Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 3

Juan Manuel había encontrado en Marianela, una mujer libre de todo prejuicio y creía que esa era la razón por la cual estaba profundamente enloquecido de amor. Recordaba mientras ella preparaba la cena, que antes de firmar el acta de matrimonio en el registro civil de la avenida Rivadavia, eran realmente combates sexuales lo que ambos mantenían. En la cama, en el piso, en una escalera, arriba de una mesa, cualquier otro lugar inimaginable.

Lo había conquistado porque su mirada era hoguera y tenía un muy buen cuerpo, alta, delgada, cintura pequeña y una cadera más unos pechos de miel, que él degustaba como si fueran bombones al final de una fiesta.

Además recordaba que desde los trece años, vagabundeaba por la ciudad, ya que sus padres con la experiencia que habían tenido con su hermano mayor Mario, quien dada la presión a la que lo sometieron se fugó del hogar a la edad de quince años. Desesperados, sus padres iniciaron la búsqueda y recién lo pudieron ubicar luego de dos meses en la casa de unos parientes en la ciudad de Santa Rosa, capital de la Provincia de La Pampa, a unos 700 kilómetros de Buenos Aires.

Sabía Juan Manuel; porque su madre no se cansaba de repetirlo, que Mario había sido el mejor alumno de toda la escuela del primer nivel a la que había concurrido, en todos sus grados. 

Pero al ingresar a la escuela secundaria todo cambió, no solo por las malas compañías. Mario ya no pudo soportar más las presiones de sus padres. Juan Manuel, ya lo sabía sin haber tenido necesidad de preguntar nada en su casa ni a su hermano mayor. En una de las tantas oportunidades que visitaba a una de las hermanas de su madre, “Popi” que le resultaba la más divertida y franca de todas, estuvieron conversando largo rato.

Fue ese día en que se enteró por “boca” de “Popi”; que Mario no la había pasado demasiado bien en su infancia y menos cuando entró a la adolescencia. Nacido en la década del ´30, rubio como el padre y con rasgos delicados, para Sara su madre era “un sol”. 

Pero tanto lo fue; que no le dejaban ni siquiera salir a la calle para jugar con chicos que como él, vivían en el vecindario. Era tal el temor de Sara, de que no le pasara nada, que hasta llegó al extremo un día para evitar que saliera de vestirlo con una pollera de una de sus hermanas para que no saliera ni siquiera a la puerta de calle. 

Juan Manuel, recordaba que cuando “Popi” le dijo esto, no lo podía creer. Su tía se excuso -pensando que había hablado de más- y le comentó que en ese entonces no había psicólogos, como para que sus padres supieran el porqué de la mala conducta de Mario. 

Juan Manuel, no podía justificar lo que habían hecho con su hermano, y así se lo hizo saber a su tía. Peor se puso; cuando “Popi” le dijo que Mario después de finalizar la primaria se había vuelto muy travieso, y que su padre Felix cuando llegaba de trabajar, Sara le contaba lo mal que se portaba Mario.

Ahí nomas, Felix se sacaba de la cintura, el grueso cinturón de la policía y emprendía a los golpes con el pobre Mario. 

En ese momento, Juan Manuel entendió porque Mario era como era, y sin justificar sus malas compañías, pensaba que él en su lugar hubiera reaccionado mucho peor.

Ahí entendió la razón del porqué le dieron a él, la llave de la puerta de entrada a la casa, cuando solo tenía trece años. Tuvo toda la libertad del mundo. 

Fue tan así que teniendo solo 15 años nunca estaba en su casa los fines de semana. ¿El motivo? Conoció en un cumpleaños de la prima de su amigo “Tati”, una chica que iba al mismo colegio de la cumpleañera, dirigido por hermanas de la caridad, y comenzó a salir con ella. Así fue que  Maria del Carmen -así se llamaba- perdió su virginidad en el propio altillo de su casa.

