Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 12

Llegó a la terminal de buses en Liniers; media hora antes de que arribará en el micro que viajaban sus suegros. Los había visto solo una vez en este año que llevaba casado con Marianela. La habían tenido de grandes; ambos eran jubilados. Camilo estaba retirado de la Policía de Córdoba y Rosa, se jubiló como mucama del complejo del Sindicato de empleados y obreros de energía eléctrica (Luz y Fuerza).

Eran gente humilde pero amable, vivían en un departamento alquilado al fondo de un chalet que además cuidaban, cuyo propietario era de Buenos Aires. Para ellos por lo que pudo observar, su hija estaba por encima de todo a pesar de que ella se fue sola hacia cuatro años de Villa Giardino, su pueblo en las Sierras del Valle de Punilla, lugar turístico que en verano se llenaba de gente tanto de Buenos Aires, como de la propia ciudad capital cordobesa y de la Provincia con la que limitaba, Santa Fe. Hay más viajeros de la ciudad capital, Rosario. Eran personas generosas, ya que recordaba que en el viaje anterior, se habían tomado el trabajo (Rosa, por supuesto) de preparar alimentos en escabeche, colocados en coloridos frascos de vidrio. Ahh…y los infaltables alfajores cordobeses de doble tapa.

Se sentó en un barcito de la Terminal y pidió un café. Juan Manuel solo esperaba que el bus llegará a horario, ya que luego de llevarlos a Morón debía volver a la ciudad. Habían pasado diez minutos, cuando el bus arribó a la estación. Se levantó y salió del bar, se paró en la dársena cuando ya estaban abriendo la puerta. Los primeros en salir, fueron sus suegros. Intercambiaron saludos, los ayudó con las maletas y enseguida les dijo que lo acompañaran a la parada de taxis (un gasto extra, pensó. Pero no puedo hacer otra cosa, si quiero volver rápido al trabajo).

En el viaje los puso al tanto de lo que estaba sucediendo y les pregunto cómo viajaron; si pudieron dormir durante ese viaje de casi once horas. Camilo le dijo que sí; Rosa en cambio que por los nervios, solo dormito. Llegaron a Morón y Juan Manuel le pidió al taxista, que esperara -el deseaba que lo llevara aunque más no fuera, a la estación de trenes de Morón-.

Les abrió la puerta y mientras el reencuentro produjo la algarabía de Marianela con sus padres, él se ocupó de entrar las maletas. Les pidió disculpas por dejarlos, le dio un beso a Marianela, saludo a sus suegros y se fue.

Todo le había salido, tal como lo planificó. Ya en la estación, tomó el tren que recién arribaba de la cabecera de Moreno. Llego a Plaza Miserere, camino hasta el trabajo adonde llegó a las 10 de la mañana. Pensó que tendría que quedarse por la carga de trabajo que tenía encomendada, hasta las 8  de la noche. Otro largo día. Pero bueno; por lo menos su mujer estaba acompañada y entretenida con la llegada de sus padres. Respiro profundamente,saludo a Cuello y se sentó en su escritorio.

Llegó cerca de las diez de la noche a su casa. Rosa se quedó en su casa y a su suegro, Camilo lo habían venido a buscar para llevarlo a la casa de la comadre en Moreno, como también el equipaje. Saludo a ambas; le dijo a Marianela que comería lo que hubiera en la heladera y luego se acostaría en el sillón del comedor. Rosa se disculpó por ocupar el dormitorio.

-No; señora. No tiene por qué disculparse, la casa es chica. Pero usted conoce bien la frase que dice “la casa es chica, pero el corazón es grande”. ¿No?-

-Rosa al igual que Marianela, se rieron de las palabras de Juan Manuel.-

Era jueves, pensó Juan Manuel. Le quedaba el viernes en el trabajo y el fin de semana, lo aprovecharía para escribir varios currículum para leer el domingo los avisos clasificados de empleos. Sabía que su trabajo era temporal y lo que buscaba era seguridad, estabilidad y posibilidad de progresar. Al no tener teléfono. ponía el de sus padres a los que llamaba casi a diario por si tenían novedades.

