de construcción y eran las típicas “chorizo” de Buenos Aires.

Del lado izquierdo, mirando de frente todos los ambientes, uno seguido del otro hasta llegar al último, el baño -único para todos- y del lado derecho, un patio largo con canteros cubiertos por plantas y flores, incluyendo un duraznero “japones” que le daba un tono .exotico. 

Al fondo; una escalera de chapa, en donde se denunciaba estrepitosamente por el ruido que hacía, cuando quien fuera subía o bajaba por la misma. 

Llevaba esa escalera a una pequeña habitación; que cuando él era niño era ocupada por su hermano mayor, Mario quien le llevaba una diferencia de edad de quince años. Luego de Mario; Mabel y Alicia sus hermanas también mayores, con una diferencia de diez y casi siete años. 

Es decir, era el menor y el más consentido de su madre, Sara. 

Se preguntó porque traería a su memoria todo aquello, pero estaba seguro que con ello podría desentrañar cómo había llegado hasta aquí. 

En matrimonio; cuando recordaba que dos horas antes de ir al Registro Civil, se acercó a su madre Sara diciéndole que no quería casarse….La madre, que tiempo atrás le había dicho que ella se oponía a esa relación y que su decisión era demasiado apresurada, ya que él había conocido a Marianela hacía unos cuatro meses, le contestó secamente: -está decisión la tomaste vos; ahora hacete cargo-

Continuó recordando su infancia con detalles que aún tenía bien grabados en su memoria. Sus padres ya al unirse en matrimonio; se habían constituido en noticia, a tal punto que en una oportunidad fue publicada su relación en la vieja revista Caras y Caretas de Natalio Botana. ¿La razón?

Su madre era una de los siete hijos de la viuda Asme Alí de Soleiman; que había llegado junto a su marido y a una hermana de éste, al puerto de Buenos Aires desde el Líbano. Su religión era la musulmana; si bien mantenían las tradiciones, las cinco hijas y los dos hijos menores no estaban obligados a realizar las cinco oraciones diarias del Islam. Eso sí eran parte de una colectividad muy cerrada, al igual que los judios o judios sefardíes. No se integraban a los porteños de la ciudad. Su madre Asme, al fallecer muy joven su marido, continuó llevando adelante el negocio familiar -una verdulería- fuente de sustento de toda la familia.

Por otra parte; su padre Francisco era nieto de genoveses con ascendencia de suizos y vascofranceses -por vía materna-. Su mamá a la que llamaban “Monona” y su padre Felix, eran católicos no practicantes.

Recordaba que distinto era este matrimonio, a aquel que se consagraron sus padres. En una sociedad más que machista; cuando se conocieron Sara y Francisco, gracias al ardid de una de las hermanas de Sara, de pseudónimo Popi, pareció que Cupido se hiciera presente de manera más que expeditiva. 

El flechazo mutuo fue instantáneo. Se decía a sí mismo Juan Manuel; también la belleza oriental de mamá y la “facha” de papá, rubio de ojos grises o verde agua según el clima, no podría haber sido de otra manera.

Pero…siempre hay un pero. Cuando se enteraron los de la colectividad musulmana -ni que hablar-; amenazaron con la expulsión a su abuela y sus hijos; entonces los “paisanos” comenzaron a hostigar al padre -Francisco- hasta llegarlo a correr a él hasta donde vivía, a unos 400 metros en donde 3 o 4 hombres con cuchillas lo amenazaron. Francisco se puso de espaldas contra la pared y empezó a repartir zapayasos a diestra y siniestra; hasta que sonó un disparo. Los “paisanos” huyeron como si hubieran visto al mismo diablo, pero no, era el padre de Francisco abuelo de Juan Manuel, que tiró al aire con su revólver para disuadir a los atacantes.

Pero nada ni nadie pudo hacer que Sara y Francisco se separaran. Por el contrario ella se fue de la casa materna…bahh…la propia madre la expulsó. Y así se hizo la historia que noticia en la revista de gran circulación en aquellos tiempos.

Deambulo la pareja; primero alquilando una habitación en casa de familia, luego viviendo en la casa de Felix, hasta que un día este -malo como la peste- cortó la luz; mientras Sara amamantaba a su primer hijo, Mario. La excusa, es que era mucho gasto. No le importaba que su hijo Francisco, pagará los gastos que la pareja y el niño ocasionarán. Ahí Francisco, discutió con Felix como siempre, ya que las diferencias entre ellos venían de vieja data, cuando el viejo se emborrachaba y les daba mala vida a “Monona” y a sus dos hijos, Francisco y Santiago. 

Por esa razón; mucho antes “Monona” les pidió a sus hermanastras cobijo y educación de sus hijos, y así recaló en donde una de ellas -todas directoras de escuela-, Valentina. Pero como nada es gratis en esta vida; “Monona” se convirtió en la multifuncional mujer que se encargaba de cocinar, lavar, planchar, limpiar, coser y todo lo que a sus hermanastras quisieran pedirle. Fue una Cenicienta antes de mediados del siglo XX.

Esa situación duró como unos diez años, tal es así que Francisco y Santiago se fueron con ocho años y volvieron con dieciocho, en el undécimo pedido del padre a Monona, del feroz Felix. “Monona” accedió por sus hijos y volvieron a la enorme y vieja casa de la calle Argerich.

Eso sí; el sueldo que cobraban tanto Francisco como Santiago, recalaban en las manos de Felix, el padre que le daba unos pesos a cada uno para sus gastos.

Volvió Juan Manuel, a pensar lo que le habían contado sus padres. De alquilar una pieza; luego una casa y luego otra, hasta llegar a la actual, en la que había nacido él. Eso sí un recuerdo lo había marcado para siempre. Tenía cinco años; su padre hacía más de veinte años que estaba en la policía y se desencadenó en la Argentina en el año 1955 el golpe de Estado contra Perón. Si bien no puede precisar Juan Manuel en qué mes se produjo el incidente que vivió, solo recuerda -el dormía en una cama chiquita- al lado de la de sus padres siempre tomado de la mano de su madre, hasta que el sueño llegaba.Una madrugada se despertó por los gritos y ruidos, despavorido. Era su padre con su arma reglamentaria en la mano apuntando al techo y solo recordaba que le pedía a su madre …”un vaso de leche” entre palabras ininteligibles…

Continuará… 

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest –  Almacen de comestibles fines de los ´60 – Buenos Aires.

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