Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 6

Amaneció lluvioso el sábado; Juan Manuel se despertó temprano y se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. Quería que Marianela; luego de todo lo que le había contado de su desgarrador pasado y la complicada situación económica que ambos estaban atravesando, fuera mínimamente feliz de estar con él y darse cuenta de cómo la amaba. Juan Manuel siempre se consideró un protector de los más débiles, y siempre salió a defender causas ajenas que consideraba justas, lo que muchas veces solo le trajeron problemas. Pero bueno, a su edad no se cuestiona demasiado y la mayoría de lo que hacía le parecía bien. 

Le llevo el desayuno a la cama a Marianela; la que se despertó y se sorprendió con la atención de su esposo;

-Ohhh …qué sorpresa, Juan Manuel. ¿hoy es un cumple mes?-

-No, para nada. Quería que te despertaras con esto y sacarte una sonrisa.-

-Ahh…la próxima entonces, me toca a mi.-

-No hay problemas princesa, estoy para servirte.-

Se dieron un beso apasionadamente, a la vez que Marianela le tiraba de la camisa para que se acostara. Juan Manuel, la tomó del brazo y;

-No Marianela, te has olvidado que tengo que ir a la casa de mis padres.-

-Fruncio el ceño como una criatura; y le dijo “si tonto, solo estaba jugando”.-

-Bueno chiquita; ya me estoy yendo es media mañana y no deseo llegar cerca del almuerzo.-

Se dieron un beso y Juan Manuel salió del departamento. De donde estaban alquilando a la casa de sus padres, había no más de diez cuadras. Pensó que era mejor ir caminando, para ayudarse a sí mismo en cuanto a cómo se lo diría a su madre. Era demasiado orgulloso él y su madre extremadamente dura, cuando en algo tenía razón. Pensaba que no deseaba que le regañara como lo hizo antes de casarse; cuando le dijo que “se iba a morder cada dedo de ambas manos”. No quería discutir. Solo deseaba ser escuchado, ya nada podía volver atrás…Caminó despacio; pensando en cada una de las palabras que iba a pronunciar. Él sabía que su padre, acompañaría la respuesta de su madre, porque desde siempre su familia era un “matriarcado”, eso no le molestaba demasiado ya que conocía a su madre, la que sabiduría le sobraba. De lo contrario; no podría haber enfrentado todas las situaciones que habían sucedido en el transcurso de los años, dentro de su hogar. Era realmente para Juan Manuel, una mujer admirable.

Cruzó Avenida Rivadavia y se paró en la esquina donde cruzaba la calle Concordia, allí justo había una casa de antigüedades que se llamaba “La rueda”, donde el desde pequeño tenía la costumbre cuando salía con su padre o su mamá, de ver las vidrieras todas esas cosas tan antiguas que en realidad eran “joyas de arte” fabricadas por aquellos artesanos, que ya habían desaparecido.

Luego de detenerse unos minutos allí, tomó Concordia hasta la calle Morón en donde estaba la casa familiar a unos veinticinco metros de la esquina. Dobló en Morón, y se acercó a la puerta de entrada de la casa, que ya no era la misma que en su niñez, ya que al casarse su hermana Mabel, construyeron su vivienda en la parte delantera en altos y bajos; mientras que sus padres reformaron totalmente la parte trasera, haciendo a nuevo todos los ambientes siendo mucho más funcionales con un baño y una cocina con muy buen gusto. Ya se habían sacado todas las chapas de los techos y reemplazado por una losa, sobre ella un gran terraza. Solo de la “vieja” casa había quedado lo que fuera la habitación primero de su hermano y cuando este se casó, la ocupó él.

Si bien tenía la llave, prefirió tocar el timbre…y así vio tras el vidrio esmerilado de la nueva puerta de entrada, la figura de su padre acercándose.

La puerta se abrió y su padre con una gran sonrisa;

-¡Hola Juan Manuel, hijo! Que sorpresa, no sabíamos de tu visita. Que raro que no llamaste por teléfono. Y le dio un fuerte abrazo-

-Pasa…pasa…que tu madre está en la cocina….estábamos tomando unos mates.-

-Ingresó a la cocina y vio a su madre, sentada en el comedor diario. Lo miro y se dio cuenta, que estaba feliz de verlo mas que feliz, porque se levantó y se fundió en un abrazo con él, su hijo consentido.-

Se emocionaron ambos, al igual que su padre que presenció la escena. Lo invitaron a sentarse. Su mamá le dijo;

-Juan Manuel, se que vos no tomás mate. Queres que te prepare un cafecito.-

-Bueno mamá, gracias.-

-Y decime hijo, a que se debe está sorpresa.-

-Mira mamá, no voy a macanear. Estamos sin empleo cómo lo saben y del dinero poco nos queda. No podemos seguir alquilando, porque no podemos pagarlo y antes de entrar en problemas con el propietario, preferimos buscar alguna solución.-

