La mujer que murió dos veces: “Podía oír y ver todo, pero no podía moverme”.

Rafaela Baroni tiene 82 años y vive en un pueblo de Venezuela. Estuvieron a punto de enterrarla dos veces. Los detalles.

Rafaela Baroni es una venezolana muy particular. En el pequeño pueblo de Betijoque, en el estado de Trujillo, es una celebridad, en parte por sus valiosas obras como artista plástica, casi todas apuntadas al arte religioso, pero mucho más porque “volvió dos veces de la muerte”, experiencias de las que Rafaela, hoy de 82 años, cuenta vivencias con una precisión sIngular. 

La primera vez que Rafaela “murió” era una niña, tenía apenas 11 años, ya había perdido a su padre y su madre se había vuelto a casar mudándose a Mérida, donde una tarde de 1945 la encontraron inmóvil y sin signos vitales.

La llevaron de urgencia a un médico que vivía en las cercanías y el médico, tras revisar, confirmó la peor noticia: “la pequeña ha muerto”. Luego de tan terrible desenlace, inexplicable porque Rafaela parecía gozar de buena salud, se hizo el velatorio, y cuando estaban por sepultarla la nena empezó a moverse, sumiendo a todos en shock. Desde entonces sería “Rafaela, la que volvió de la muerte”. 

Ella recuerda el tema “como si fuera hoy”, dice, “recuerdo que oía todas las conversaciones, hasta veía a los asistentes, me alegré incluso cuando vi que habían venido mis abuelos, me acuerdo de mi desesperación cuando veía que me iban a enterrar y yo trataba de moverme y decirles que estaba viva…”.

“El milagro de Rafaela” ganó todas las conversaciones, y le dio un aire de misticismo que la acompañaría toda su vida, señalando incluso su tarea como artista plástica. “Recuerdo que quería ayudar a todos, una vez murió una vecina de lepra y nadie quería tocarla para vestirla antes de enterrarla para no contagiarse, yo fui y me encargué de vestirla y la metía en el ataúd, lo que hizo que luego cuando alguien tenía desgracias en la familia me llamara para ‘preparar a sus muertos’, hice ese trabajo unos cuantos años…”, indica con una sonrisa.

El matrimonio de Rafaela con Leopoldo Sánchez, un hombre con el que recuerda haberse casado “en contra de mi voluntad”, no duró mucho y a los 31 años se volvió a casar con “el amor de mi vida, Rogelio Albornoz”, hasta que en 1977, después llegaría “su segunda muerte”. 

“Estuve muy enferma, pasé 19 días en coma y finalmente me dieron por muerta otra vez, llegue a estar así casi tres días, no me enterraron porque había unos papeles que faltaban, así que me llevaron a la morgue de Boconó y me dejaron en el piso hasta que aparecieran esos papeles”, contó Rafaela de aquella situación,recordando que también “podía ver y escuchar todo, cuando los empleados de la Morgue vinieron finalmente a buscarme, empecé a moverme y allí casi se mueren ellos del susto. Salieron corriendo gritando que estaba viva…”, apuntó.

Hoy, en Betijoque, a “la mujer que murió dos veces” la gente le lleva a familiares con diversos problemas de salud “para que los cure”, sobre todo chicos. 

Gente de todas partes de Venezuela peregrina a su casa, y como anécdota Rafaela recuerda que en 1997, cuando Hugo Chávez pasó en campaña por la zona, ella le tomó las manos y vio el final que tendría: “Le dije ‘Presidente, no necesitas buscar votos, tú tienes que cuidarte porque te viene algo muy bravo'”.

La foto de Rafaela con Hugo Chávez, en la campaña de 1997. “Ví lo que iba a pasar”, dijo la mujer.

Esa “segunda muerte”, hizo que los médicos estudiarán detenidamente su caso y fue cuando al fin le diagnosticaron “catalepsia”, un estado en el que se yace sin poder moverse, incluso sin signos vitales, pero en estado de consciencia. 

Las razones por las que se puede producir son múltiples y en el caso de Rafaela nunca fue explícito. Ese segundo episodio que lleva a que la entierran viva no fue sin graves secuelas, perdió el habla durante meses. Luego llegaría un accidente de tránsito, varias circunstancias traumáticas, incluso una internación por varios meses en un hospital psiquiátrico, ceguera temporal, hasta que Rafaela cuenta que apareció en mis sueños la Virgen del Espejo, y en homenaje a ella empecé a tallar en madera, y seguirán diversas manifestaciones artísticas, todas con el tono religioso como norte.

Las pinturas y esculturas de Rafaela Baroni remiten casi siempre a motivos religiosos.

“Ya he pasado los 80 años y espero la muerte todos los días”, señala, espero que me entierren en la cripta que yo misma he hecho en Paraíso de Aleafar, taparán mi cara con un blanco lienzo, me vestirán de azul como yo quiero (…) Volará mi alma no sé si al cielo o al infierno, donde Dios tiene reservado mi lugar…”.

Imagen de portada: Gentileza de Editorial Perfil

FUENTE RESPONSABLE: Redacción Editorial Perfil 

Muerte/Catalepsia/Vida/Sociedad/Venezuela.

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