Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 7

Antes de entrar a la habitación, Marianela se le colgó de la cintura a Juan Manuel. Ambos no tenían límites en lo sexual. Todo valía. Mientras le desabrochaba la camisa, él le pasaba una de sus manos por entre las piernas…cuando llegaron a la cama se dejaron caer en ella, y alli Juan Manuel comenzó a penetrarla a un ritmo salvaje. Mariaela; tuvo que ponerle las manos sobre su pecho y decirle; despacio Juan Manuel…me duele.

Ahí Juan Manuel, bajo su impulso violento dándose cuenta que su mujer lo excitaba demasiado…pero se detuvo acostándose a su lado. Marianela se sorprendió, y fue así que le dijo;

-Qué te pasa, amor. ¿No te habrás enojado?-

-No para nada…me saque…me deje llevar…fui muy bruto.-

-No Juan Manuel; se juntó todo, los nervios que traías por ver a tus padres hoy. más la buena noticia que te dí al llegar, te debes haber preguntado donde podías descargar tanta euforia (risas). ¿No, vida?.-

Y comenzó a acariciarlo; sus manos se deslizaron por el cuerpo de Juan Manuel mientras ella  bajaba su cabeza hacia los genitales de él, comenzó a practicarle sexo oral…y en segundos se encontraba cabalgando frenaticamente sobre la humanidad de él. Ambos en el sexo se sabian mas que compatibles, uno excitaba al otro con la mas pequeña insunuación o caricia. Se dejaron estar en la cama, mientras escuchaban el ruido tenue de la lluvia afuera. Juan Manuel, sabía que debía presentarse a su nuevo empleo en la mañana y tenía que ordenar con Marianela, las pocas cosas que tenían para irse a la casa de Morón, además de avisarle al propietario que le dejaban el departamento.

Cenaron temprano algo rápido y Juan Manuel sonrió. 

-Marianela, la verdad que no lo puedo creer. Tener la posibilidad de levantarme a la mañana e ir a trabajar.-

-¿Estás feliz, amor?-

-Sí, claro. Pero no solo por lo económico, sino que lo necesitamos de manera urgente. Pero también el no hacer nada, me estaba poniendo loco.-

-Bueno, ahora soy yo la que tengo que conseguir algo…le pido a la Virgen del Valle todos los días que de algún lugar me llamen.-

-Ahh…me olvidaba, mi madre me dio un dinero para que pudiéramos mantenernos un tiempo. Ya me separo para los gastos del bus y te doy el resto para las compras nuestras.-

-Y si estuvieran mis padres aquí, seguramente habrían hecho lo mismo. Pero están tan lejos.- ¡Eso sí, Juan Manuel tenes una madre maravillosa!.-

-En eso, no te quepa ninguna duda; siempre conmigo ha sido así.-

Se acostaron y se besaron dulcemente, hasta quedarse dormidos.

Sonó el despertador a las 6 de la mañana; Juan Manuel entre sueños se levantó y se dirigió al baño. Allí se afeito y tomó una ducha tibia, para despabilarse y beber un café con alguna galletita junto a Marianela, antes de irse. Ella se levantó de la cama antes que él, se  lavó los dientes y se fue a la cocina. 

Juan Manuel; se vistió con uno de los dos trajes que poseía buscando el mejor de ellos -siempre le gustaba combinar bien los colores-, busco una camisa de de blanco impecable y una corbata de tonalidad “salmón”, ello resaltaba con el color “azul” de su traje.

Termino de vestirse y fue hasta la cocina;

-Que guapisimo que estás Juan Manuel; ¿dónde vas? ¿al trabajo o a otro lado?–

-No sea mala, amor. Gracias por el cumplido, pero ya sabes donde voy.-

Rieron ambos y tomaron el desayuno juntos, antes de que él se marchara. Marianela tendría que preparar las cosas por la mudanza y llamar al propietario del departamento -mucha gracia no le hacía- para decirle que se marchaban.

Se despidieron; y Juan Manuel se dirigió a esperar al bus con destino al centro de la ciudad. Este no demoró más que unos minutos y subió.

Llegó a las oficinas de la empresa contratista -en realidad una intermediaria de colocación de empleo temporario para empresas- donde lo conocían y tenían excelentes referencias de otras empresas, a las que lo habían enviado.

Se presentó ante la Sra. Laura; que era la jefa de la oficina la que lo invitó a sentarse.

-Que sorpresa Juan Manuel; al llamarte el sábado al teléfono que nos dejaste, me enteré que te casaste! ¡Te felicito! Tu señora quien me atendió, me pareció un amor de persona…-

-Sí Señora…ella es muy agradable.-

-Bueno mira; aquí tengo la carta de presentación para esta empresa que es una subsidiaria de una empresa alemana radicada en el país. Está cerquita de acá. Es un trabajo temporario como liquidador de sueldos por espacio de seis meses, con posibilidades de quedar efectivo según tu rendimiento, del cual yo no tengo ninguna duda.-

-¿Y el sueldo…Señora?-

-Te van a abonar un 30% más de lo que marca el convenio y te dan tickets para el almuerzo. ¿Que opinas?.-

-¡Que genial!-

-Bueno, lleva esta tarjeta. Al dorso tenes la dirección -que seguramente caminando vas a llegar en 10 minutos y cuando te presentas en la recepción, preguntas por el Sr. Juan Carlos Cuello. ¿De acuerdo, Juan Manuel?

-Sí, todo muy claro Sra. Laura. Muchas gracias, por haberme tenido en cuenta.-

-No, por favor. Te conocemos y sabemos como sos trabajando. No hay porqué. Cualquier cosita, me llamas.-

-Esta bien; que tenga un buen día Señora.-

-Adios, Juan Manuel.-

Continuará…

Imagen de portada: Edificio del centro de la ciudad de Buenos Aires – Pinterest

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