Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 21 – Final

Terminó saliendo del baño y sin ponerse ropa de calle; almorzó un cuarto de pollo que le había quedado de la cena de la noche anterior.. Aún recalentado se evitaba tener que ponerse a cocinar; lo acompañó con una ensalada que preparó.

Mientras tanto además de pensar en el encuentro con Marianela se le presentaban dudas de que pudiera visitar a su madre, como cada domingo.

Motivado todo ello; por lo que le pudiera suceder en el encuentro de la tarde, al considerar que su esposa no estaría para nada demasiado tranquila y más luego de que le iba a insistir en que se separaran en buenos términos. Por ello había pensado en ese dinero que le podía dar mensualmente.

Los sentimientos no podían quedar fuera del interés económico para Marianela, ya que debería dejar la casa que alquilaban y conseguir un departamento como para ubicarse e iniciar una nueva vida, tal como haría él.

Al terminar de almorzar, se vistió yendo al comercio cercano que tenía teléfono público, llamando desde allí a su madre;

-Hola….-

-Hola mamá; ¿cómo estás?-

-¡Oh…que sorpresa Juan Manuel, que alegría! Bien, todo bien. ¿Y vos?-

-Bien mami, te llamaba porque en una de esas mañana, no voy a poder ir a verte, porque dentro de un rato me tengo que encontrar en el centro con Marianela, para terminar de hablar sobre la separación…-

-Ohh…nené -para su madre Juan Manuel jamás había crecido- tene cuidado. Esta chica es muy difícil…bah…siempre lo fue. No sea cosa; que te haga una escena donde se van a encontrar….-

-No…mamá; quédate tranquila. Yo voy por las buenas; no tenemos que terminar odiándonos. No tendría sentido guardarnos rencores; porque si no funciono, no funciono por lo que pudimos hacer los dos.- ¿Me entendes?-

-Si…te entiendo; lo que no sé si ella entenderá. Por favor, llamame hoy a la noche o si no podes, mañana mismo. Me dejas intranquila…-

-Está bien mamá; te quiero. No te preocupes…te llamó no bien pueda. Te mando un beso y cariños a Mabel…a toda la familia.-

Colgó; saludó a la dueña que atendía su almacén y se fue a su casa.

En realidad quedaron en encontrarse en el “Gato Negro” un bar mas que tradiconal en Avenida Corrientes entre las calles Montevideo y Rodriguez Peña. El español que había sido el dueño, y ahora sus descendientes copió su nombre de un famoso bar romántico de Madrid, España.

Juan Manuel; antes de conocer a Marianela lo frecuentaba junto a sus amigos, como con una u otra de sus conquistas. Conocía bien el lugar; era ideal; tranquilo con algún reservado en donde se podía conversar íntimamente.

Estaban en el inicio de la primavera del ´77 y el clima se presentaba muy agradable en esa tarde de sábado. Juan Manuel adoraba esa época del año y el frío del invierno lo soportaba sin problemas. Pero en verano solo lo deseaba para las vacaciones, ya que odiaba el calor húmedo de Buenos Aires.

Ni en eso se ponían de acuerdo -se rió para sí-, Marianela era feliz en el verano con blusas livianas que le hacían lucir su figura.

Juan Manuel midió el tiempo que le demandaría ir al centro; saliendo con su automóvil. Llego al “Gato Negro” media hora antes de las seis de la tarde.

Prefería ambientarse y pedir un capuccino mientras esperaba su llegada. Diez minutos de la hora acordada; entró Marianela como siempre resplandeciente tanto en su vestimenta como en su maquillaje. Si algo le tenía que reconocer a su mujer, era que era muy coqueta y proclive a desviar las miradas de conocidos o extraños.

Se acercó a la mesa; se saludaron con un beso en las mejillas y se sentó. Juan Manuel observó un extraño brillo en sus ojos. Supuso que era por la sensibilidad que ella tenía por la situación que vivían, pero luego al volver a mirarla creyó sentir un odio indescifrable. 

-Cuando Marianela, se sentó Juan Manuel le dijo;

-¿Que queres que te pida?-

-Un té con leche; con unas tostadas de salvado.-

Llamó Juan Manuel al camarero y le hizo el pedido. Luego prosiguió;

-Marianela; considero que ambos somos conscientes que lo nuestro, ya no es ni siquiera lo que era, y desde hace bastante tiempo. No vale la pena insistir en algo que no tiene más futuro…¿No te parece?-

-¡No! ¡No me parece! Porque solo vos sentís eso. ¡Yo sigo amándote como siempre!-

-No levantes la voz por favor Marianela, nadie tiene porque enterarse de lo que hablamos….me entristece toda esta situación, pero no puedo seguir con esto.-

-¡Yo sí quiero seguir intentando salvar nuestro matrimonio; y vos no me lo vas a impedir! le contestó Marianela.-

