75 años del fin de los juicios de Núremberg: las oscuras revelaciones de los exámenes psicológicos a los que sometieron a los nazis acusados. Final.

“Mala hierba”

Julius Streicher ante el tribunal de Núremberg

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Julius Streicher era un individuo tan desagradable que hasta sus colegas lo odiaban.

Uno de los acusados más singulares fue Julius Streicher. “Tal vez el más repugnante de los criminales de guerra”, dice Dimsdale. Tenía fama de ser el más antisemita en el gabinete nazi -y había mucha competencia para ese título pero él era “lo peor de lo peor”.

Su presencia en Núremberg no era la primera ante un tribunal. Se jactaba de haber sido enjuiciado múltiples veces por difamación, sadismo, violación y otros crímenes sexuales. No obstante, en sus entrevistas con el psiquiatra Kelley, le dijo que dormía muy bien en la cárcel debido a su “conciencia limpia”.

Kelly lo consideró paranoico y cuestionó cómo este ser pudo mantener hechizados a miles de alemanes “sensatos”. Por su parte, el psicólogo Gilbert lo describió como rígido, insensible y obsesivo.

En una ocasión se declaró sionista, dijo que amaba a los judíos y que pensaba que deberían vivir en su propio país, algo extraño en un hombre que durante décadas publicó los discursos antisemitas más violentos y rabiosos.

En su libro, Joel Dimsdale dice que en otro contexto, Stricher hubiera sido considerado simplemente como una “mala hierba”, argumentativo, violento, corrupto y depravado.

Antes de que se les pusiera la soga al cuello, a los condenados se les preguntaba su nombre. Streicher gritó desafiantemente: “¡Heil Hitler! ¡Usted conoce bien mi nombre!”

¿Fingiendo locura?

Rudolf Hess en prisión

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Rudolf Hess se quejaba de que lo estaban tratando de envenenar.

El tercer líder nazi que Dimsdale estudió fue Rudolf Hess, el Führer suplente y uno de dos acusados sobre los que el tribunal dudó si tenía las condiciones mentales para enfrentar un juicio.

Hess fue un alto dirigente del Partido Nazi. Estuvo encarcelado con Hitler en los años 20 y le ayudó a escribir “Mi lucha”. A pesar de su rara apariencia “cadavérica” y sus excentricidades fue un interlocutor popular en los famosos mítines nazis. El psicólogo Gilbert declaró que “tenía una devoción canina hacia Hitler”.

Pero su influencia empezó a decaer y al comienzo de la guerra Hess voló secretamente a Inglaterra donde aterrizó en paracaídas con la intención de llegar a un acuerdo de paz con los británicos. Allí estuvo encerrado durante años en un hospital psiquiátrico.

Tras su traslado a Núremberg, se quejó constantemente de amnesia intermitente, de sufrir dolores y de que los Aliados intentaban envenenarlo porque estaban controlados hipnóticamente por los judíos.

Se comportó de forma tan rara que algunos cuestionaban si estaba fingiendo, así que trajeron a un equipo de psiquiatras de todo el mundo para entrevistarlo. “Algo andaba profundamente mal con Hess”, señala el profesor Dimsdale, “pero no tan malo que no pudiera participar en su defensa”.

El tribunal lo condenó a cadena perpetua en la prisión de Spandau, en Berlín, donde permaneció hasta agosto de 1987, cuando se ahorcó a la edad de 93 años.

“Psicópata amigable”

Hermann Göring comiendo en su celda

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El doctor Dimsdale describe a Göring como “un hombre disoluto con un gusto por el lujo y el robo”.

Finalmente, Hermann Göring fue el acusado de más alto rango en ser enjuiciado en Núremberg y el cuarto que estudió Dimsdale en “Anatomía de la maldad”.

Göring fue presidente del Reichstag (Parlamento), fundador de la Gestapo (policía secreta), comandante en jefe de la Luftwaffe (Fuerza Aérea), coordinador de la Conferencia de Wansee (donde se diseño la “Solución Final” para el exterminio de los judíos) y el creador de los primeros campos de concentración.

Era altamente inteligente, imaginativo y a la vez brutal, con una completa indiferencia por la vida humana. Un adicto a los opiáceos con una personalidad exuberante, escribe Dimsdale en su libro. “Un hombre disoluto con un gusto por el lujo y el robo” y exageradamente corrupto. Saqueó piezas de arte a diestro y siniestro. Pero también era “simpático, amplio, excéntrico y divertido”, indica el autor.

Un “psicópata amigable” fue como Gustave Gilbert lo describió. Su reacción hacia este acusado, como hacia los otros, era de “repugnancia”, afirma Dismdale.

Antes de que fuera sentenciado, Göring le preguntó al psicólogo qué habían revelado sus test de Rorschach, y le contestó: “Sinceramente… aunque demuestran que usted tiene una mente activa y agresiva, no tiene las agallas para enfrentar su responsabilidad… eso mismo hizo durante la guerra, drogando su mente para no enfrentar las atrocidades… usted es un cobarde moral”.

Douglas Kelly, por su parte, también pudo ver más allá de la encantadora personalidad de Göring, catalogando como un “individuo agresivo narcisista… dominado por una fijación en él mismo”. Sin embargo, desarrolló sentimientos muy positivos en torno al prisionero, señala Dimsdale. “Se la llevaron divinamente. Göring inclusive le solicitó a Kelley que adoptara a su hija (no lo hizo)”.

