Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 2

Recordaba siempre; aún hoy con temor aquella situación. Hacía esfuerzos para recordar qué pasó después pero sin éxito; quizás su hermana Mabel lo haya sacado de la habitación para que no viera esa terrible imagen y a su madre tratando de contener a su padre. 

Sí en su recuerdo; están las visitas de los domingos al instituto donde estaba internado su padre; nadie le decía lo que pasaba o que tenía. En sus cinco años, recordaba que llegaba a su casa el único que poseía un automóvil en la familia, Santiago hermano de su padre, para acompañarlos a ese lugar, que para sus ojos era muy grande – luego con los años sabría que ocupaba una manzana-, con jardines y grandes palmeras dentro del lugar. 

Al llegar; saludaban a su padre y este lo miraba con una sonrisa con sus ojos color cielo, brillantes por la emoción del encuentro. El lugar tenía todo el perímetro cerrado con un alambrado de una altura de más de dos metros. 

Al irse; recordaba que su padre -al que una de las enfermeras impolutas del lugar,le daba una naranja- y a través de ese alambrado a él ,se la regalaba. Y así cada domingo, durante todo un año.

Supo mucho después; que su padre había intervenido en la fuerza policial cuando se produjeron los disturbios de la Revolución del 55; y en esos hechos vio caer a dos compañeros y él tuvo que repeler la agresión, matando a dos hombres. Una situación que nunca había vivido, ya que enrolado en la fuerza sólo intervino en hechos o delitos menores. En aquella época la figura del policía, anteponía el respeto a la sociedad.

Durante ese largo año; su padre que era un hombre íntegro, por demás amable y generoso con todo aquel que necesitara ayuda, fue sometido a lo que en aquellos momentos se utilizaba en la psiquiatría. Le habían diagnosticado, según le comentó su madre tiempo después, una psicosis muy grave como consecuencia de las situaciones que había vivido. Así que había recibido más de veinte electroshock. 

Juan Manuel se puso a recordar que cuando lo supo le dio curiosidad  al escuchar esa palabra pero no comprender en qué consistía. Por ello buscó denodadamente su significado y se encontró con una definición que le provocó mucha angustia, pensando en lo que debería haber padecido su padre. 

Recordaba que incluso había llorado, luego de leer “Al paciente se lo acuesta sobre la camilla. Los enfermeros le atan el cuerpo, las piernas y los brazos con cinturones para evitar que se suelte o que se dañe cuando empiezan los espasmos. Le abren la boca y le introducen un protector, así no se morderá la lengua ni se romperá los dientes. Le aprisionan la cabeza con pinzas, conectadas a una fuente. Cuando se baja la palanca las descargas eléctricas atraviesan el cuerpo del paciente, que empieza a convulsionar”.-

El resultado posterior a esta maniobra; era que el electroshock inducía descargas eléctricas en el cerebro del paciente con el objeto de producir “transformaciones electroquímicas en las células nerviosas que, a su vez, se traducen en síntesis de proteínas que modifican los neurotransmisores involucrados en la patología”,utilizando una metáfora, era como si se resetean las neuronas“.

Con esa agresiva práctica, los pacientes podrían empezar a responder positivamente a medicamentos que antes no les hacían efecto. 

También había leído que no era inocua su aplicación; ya que podía provocar trastornos de memoria y otros colaterales. Lo que sí sabía sin lugar a dudas; era que su padre que por su enfermedad la repartición policial le otorgó el “retiro efectivo por accidente en acto de servicio”, a los 42 años cada tanto tenía recaídas y debió someterse a tratamientos psiquiátricos permanentes.

Se volvía ausente y agresivo; aún más con su madre, que dicho sea de paso  era a quien no solamente amaba sino veneraba. Primero en su escala de sentimientos por lo que uno podía ver, estaba primero su mujer, luego sus hijas mujeres y al final los varones.

Juan Manuel pensó en ese momento de divagaciones por su matrimonio, que ello podía deberse a la situación familiar que su padre padeció dentro de su círculo familiar desde niño.

No obstante su padre Felix; habiendo dejado de pertenecer a la fuerza policial y cobrando mensualmente su pensión, continuó trabajando primero en una empresa de la cual era dueño su hermano Santiago y luego en otra dedicada al abastecimiento de tubos con costura y conexiones de gasoductos.

Pero Felix, ya no fue el mismo, desde aquella madrugada. Tal es así, que desde hacía dos años Juan Manuel, se había hecho cargo de acompañar a su padre al médico psiquiatra, ya que ante cada recaída se transformaba y con ojos bien abiertos se ponía muy agresivo y era imposible hacerle entender que debía ir al psiquiatra. Juan Manuel esbozó una sonrisa y agradeció haber heredado el fuerte carácter de su madre, pues era el único que  frenaba a su padre y lo convenció de ir, acompañándolo siempre.

Su hermano Mario; con su familia -esposa y cuatro hijos- era alguien que ante problemas semejantes, parecía que huyera como si no se viera en condición de hacerse cargo. Así Juan Manuel, percibió que de hermano menor por obligación debió tomar por así decirlo el “rol” de jefe de familia. Igualmente pensaba que no le disgustaba ello, ya que desde siempre sus ideales siempre estaban del lado del más débil. Así lo sentía.

Un llamado; una voz ansiosa diciendo su nombre lo sacó de sus cavilaciones. Era Marianela; que lo venía a buscar. Juntos se fueron al departamento que habían alquilado en el Barrio de Flores, más precisamente sobre la calle Ramón L. Falcón -aquel jefe de policía que ejecutó las brutales represiones en contra los inquilinos de conventillos y los activistas de la “semana roja”, quien respondía a la oligarquía porteña. Posteriormente fue asesinado en 1909 en un atentado. Es lo que pensó en ese momento Juan Manuel; como podía ser que calles o avenidas de la ciudad, tuvieran los nombres y apellidos de tantos apátridas.

Llegaron al departamento, Marienela le dijo que iba a preparar algo para la cena, con lo poco que tenían. A decir verdad; cuando Juan Manuel trabajaba en una empresa multinacional de bebidas gaseosas, como empleado de la oficina de personal, le había echado el ojo a la recepcionista de la empresa que no era otra que Marianela. Lo que no sabía Juan Manuel; es que tenía un competidor feroz y despiadado, un abogado, un tal Lozada Echenique de la alta sociedad cordobesa que pretendía que Marianela fuera su amante.

Cuando Lozada Echenique supo que Juan Manuel, rondaba por la recepción le advirtió al Jefe de Personal un tal De Angelis, que le dijera a Juan Manuel que no se acercara más a ese lugar. De lo contrario, lo despediría.

De Angelis lo llamó a su oficina y le informó textualmente las órdenes de Lozada Echenique. Juan Manuel le dijo para conformar a todos que sí y sonrió por lo bajo. Ya Marianela y él habían salido más de una vez y tenido una apasionada relación sexual, que llevaba a los dos fuera de todo límite…

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza Pinterest – Monumento a la Carta Magna y a las cuatro regiones argentinas. Ciudad de Buenos Aires.

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