-¡Parece que fuera un diálogo de sordos! Te anticipo que ya converse con un abogado quien además tiene un colega que te puede representar, para tramitar la separación. Obviamente todo lo pagaré yo….además si bien al no tener hijos no debería darte pensión alguna; te daría por un año una suma mensual de 10.000 pesos que te ayudarán a ubicarte en otro lugar y organizar tu nueva vida….-

-Ah…parece que organizaste todo ya, para sacarme de encima. ¿No?-

-No…no es así. Cuando de dos, uno no quiere este se tiene que ocupar de estas cosas…-

-¿Decime…-lo miró con desprecio-; no necesito de tu dinero. Tengo mi trabajo y … ¿Esta es tu decisión final? ¿No hay vuelta atrás?-

-No…no hay vuelta atrás- contestó Juan Manuel.

De manera sorpresiva, observó que Marianela hacía una seña hacia algo o alguien que estaba a sus espaldas. Juan Manuel miro hacia atrás, abriendo sus ojos al ver a aquel hombre bajo y morrudo que había ingresado a su casa junto al grupo de tareas, amenazando a su mujer y luego a él, diciéndole que no levantara su voz, si no la iban a pasar peor.-

La miro a Marianela y le dijo, nervioso;

-¿Qué es esto, Marianela? ¿A este tipo lo conozco? No es….

-Y si…yo ya me voy; Juan Manuel. Te deseo lo mejor. Él quiere hablar contigo. Sonrió maliciosamente, se levanto y salió del bar.-

-El tipo se sentó en el mismo lugar en donde estaba Marianela:

-¿Qué haces muchacho; no hace mucho tiempo que nos vimos? ¿No?-

-¡Que esto! ¡Usted que tiene que ver en esto! vociferó Juan Manuel.  Varias personas dirigieron sus miradas a esa mesa.

-Mira boludo; te voy a decir lo mismo de aquella vez. Te vas a quedar tranquilo y ¿ves en la barra a dos de mis hombres?-

-¿Sí y que tiene que ver eso?-

-No te diste cuenta de nada pibe. Tu mujer es una ninfomana que el mismo día en que hicimos el procedimiento en tu casa, luego de casi perder la vida se puso a llorar a mares. Pobrecita la console, pero no sabia que era una mujer para quien practicar desde el sexo oral al que te puedas imaginar, es insaciable.-

Juan Manuel no creía escuchar lo que le estaba diciendo, ese patético tipo. Como no podía haber ni siquiera dudado que Marianela podía ser capaz de una cosa así. Se puso rígido, cuando el otro le dijo pausadamente;

-Mira pibe; te vas a levantar despacio. Te vamos a llevar a un falcon que tenemos en el estacionamiento de aquí al lado y calladito, nos vas a acompañar. ¿Entendiste o te lo tengo que repetir?-

-¿A dónde me van a llevar?..

-A un lugar, donde vas a tener compañía y vas a estar muy bien. Creeme, que vas a estar muy bien….le dijo socarronamente.-

Juan Manuel se levantó, los tres tipos lo rodearon y salieron del bar…

Sara; su madre estaba más que preocupada ya era lunes y no tenía noticias de Juan Manuel. Había llamado a la empresa donde trabajaba y si bien el gerente la había atendido de maravillas, no supieron decirle nada.

Fue junto a su yerno a realizar la denuncia policial, que se la tomaron casi a desgano. No bien hicieron la denuncia, se dirigieron al Hospital de Niños, para preguntar por Marianela. No pasaron diez minutos, cuando ella se presento;

-Hola suegrita … .que dice. ¿Pasó algo?

-¿Como si paso algo? ¿Dónde está Juan Manuel? El sábado debía encontrarse con vos.-

-Ah…no Sara. Yo no pude ir…así que no tengo ni idea.-

Sara no le creyó. Sabía que no era de confiar. Pero sin embargo,le preguntó

-¿Cómo se llama el bar donde se encontraba?-

-Ahh…sabe no lo recuerdo. Era un lugar donde él solía ir antes de conocerme. Pero la verdad, no lo se.-

Sara, las hermanas de Juan Manuel, sus cuñados y todo familiar que lo conociera, realizaron ingentes averiguaciones sin resultado alguno.

De Juan Manuel, nada se supo. Era como si se lo hubiera tragado la tierra.

Ahora Sara, que se había contactado a una de las dirigentes del grupo llamado “Madres de Plaza de Mayo”, cada jueves las encuentraba y se integraba a ellas para dar la vuelta a la pirámide de Mayo, reclamando la aparición con vida de sus hijos o hijas desaparecidos. Y continuaron haciéndolo cada jueves, a pesar de sufrir el hostigamiento de la policía y de infiltrados de los grupos de tareas.

De Juan Manuel … .nadie supo qué le pasó …solo que no apareció jamás.

Fin

Imagen de portada:  Gentileza de “El Gato Negro”

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