Göring estaba indignado por el hecho de que su ejecución no fuera ante un pelotón de fusilamiento, sino que tuviera que sufrir la humillación de ser ahorcado. Horas antes de subir al patíbulo, se suicidó mordiendo una cápsula de cianuro. Se especuló con que Kelly pudo haberle pasado el veneno como un gesto de compasión.

Uno de los sobres de Rudolf Hess donde mantenía muestras de comida supuestamente envenenada

FUENTE DE LA IMAGEN – JOEL DIMSDALE

Uno de los sobres de Rudolf Hess, con sellos de cera, donde mantenía muestras de comida supuestamente envenenada.

Contratransferencia

Las distintas percepciones de Gilbert y Kelly sobre los acusados pueden ser causadas por la posible “contaminación” que puede afectar a los especialistas por su contacto cercano con el paciente. El fenómeno se llama contratransferencia.

“Cuando te sientas con alguien durante horas y horas, algo se te unta como terapeuta”, explica el doctor Joel Dimsdale. “Todos tenemos sentimientos cuando interactuamos. Podemos no saber nada del sujeto (que analizamos) pero algo en su voz o cómo se porta nos recuerda a alguien que conocimos en el pasado y hacemos una transferencia de cómo nos hace sentir. Algunas veces son sentimientos positivos, otras veces muy negativos”.

Como anécdota inquietante, Dimsdale resalta que Douglas Kelly tuvo una carrera bastante activa durante los siguientes diez años después de los juicios. Impartió innumerables seminarios sobre el tema, se destacó como profesor de criminología en la Universidad de California, Berkeley, rodeado de objetos recopilados en Núremberg. Su ritmo de trabajo era intenso, así como su alcoholismo e irritabilidad. En año nuevo de 1958, tras un ataque de furia, se suicidó en frente de su familia con cianuro.

“Tuvo que haber algo inusual en sentarse en una prisión con estos criminales de guerra”, afirma el doctor Dimsdale. “Eran celdas pequeñas, húmedas, oscuras. Ambos se sentaban en un pequeño catre a hablar interminablemente, en entrevistas, con tests psicológicos y uno apenas se puede imaginar el sentido de horror de estos psicólogos y doctores de estar lado a lado de quienes habían perpetrado actos terribles”.

No obstante, también les molestó que no hubieran podido encontrar una definitiva “marca de Caín” en estos criminales de guerra, dice el profesor de psiquiatría. “Creo que les sorprendió que no estuvieran sentados al lado de monstruos”.

Dramatización de la BBC de una de las sesiones de Gustave Gilbert con un acusado de crímenes de guerra nazi

En esta imagen de una dramatización de la BBC de una de las sesiones de Gustave Gilbert con un acusado de crímenes de guerra nazi se aprecia la cercanía entre analista y paciente.

Resultados ocultos

Tal vez por eso y por las conclusiones distintas a las que llegaron Kelly y Gilbert, los resultados de las pruebas de Rorschach de los líderes nazis esencialmente se ocultaron. En épocas diferentes hubo intentos por revivir el interés pero ninguno de los analistas que recibieron las pruebas quiso responder sobre lo que veían.

Décadas más tarde, una psicóloga llamada Molly Harrower decidió hacer una prueba ciega con los resultados. Primero borró los nombres que identifican a qué criminal de guerra pertenecían los resultados y los mezcló con los resultados de otras personas incluyendo pastores religiosos, estudiantes de medicina, enfermeras, ejecutivos y delincuentes juveniles. 

Luego los envió a expertos pidiéndoles que los ordenaran en grupos diferentes.

“Básicamente, en la interpretación ciega, no hubo diferencias palpables entre los criminales de guerra y el resto”, contó Dimsdale a BBC Mundo. “El resultado de ese experimento no reveló nada en cuanto a las características psicológicas de los líderes nazis”.

El tribunal en Núremberg como se ve en la actualidad

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El tribunal en Núremberg como se ve en la actualidad y que forma parte de un museo que conmemora el proceso.

Hoy en día, las pruebas de Rorschach no se usan mucho, según Dimsdale. Desde los 80 se hacen entrevistas de diagnóstico psiquiátrico y se cuenta con un Manual de Diagnóstico Estadístico para el estudio y tratamiento de trastornos mentales que se actualiza anualmente.

Si deseas conocer la respuesta a la próxima pregunta; por favor cliquea en la misma, que se encuentra escrita en “negrita”. Muchas gracias.

“En el campo de la neurociencia se realizan trabajos con respecto al cerebro y el comportamiento”, comenta el profesor. “Hay imágenes cerebrales que se pueden presentar ante los tribunales como una forma de defensa para argumentar que la persona acusada no es mala pero que tiene un cerebro defectuoso y así lograr algún tipo de clemencia. Este tipo de cosas pasarán más en el futuro, serán tema de debate en los tribunales”, afirma.

“Hubiera sido más cómodo concluir que había algo absolutamente, definitivamente singular, profundamente malvado, patognomónica mente horrible con estos líderes nazis”, dice.

“Tienen que ser monstruos. Eso es lo que queremos que sean. Si son algo menos que eso, nosotros tenemos que enfrentar el interrogante de ‘¿Qué hubiera hecho yo?¿Hubiera llegado tan lejos?’ Esa es una pregunta muy dolorosa e inquietante para la gente”.

*Este artículo se publicó originalmente en octubre de 2020 y fue actualizado con motivo del 75º aniversario del fin de los juicios.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo por William Márquez.

Nazismo/Juicio de NÜremberg/Exámenes psicológicos/Patologías/Criminales de guerra/

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