Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 8

Juan Manuel salió de la empresa de contrataciones feliz por tener nuevamente empleo. Las cosas se iban enderezando y ello lo ponía más que contento. Había hecho las paces con su madre; ya no tendrían la carga de pagar un alquiler y ahora esta nueva oportunidad.

Sabía que caminando demoraría lo que le había dicho la Sra. Laura. Pero fiel a su costumbre no dejó mientras caminaba de mirar muchachas que le parecían bellas, piropeando a las misma y en algunos casos, recibiendo devoluciones de sonrisas.

No podía olvidar su pasado de trasnochadas y fiestas. Y lo peor de todo, es que si bien amaba a Marianela, extrañaba ese ruido de la noche. Llegó al edificio y se dirigió al sexto piso, en donde se encontraban las oficinas de la representación de la empresa de origen alemán en el país. Al salir del ascensor, se encontró con una gran puerta vidriada y detrás de ella una muchacha, que supuso debería ser la recepcionista o quien atendía el conmutador telefónico.

Pulsó el timbre de la entrada; se dio a conocer y le informo a quien deseaba ver. La muchacha le dijo que aguardara un minuto y una vez que se comunicó -pensó Juan Manuel con Cuello-, lo dejó entrar.  La joven tendría la edad de Marianela y era muy bonita. Le extendió la mano para saludarla y se presentó. La muchacha le devolvió el saludo con una sonrisa y le pidió que esperara unos minutos.

No habían pasado más de cinco minutos, cuando se acercó donde estaba un hombre de unos 40 años,  grueso de físico y con bigotes;

-Buen día, joven. ¿Usted debe ser Juan Manuel Campisi, verdad? Soy Juan Carlos Cuello.

-Si Sr. Cuello, el mismo. Encantado de conocerle. Mucho gusto.-

-Bueno Juan Manuel, ¿puedo llamarlo por el  nombre?.-

-Si, por favor. No hay problema.-

-Bueno ingresemos y vayamos a la oficina así se pone cómodo y luego les presentaré a todas las personas que trabajan aquí. Esta sede es exclusivamente administrativa.-

Ambos se dirigieron al lugar donde se encontraba el sector de Personal, ahí el Sr. Cuello le señaló su escritorio, además de las formalidades de la empresa en una charla cordial y amable. Para Juan Manuel; creía que Cuello le resultaba simpático por su forma de ser. Luego las presentaciones de rigor, y fue estrechando las manos de quienes estaban a cargo de los sectores y otros empleados, recibiendo cordialmente la bienvenida. 

Pensó que distinto era ese ambiente de trabajo, a lo que había sido su pasaje por la embotelladora, con el recuerdo de Lozada Echenique y De Angelis. Ni siquiera ningún compañero trató de comunicarse con él, luego de que se marchara. Cada cual cuidaba su quintita y nadie se iba a poner a decir lo que pensaba, y correr el riesgo de perder su trabajo. Le daba “bronca” pero los comprendía.

El día pasó “volando” según su sensación; ya que Cuello lo puso al tanto de sus tareas y ya con la experiencia que posee comenzó a hacerlas sin dificultad alguna. Quizás alguna “pregunta puntual”, dado que los trabajadores estaban encuadrados dentro del gremio metalúrgico.

Su horario sería de 8 a 17:30; con media hora para almorzar con los luncheon tickets que le daban. Almorzó con Cuello ese día; para ir conociéndose. Salió unos minutos más tarde del horario establecido. Ya era una costumbre en él, ser casi siempre el primero en llegar y el último en retirarse.

