Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 20

Desde que tenía la llave de la casa en la que habitaron, al poco tiempo de contraer matrimonio Juan Manuel planificó abandonar su hogar, abandonando a Marianela. Cuando leyera la carta que le dejaría, seguramente iría a la casa de su madre y de toda aquella persona, que lo conociera incluyendo seguramente la empresa donde Juan Manuel, trabajaba, lo que le había permitido a su esposa conocer tanto a superiores como a subordinados que reportaban a las órdenes de él. 

Por ello se vio obligado previamente a conversar con las autoridades de la empresa, quienes tenían de él una alta consideración por su desempeño en el área a su cargo..Tuvo que conversar primero con el Ingeniero Gerente de las plantas industriales y luego con uno de los Directores de la compañía. Les comento; no sin vergüenza la situación por la que se encontraba atravesando su matrimonio y la única opción que tenía para terminarlo, era irse sin rumbo conocido, por lo que solicito una semana anticipada de vacaciones. Obviamente habiendo planificado previamente y dejando a su gente con las instrucciones suficientes tratando de evitar cualquier contingencia, salvo que sucediera algo imprevisto Juan Manuel obtuvo dicha licencia.

Para él; era inevitable que sabiendo que haciéndole entender que debían separarse porque ya no la amaba, no lo conseguiría por la ceguera de Marianela en pretender continuar con una unión que solo sería mentirse toda una vida. En sus momentos de descanso en la empresa; comenzó a escribir la carta no solo dando los mismos argumentos que ella conocía, sino que agregó que sabiendo que tanto su padre como su hermano, habían padecido problemas mentales él tenía un verdadero y concreto temor a que la presión y el estrés emocional que estaba padeciendo, lo llevará a una situación similar o peor aún. Le explicaba en sus letras; que ella no era la única responsable de su decisión, sino de que ambos fueron desgastando la relación a través de los pocos años de unión por múltiples causas, tratando con ello de que Marianela viera que él también se hacía responsable del fracaso de la pareja.

Le sugirió que por favor no lo buscará -ya la conocía y sabía que era imposible que no lo hiciera- dandole el oxigeno que tanto el como ella necesitaban como para que en el corto plazo, se pudieran senyar a conversar sobre los terminos de la separación. En la Argentina de ese momento no existia el divorcio vincular, sólo las variables de separación por mutuo acuerdo -que no permitía a ninguno de los cónyuges volver a contraer matrimonio por la ley civil- y el juicio de separación con distribución de bienes. A Juan Manuel, todo lo material y mobiliario que había en la casa no le interesaba en lo más mínimo. Solo quería estar en paz y no verla más. 

Pensó; a pesar que a Marianela no le correspondía nada -al no tener descendencia, no había obligación de su parte de darle una suma por pensión alimenticia alguna-, darle un valor mensual por el término de un año, para permitirle a ella ubicarse e independizarse totalmente, ya que contaba con su trabajo en el Hospital de Niños.

No escribió eso, pero se lo quedo pensando como una alternativa, cuando llegara el momento en que deberían hablar de la separación por mutuo acuerdo.

Un martes salió al mediodía de la empresa y se dirigió a su casa. Junto algo de ropa más otras de sus pertenencias que guardo en una valija. Dejó la carta para Martianela sobre la pequeña mesa del living comedor,y salió colocando sus cosas en el baúl de su automóvil, Partió directamente hacia la casa de Morón, sin saludar a persona alguna del vecindario.

Era contradictorio para él admitirlo; pero se sentía mal en haber convivido con alguien a quien creyó amar y casi…casi termina odiando. Pensó en ella, sola en Buenos Aires, salvo esa “media familia” que vivía en la localidad de Moreno, con sus padres a 800 km y eso también le preocupó. Marianela era impredecible en sus actitudes, por lo que solo deseaba que pensara bien en lo que hacía, seguramente luego de leer la carta que le dejara.

Llegó a Morón, bajó las pocas cosas que llevaba y las guardó en un viejo ropero que estaba en el dormitorio. Como no tenía comestible alguno en esa casa, se dirigió a un pequeño supermercado que se encontraba a cuatro cuadras y compro lo que necesitaba. Volvió, guardando en la heladera y la pequeña alacena lo comprado. En esa semana fuera y alejado de todo el mundo, se ocuparía de cortar el césped del gran parque del inmenso terreno, de podar los árboles si lo necesitaban y reparar todo aquello que fuera necesario. Desde el fallecimiento de su padre; rara vez alguien de su familia visitaba esa casa.

Recién a los dos días llamó por teléfono a su madre: no solo para saludarla sino para saber si se habían producido novedades. Su madre lo tranquilizo, si bien le digo que Marianela se había hecho presente en la casa el mismo día que él se había ido, preguntando donde se encontraba, blandiendo una carta en su mano -la que él le dejara-., diciendo que se encontraba con alguna enfermedad mental como su padre y hermano, teniendo que ubicarlo si o si, por temor a que atentara contra su vida. Su madre considerando que era un despropósito lo que estaba escuchando de ella; la dejó que conversará con su hermana e hija mayor, Mabel con la que estuvo largo rato. Luego se retiró. Su madre le amplió en cuanto a que su mujer había visitado al marido de Mabel en su negocio e ido también a la casa de su hermano Mario, tratando de buscar información sobre su paradero. Nadie le dijo nada, porque en sí nadie sabía, solo su madre y él.

Llamó Juan Manuel también a la empresa y conversó con su jefe; quien le comentó que su mujer se había presentado en la empresa preguntando por él. Cuando le dijeron que no se encontraba; pidió hablar con el Ingeniero en jefe -ya que tenían relación ambos matrimonios, porque habían coincidido en algunas ocasiones para cenar juntos y Marianela con su mujer, se llevaba muy bien-. Nada le pudo decir tampoco sobre su paradero.

Para Juan Manuel, los acontecimientos se estaban dando como él había pensado. Por lo tanto, la llamaría por teléfono, para coordinar un encuentro  en una confitería que se encontraba en la Avda. Corrientes esquina Rodriguez Peña en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Recién el viernes la llamo y cuando ella quiso entrar a discutir, Juan Manuel le dijo que se callara y escuchara, de lo contrario cortaría la comunicación.

Esa resultó la manera más simple, de que su mujer se callara y escuchara. Así Juan Manuel la invitó a que se encontrarán el sábado en el lugar citado a las seis de la tarde. El mismo día, Juan Manuel se comunicó con un abogado que lo asesoraba en temas laborales de la empresa y le preguntó si también se ocupaba del fuero Civil. Al responderle el profesional afirmativamente, coordinó una reunión con el mismo, poniendo en tema que era por la tramitación de un 67 bis separación de mutuo acuerdo, con quien hasta ahí era su esposa. El profesional de apellido Garcia aceptó a patrocinar, agregando que le buscaría otro profesional para que representara a su mujer.

Llegó el sábado; Juan Manuel se levantó más tarde de lo habitual por lo que desayuno frugalmente, ya que faltaba poco tiempo para la hora de almuerzo. Eascuchaba una vieja radio para sentirse acompañado ya que no tenia televisión y aun en aquel año la pantalla era en blanco y negro, ya que la tv a color recien la dictadura la inauguro con el Mundial de futboil del año 1978, realizado en la Argentina., pero se habilitó realmente en los primeros años de la década de los ochenta.

Ingresó al baño para afeitarse y pegarse una ducha antes de almorzar…

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Viejo Mercado de Abasto (hoy Shopping) Ciudad de Buenos Aires. Argentina.

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