Luego sus padres se separaron y del barrio de Caballito en la ciudad de Buenos Aires, se mudaron a la localidad de Martinez en los suburbios pero en una zona bien “paqueta”. Casualidad o no; su hermana Alicia ya casada vivía a unas 10 cuadras de donde estaba la casa de María del Carmen.

Marianela le gritó desde la cocina, de que en diez minutos ya podían cenar.

Pero Juan Manuel, pensaba realmente que María del Carmen lo había amado de verdad, ya que luego de que se distanciaron, cuando ella se enteró de que él se iba a casar, lo llamó y arreglaron un encuentro en una pizzería llamada Cittadella. Cuando se vieron, Maria del Carmen lo amenazó con que se iba a presentar en el Registro Civil con un almohadón en el abdomen, denunciando que estaba embarazada. Le dijo repetidas veces – ¡vos estas loco! ¡vas a cometer el error de tu vida!. 

Él la tranquilizó, le dijo que la decisión estaba tomada y se despidieron, no sin un llanto muy sentido de parte de Maria del Carmen. No fue la única en decirle eso; ya sus amigos “Tati” Parril y el “polaco” Smulski, le dijeron que estaba loco, insistiendo en que no hiciera esa cagada. Que él era muy joven y además con menos edad que la “mina”, que lo engancho.

Pero a Juan Manuel si le decían lo contrario a lo que él quería escuchar,  hacía lo que a él le viniera en ganas. Creía que como adolescente, había conocido la “noche bien pesada” en círculos que en esos momentos resultaban invisibles para la sociedad, tal el caso de frecuentar muchachos de su edad “gay” o gente de dinero con droga -en ese momento se consumía “coca” de la buena, sin corte alguno. 

Estaba siempre con la mejor “chica”, ya trabajaba y vivía a full, pero eso sí jamás se había acostado con un gay ni consumido sustancias. Cuando le preguntaban qué le pasaba, sabía responder que siempre quería estar bien lucido para “levantarse” a la mejor “mina” del lugar en donde estuviera. 

Recordaba que un tiempo se desempeñó como “asistente del director” de una obra de teatro llamada “Juicio al desnudo”, en donde con picardía las chicas -adolescentes todas- se presentaban generalmente acompañadas por sus madres y el solícito le tomaba todos los datos. Con estos datos; luego llamaba a la que consideraba la más guapa y la invitaba a salir. No todas decían que sí; pero de tres una caía.

En ese ambiente de la noche, conoció a un productor de televisión, ex marido de una famosa vedette, que le gustaba reunirse con adolescentes y hacer fiestas en su departamento de la calle Arenales, a la que Juan Manuel concurrió varias veces. 

Tanto el alcohol como la “coca”, corrían sin prisa pero sin pausa. En una de las oportunidades que fue, le presentaron al hijo de una pareja de actores muy famosos, gay también él con quien estableció una relación de amistad que hasta el día de hoy mantenía. 

Al recordar todo esto; estaba convencido que la decisión de casarse -que fue solo suya-, ya que Marianela le dijo de convivir pero él no pudo con su genio, tan “metejoneado” estaba con la ahora su esposa.

Lo interrumpió Marianela, que lo tomó de la mano llevándolo hacia la cocina. 

Había preparado pollo al horno con unas patatas y la mesa tenía en el centro un florerito con unas pequeñas margaritas. Se sentó…pero Marianela lo alejo de la mesa y le separó las piernas, despacio le bajó los pantalones y mirándolo risueñamente le dijo “como aperitivo esto”, y comenzo hacerle sexo oral…

Continuará….

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Plaza Italia – Ciudad de Buenos Aires- Argentina.

Glosario:

“vagabundeaba” – recorria

“paqueta”            -de gente con poder adquisitivo alto/residencial

“cagada”             -error, equivocarse

“mina”                 -mujer

“coca”                 -cocaína 

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