Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 13

Juan Manuel ese mismo martes, llamó a la casa de una vecina para pedirle si tenía la gentileza de avisarle a Marianela, que llegaría más tarde porque pasaría un rato a visitar  a sus padres, a los que por todas las situaciones que habían sucedido, hasta dejo de llamarlos por teléfono como habitualmente lo hacía. No obstante; cuando le avisó a su madre que iría, ella lo sorprendió diciendo que habían llamado de una empresa; preguntando por él, por un currículum que había enviado, solicitando empleo.

La vecina le dijo que se quedara tranquilo, que cruzaría y que le avisaba a Marianela.

Juan Manuel al salir del trabajo como cada día igualmente tomó el tren; pero descendió en la estación de Floresta en la Capital, ya que de allí tenía unas ocho cuadras hasta la casa de sus padres. Tocó el timbre de la casa, y vio a trasluz del vidrio de la puerta de calle, que su padre se acercaba presuroso.

Abrió la puerta y le dio un fuerte abrazo; – ¡Hola hijo! ¡Unos cuantos días sin saber de vos! ¿Ha pasado algo? le pregunto.-

-Mira papá, un montón de cosas. Ahora saludo a mamá y les cuento. ¿Si?.-

-Si pasa..pasa a la cocina; que estábamos tomando unos mates.-

-Entró a la cocina y su madre con una gran sonrisa lo recibió como siempre; con alegría y un fuerte beso, que el retribuyo.-

Juan Manuel encontraba cada vez que iba a visitarlos, una paz que no tenía en su hogar. Y eso lo llevaba siempre a cavilar si no se había apresurado -llegó repetidas veces a considerar que sí- al casarse.

La madre preparó una torta marmolada para acompañar las rondas de mate, a sabiendas que era la preferida de Juan Manuel. Este siempre preocupado por su padre -que cada tanto, tenía una recaída en su salud mental- le preguntó;

-¿Y papá; vos como estas? ¿ Cómo te sentís?-

-Bien, querido. Para no aburrirme como todo jubilado; le ayudo a tu madre. Lavo la vereda o el patio y a veces hago algunas compras. También me llama algún vecino o porque tiene un problema con la cocina u otra cosa. Ahí tomo mi caja de herramientas, y si puedo se lo reparo.-

-¿Ah…bueno, le cobras, no?-

-No hijo; cómo les voy a cobrar. Es de buenos vecinos, lo que hago es solo una gauchada.-

-Sos más bueno….siempre igual. Yo quisiera saber si en algún momento vos necesitas algo, procederian igual.-

-Ahh…no Juan Manuel, no me interesa eso. Sabes que bueno es apoyar la cabeza en la almohada a la noche y no tener problemas de conciencia.-

Sabía que su padre no cambiaría, que siempre fue así; que era su madre la que cuidaba del dinero y llevaba adelante el hogar. Por ella habían podido llegar a tener su techo propio y al fallecer el abuelo Felix, su padre y su tío le heredaron. Su padre se quedó con dos propiedades. En una de ellas, vivía el hijo mayor con la familia y la otra, se la alquilaron a una familia que hacía años estaban allí, en vida de su abuelo. Es decir, no pasaban problemas económicos, ya que a esa pequeña renta le sumaba su retiro efectivo de la Policía Federal, como si aún estuviera en actividad.

Juan Manuel los puso en tema de las cosas que venían sucediendo, fundamentalmente del embarazo de Marianela y los estudios que justamente se había hecho ese día. Les comento que habían venido sus suegros de la Provincia de Córdoba y que la madre estaba viviendo en Morón, para darles una mano.

La madre entonces, le comento que lo habían llamado de una empresa importante -Grundig- por el puesto de Jefe de Personal. Juan Manuel se sorprendió; él no tenía aún 22 años y era un cargo de mucha responsabilidad. Pero tomó el número que la madre tomó y el nombre con quien se debía contactar. Un ingeniero llamado Francisco Mazzeo.

Mate va, mate viene se contaron todas aquellas novedades de las hermanas de Juan Manuel y sus familias, de la familia de la madre -sus hermanas- y algunas bromas que solía hacer su padre, amenizaron la charla.

Cuando miro su reloj; se sorprendió. Ya erán casi las nueve de la noche. Su madre insistió en que se quedara a cenar, y aceptó. Cuánto tiempo hacía que no comía con ellos -pensó-.

Salió de la casa de sus padres cerca de las once de la noche. En consecuencia llegó a su casa, pasados minutos de la medianoche.