-Y vos que tenes pensado, Juan Manuel. Por algo viniste a vernos.-

-Sabemos que está la casa premoldeada de Morón y les queria pedir si podíamos ocupar hasta que se acomoden las cosas.-

-Su madre y su padre se miraron, creyó ver un guiño de su padre…

-Bueno mira hijo, no podes quedarte en la calle y la casa está desocupada. Vos sabes que está amueblada humildemente, porque la usábamos cuando íbamos algún fin de semana con tu padre, que se encargaba del parque, árboles y sembrar algunas hortalizas.-

-Mamá…papá…no estamos para hacernos los exquisitos. Además yo se las cuidaría haciéndole el mantenimiento que haya que hacer. ¿Entonces nos la prestan?-

-Si, por supuesto- contestó la madre con el asentimiento del padre.

-A ver Juan Manuel, le dijo su madre – Podes venir un momento a la habitación que quiero comentarte algo-.

-Bueno mamá, vamos.-

Entraron en la amplia habitación matrimonial de sus padres, y Sara su madre se sentó sobre la cama, señalándole con su mano que se sentara a su lado.

-Mira, Juan Manuel. No puedo verte sin dinero. Veo que estás más delgado. ¿Vos comes? Mejor dicho; ¿ustedes tienen para comer?- Decime, por favor.-

-Si mamá, comemos frugal pero comemos. Espero que encontremos empleo pronto, eso nos sacaría de esta situación por la que estamos pasando.-

-Bueno, mira Juan Manuel te voy a dar algún dinero pero no le digas a nadie. Esto es entre vos y yo, como para ir saliendo del paso hasta que encuentren empleo. Ya del alquiler se olvidan, yéndose a Morón. Eso sí; no dejes de venir a vernos, aunque sea los domingos, ¿sabes?…y le puso un dinero en el bolsillo del pantalón.-

-No…pero mama, ya es más que suficiente la ayuda con la casa de Morón. No…no me des dinero…no puedo….-

-Te queres callar Juan Manuel, sos mi hijo y un hijo mío, no puede pasar hambre.-

Juan Manuel emocionado con su madre, la abrazó tan fuerte que su madre le tuvo que decir;

-Basta Juan Manuel, que vos sos un mastodonte que no mide su fuerza.-

Comenzaron a reírse juntos. Salieron de la habitación y su padre “cómplice de la situación” le sonrió y lo invitó a sentarse por un rato, junto a ellos.-

Estuvieron hablando sobre su experiencia de recién casado, sobre la familia en general, sus hermanos y sus sobrinos ya que Juan Manuel ya fue tío antes de cumplir los diez años, ya que la mujer de su hermano dio a luz a una niña. Luego repitieron, como así también siguieron los nacimientos de su hermana Mabel. Es decir que a los veintiún años, Juan Manuel era tío de tres niñas y cuatro varones.

Llegó el momento de la despedida, se besó con sus padres y salió de la casa exultante, feliz de haber conseguido de sus padres lo que nunca puso en duda, una mano para aliviar la situación en la que se encontraba. Quería llegar al departamento enseguida y darle la buena nueva a Marianela, para ver cuál sería su reacción. Esperaba que fuera la mejor.

Camino rápido…y regresó al departamento en la mitad de tiempo que le había llevado el ir a la casa de sus padres. Tan ansioso y feliz estaba.

Abrió la puerta del departamento y antes de poder decir nada, Marianela con una amplia sonrisa, le dijo;

-!Te llamaron Juan Manuel, te llamaron!-

-¿Quién me llamó? ,¿Qué te pasa?-

-De esa empresa “Servicios Empresarios” por la cual ingresaste como liquidador de sueldos y jornales en la embotelladora de bebidas gaseosas. ¡La recordas, seguramente!-

-Sí…claro, les había comentado que de abrirse una vacante en cualquier lugar, me avisaran…-

-Bueno, llamaron que te tenes que presentar con urgencia en la oficina de ellos, el lunes a primera hora.-

-¿Pero no te dijeron nada más? ¿Algo más concreto?-

– Sí…que te iban a hacer la nota de presentación…que vos ya sabes de que se trata y te ibas luego a la empresa que te va a contratar como liquidador de sueldos, creo que me dijo que es una empresa extranjera.-

Juan Manuel no podía contener su sorpresa y su alegría. Ese día, había sido bendecido por “su” Dios. Hacía tiempo, que no pasaba unas horas tan maravillosas como las de este sábado. Primero la generosidad de sus padres y ahora esto; un trabajo temporario pero un trabajo al fin.

-Miro a Marianela y le dijo;

-Amor, viste que feo esta el día y cuando venía caminando, estaba lloviznando; es una tarde ideal para festejar.- ¿No te parece?-

-Riendo Marianela, lo tomó de un brazo y lo llevó a la habitación…

Continuará…

Glosario:

“Macanear”   Lunfardo: decir mentiras.

Imagen de la portada: Gentileza de Pinterest- Atardecer lluvioso en Buenos Aires

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