El viernes finalizó con la nómina de sueldos de los dos establecimientos, le informo de los valores al de Administración y ya más aliviado, comenzó a preparar los listados por el cambio que se iba a requerir, para que luego el Banco a través de una empresa de seguridad, enviará un camión de caudales y él pudiera colocar el dinero en cada recibo, para gestionar el pago a los trabajadores. Ya había cumplido, como siempre a pesar de ser una semana difícil tanto en casa, como en su trabajo.

El sábado estando Marianela en reposo, se dedicó a limpiar un poco, principalmente el baño y luego hizo unas compras para cocinar algo, ya que le daba “cosa”, pedirle a su suegra que se pusiera a cocinar. Prefería que estuviera con su hija, cuidándola. Además tendrían mucho de qué hablar, por aquello de “pueblo chico, infierno grande”.

Él siempre recordaba que en el ¨65 sus padres lo llevaron de vacaciones a Villa Giardino, donde luego se hospedaron también su hermana Mabel y su cuñado. Alquilaron un chalet tan grande, al que le habían puesto como nombre “El Tumiñico” que averiguando su significado, era nada más ni nada menos, que uno de los tantos nombres que le daban al colibrí. 

Y era así “Tumiñico”, como lo llamaban los indios calchaquíes en la Argentina, antes de la invasión española. Recordaba que se había hecho amigo de una bonita rubia con ojos celestes, de padres yugoslavos y que el año anterior salió elegida como reina del pueblo. Qué casualidad pensaba, que cinco años antes de conocer a Marianela, hubiera estado en el lugar en que ella vivía con sus padres, en ese momento. -Lo que es la vida-pensó-.

Fue un fin de semana a toda orquesta; porque Camilo el domingo no dejó de venir a Morón, junto con el matrimonio de Moreno y su pequeño hijo  de cinco años. Juan Manuel, salió para comprar alguna bebida gaseosa y galletas como para tratar de ser un buen anfitrión. La gente grande hablaba de sus cosas e historias que habían compartido. 

Juan Manuel era solo un atento escucha, ya que no podía opinar sobre lo que no conocía. Ahí se enteró, que el marido de Laura, se llamaba Francisco pero le decían “Paco” era español y trabajaba en el Metro de la ciudad como mecánico. Paco decía que estaba contento con su trabajo, ya que eran solo 6 horas -por ser insalubre, al estar bajo tierra-, cobraba un buen sueldo lo que les permitió comprar su casita en un Barrio llamado La Perla, donde vivía toda gente de trabajo. Ya hacía veinte años que trabajaba en “Subtes de Buenos Aires”.

De lo único que se quejaba, era que ahora la empresa la dirigen los militares y eran más que controladores del personal; si alguien hacía una macana lo despedían sin más miramiento. En un gobierno no democratico; pensó Juan Manuel “los sindicatos no existían, los borraban”.

Finalizado el domingo, se fueron a su casa llevándose a Camilo. Tanto Rosa como Marianela, ya a las nueve de la noche se fueron a acostar. El se quedó solo en el pequeño comedor, bebiendo un vaso de gaseosa. Luego…se fue al baño, al salir se recostó en el sillón. Empezaba otra semana…e importante por los estudios del martes…

El martes Rosa, acompañó a Marianela a la Clínica. Le hicieron ambos estudios y le informaron que los resultados estarían para retirar el jueves. Ante eso, Marianela -ansiosa- llamó al Dr. Kandinsky solicitando a la secretaria turno a última hora del jueves. De lo contrario, para el día viernes. La secretaria, le hizo un lugar para el jueves a las 19 horas. Marianela se quedó tranquila, esperaría el regreso de Juan Manuel, para decirle todo lo que había sucedido…

Continuará…

Glosario:

“macana”    –  mentira; exageración de algo

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Vieja y tradicional casa del Barrio de San Telmo- Ciudad de Buenos Aires-República Argentina.

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