Abrió la puerta y antes de cualquier saludo, Marianela levantando la voz;

-A vos te parece…llegar a esta hora. Yo acá estoy nerviosa con mamá; pensando que te podía haber sucedido algo, Además, sabías que fui a realizar los estudios. ¡Veo que poco te interesa saber que me pasó!-

-No hagas escándalos, Marianela. Por favor, estuve en la casa de mis “viejos” que hacía rato que no los veía y además me tenían un mensaje para darme. ¿No te avisaron?-

-Sí…pero eso ¿qué tiene que ver? ¿No te interesa saber de mi estado? Tras eso, se abalanzó hacia Juan Manuel, que les tomó las manos. Marianela estaba totalmente alocada. Para peor, Rosa su madre creyó que él le iba a pegarle, y sin razón alguna le rasguño la cara de lado.-

-Juan Manuel, pego un grito ¡Pero se volvieron locas ustedes? ¿Que les pasa?-

Juan Manuel, estaba cada vez más harto de las escenas de su mujer, que nada reconocía de lo que él hacía. Podía aceptar que fuera celosa, cuando él le daba motivos. Pero no por cualquier cosa y menos por haber visitado a sus padres.

Salió de la casa y se fue a caminar, en la soledad de la noche. Deseaba calmarse porque se conocía y no deseaba insultar a nadie. Habrá caminado unas diez cuadras, y fumado unos cinco cigarrillos en ese pequeño trayecto. Cada vez le pesaban más las ridiculeces. Se daba cuenta, que en muchas cosas eran como el agua y el aceite. No podían compatibilizar.

Volvió pasada la una de la madrugada. En la casa un silencio sepulcral lo recibió. Se dijo para sí -que era preferible-, había sido una situación totalmente bochornosa. Además, podía dormir solo cuatro horas y  levantarse para ir a trabajar. Supuso que al otro día, las cosas iban a estar un poco más tranquilas y ya se enteraría de lo sucedido el martes en la Clínica. Además tenía que llamar a ese ingeniero de esa empresa, cuya casa matriz estaba en Alemania.

Se acostó nervioso en el sillón del comedor, no era para menos. No pudo dormir hasta después de una hora.

A las seis de la mañana despertó, tratando de no hacer demasiado ruido -difícil en una casa tan pequeña- se fue al baño se vio los rasguños en su rostro -puteo por lo bajo- y se cambió dentro de él. Salió de su casa; ambas mujeres se quedaron durmiendo.

Miércoles; mitad de semana. Llegó a la oficina. Saludo a Cuello. Este lo miro y le pregunto, ¿ te lastimaste la cara? Si, con ese rosal de la entrada que tengo en casa, parece que me hubiera rasguñado una mujer. ¿No, Cuello? y sonrió.-

-Cuello movió la cabeza, sonriendo también.-

-A la hora del almuerzo, le dijo a Cuello que no iba a almorzar. Iba a aprovechar la media hora, para hacer un trámite -en realidad tenía que hablar de un teléfono público a ese tal Mazzeo de la empresa Grundig- No lo iba hacer delante de su jefe. Trabajo temporario, pero trabajo al fin. No deseaba correr riesgos.-

-Camino por la calle Pasteur, hasta que logró encontrar un bar poco frecuentado con teléfono público. Marco el número y del otro lado -pensó que era la telefonista- una voz femenina muy cordial, contestó -Grundig, buenos días. ¿Quién habla?-

-Ahhh … .Señorita, Usted no me conoce. Me dejaron un mensaje en la casa de mis padres, para que me comunicará con el Ingeniero Francisco Mazzeo.-

-¿Cómo es su nombre, Señor?-

-Le dijo y ella le pidió que esperara.-

-¿Hola, habla Juan Manuel?-

-Tanta familiaridad lo sorprendió-. Pero le contesto -Si, ¿habla el ingeniero Mazzeo?-

-Sí Juan Manuel, lo molestamos a la casa de sus padres, porque es una de las tres personas seleccionadas por las cartas que recibimos, para el puesto de Jefe de Personal. Quería concertar con usted, día y hora para una entrevista personal.-

-Bueno…como usted sabe Ingeniero si leyó mi curriculum, estoy trabajando. Puedo pedir permiso para retirarme un poco antes. ¿Dónde sería la entrevista? –

-En una de las plantas, que ocupamos aquí en Villa Ballester.-

-¿Bueno, dígame podría ser a eso de las 4 o 5 de la tarde?-

-Sí, no hay problema Juan Manuel. Usted será el último en ser entrevistado. Le parece bien el lunes a las 16.-

-Si…mejor, de esa manera aviso en mi trabajo.-

-Bueno, tome nota de la dirección-

-Sí dígame ingeniero; escribió la dirección -le agradecio y se despidió-

Colgó y se sintió el tipo más feliz del mundo. Parecía que Dios le estaba dando una mano. Tan joven y con una posibilidad de tomar un cargo, que significaba mayores ingresos y un mejor futuro. Se sintió pleno y con mucha confianza.

Ahora cuando llegara a su casa, vería como estaba el ambiente después de lo sucedido ayer; y le iría a comentar esta grata nueva -esperanza al fin- a Marianela.

Continuará…

Glosario

“gauchada”  coloquial – ayuda desinteresada.

“viejos”        utilizado por adolescentes/jóvenes para decir padres.

“puteo”       coloquial – insulto violento y agresivo

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Barrio de Floresta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s