Tomo el bus de vuelta al departamento. Marianela lo estaba esperando; ansiosa para saber como le había ido en su primer día. Juan Manuel le contó cada detalle; sabiendo que seguramente la incisiva pregunta que le haría;

  • ¿Y las empleadas de las oficinas allí; son bonitas?-

Si algo era lo que le molestaba a Juan Manuel, es venir observando e ir conociendo los celos de Marianela, que a veces hasta les parecía enfermizos. Pensó hacia sí mismo, que él no era ningún “santo”; pero igual le contestó;

  • No me fije; porque nadie te podría superar.-

Hablaron de cómo le había ido a ella, sola en el departamento casi todo el día. Ella le comentó que se ocupó de guardar en unas cajas de cartón; que le dieron en el almacén de la esquina, las pocas cosas que ambos tenían y algún que otro elemento de la cocina, al saber que el próximo sábado se mudarían a la casa de Morón. También le comentó a Juan Manuel; que le comunicó al propietario del departamento que se iban;

-¿Y qué te dijo?-

-Mucho no le gusto; me dijo que teníamos que haberle avisado con tiempo?

-Según el contrato; no es así.-

-Bueno pero finalmente lo entendió. Lo que me dijo; es que va a venir el sábado cuando nos vayamos, para ver en qué condiciones le entregamos el departamento y recibir las llaves.-

-Esta bien; es lógico. ¿Hay algo para cenar?.-

-Fideos con manteca; ¿te gusta?-

-A falta de pan; buenas son las tortas.- le contestó Juan Manuel riendo.

Ya había transcurrido un año desde que estaban en la casa de Morón. Juan Manuel; continuaba aún en forma temporaria en la misma empresa. Era valorado por su jefe en cuanto a su trabajo; solo lo cansaba el largo viaje al centro que debía hacer cada día. Con un colectivo llegaba hasta la estación de trenes en Morón, allí tomaba el ferrocarril hasta la parada denominada Plaza Miserere y de ahí caminaba unas cinco cuadras. A la vuelta lo mismo, lo que le significaba en tiempo de viaje, aproximadamente una hora y minutos para ir, otro tanto para volver.

Mientras tanto, Marianela consiguió un trabajo temporario, en un local de una cadena de electrodomésticos, como promotora de lunes a sábados. Ya estaban desahogados en lo económico, así que fueron comprando algunos muebles y ropa blanca que necesitaban.

En ese año; Juan Manuel pudo confirmar que su mujer era extremadamente celosa ya que aun cuando visitaban los domingos a los padres de él,  observaba su cara de disgusto, cuando a su madre la abrazaba y besaba. Le parecía intolerable y estupida esa actitud. Uno de esos domingos, hasta discutieron por ello. Y Marianela, como siempre, lo resolvió poniéndose a llorar en forma convulsiva. Juan Manuel iba conociendo la manera manipuladora de manejar las situaciones de su mujer, en que se ponía siempre en papel de víctima.

Al tiempo; Marianela lo sorprendió al decirle que le quería contar un secreto;

-Juan Manuel pensó para sí; qué cosa descabellada tendría su mujer, y le preguntó:

-Decime; ¿cual es el secreto?-

-Qué no me vino la menstruación…tengo un atraso….¡Creo que estoy embarazada!-

Juan Manuel; abrió sus ojos y luego de abrazarla, le dijo:

-Vaya…vaya…qué felicidad, amor. ¡Vamos a ser padres!-

-Si; Juan Manuel pero sabes todo lo que te conté aquella vez. Debo ver a un ginecologo para confirmarlo y saber cómo está el bebe.-

-Sí es lógico; ¿y sabes quien puede ser el médico? 

-Viste Elizabeth, la mujer de Esteban con quien nos hicimos amigos. Bueno ella me recomendó uno, que vive justo aquí en Morón.-

-¿Pediste una cita?-

-No; prefiero esperar la segunda falta. Por lo que te dije ¿Me comprendes?-

-Si…claro; esta bien. Pero festejemos, no cocines nada para la cena. Vamos a la pizzería que está acá cerca a cenar.¿Te parece?-

-Bueno…me cambio y vamos.-

Continuará

Glosario:

“bronca”      enojo

Imagen de portada: Plaza Miserere – Estatua a Bernardino Rivadavia (Primer presidente argentino).

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