Historias de Vida

Juan Manuel 

Como le había dicho Ordoñez -así se llamaba el represor- lo subieron a un Falcón y le pusieron una capucha para que no viera absolutamente nada. Lo hicieron tirar al piso de atrás. Con un trapo en la boca; estaba completamente a merced de esos sujetos de quienes no sabia, con que fines lo habían secuestrado. Sí…todo era consecuencia de Marianela; que en relación amorosa con ese hijo de puta que comandó el operativo de intrusión violenta en lo que fuera su hogar, se lo habría pedido. Se preguntaba cómo podía odiar tanto Marianela, como para poner de esa manera en juego su propia vida.

Juan Manuel, mareado y confundido, escuchaba como el automóvil se desplazaba velozmente por la ciudad, haciendo sonar sus sirenas. Era un clásico, que los automóviles no identificados con móviles policiales; y que parecieran de uso particular, en realidad eran utilizados no solamente por los grupos de tareas de las fuerzas armadas o por la triple A de las fuerzas peronistas, grupo armado por el que había sido el secretario de Isabel Perón en el poco tiempo que la dejaron gobernar, antes de su caída.

En un momento se detuvo. Quizás por algún retén de control de una de las salidas de la ciudad hacia el conurbano bonaerense. Eso fue lo que pensó Juan Manuel. Y no se equivocaba; habrían estado escasos cinco minutos y el automóvil arrancó nuevamente. Lo que si notaba; es que ya las calles no estaban pavimentadas, eran adoquinadas y con grandes pozos, por los golpes que sentía en el chasis y los amortiguadores al andar el vehículo.

Supuso que habían cruzado la Avenida General Paz; que separa la Ciudad de Buenos Aires con el conurbano bonaerense. Dieron varias vueltas por espacio de poco más de media hora y se detuvieron. Juan Manuel, no tenía ni idea en donde se encontraba.

Lo hicieron sentarse y lo sacaron con fuerza del auto; le señalaban escalones o cualquier otra cosa para que caminara, llevándolo de sus brazos cada uno de los que reportaban a ese tal Ordoñez; ya que los escuchaba hablar entre sí. No sabía en realidad si Ordoñez, estaba ahí o se había bajado cuando los habían detenido en el retén.

Entraron al lugar; y recién ahí le sacaron la capucha como el trapo de la boca, no sin antes recomendarle que no se le ocurriera gritar. Por la dudas, por si no había entendido uno de ellos le dio una trompada en el bajo vientre que lo tiró al suelo.

El dolor era insoportable, pero a pesar de no ver bien por la consecuencia de ese par de horas “cegado” por la capucha, pudo observar que se encontraba en una vieja casona con pocos muebles. 

Con  las manos atadas detrás lo hicieron subir por una gran escalera que llevaba al primer piso, donde había muchos cuartos. Lo hicieron ingresar a una de las habitaciones y lo empujaron, haciéndolo caer al piso. Allí se encontró con otros tres jóvenes, que se encontraban totalmente desnudos. Le hicieron sacar su ropa y lo esposaron a uno de los catres que se encontraba en esa habitación. No tenía dudas, estaba en uno de los tantos centros clandestinos de detención, lo que era un secreto a voces en la sociedad argentina. Pensó en su madre…en el resto de sus hermanos; que pensarían y cómo estarían viviendo esta angustia, por esa mujer tan hija de puta, que resultó Marianela. Del amor al odio…se dijo -es un hilo tan delgado-, como vivir y morir al instante.

Uno de los jóvenes estaba atado a una silla; y a merced de los captores que se turnaban para torturarlo. Los imbéciles parecían gozar de la situación, lo ahogaban en un balde de agua una y otra vez, mientras el pobre pibe lloraba y les decía que no sabía nada de lo que le estaban preguntando. Juan Manuel, como Jefe de Personal en la empresa que trabajaba,  ya había sufrido amenazas anónimas de grupos de izquierda. Era tal el terror en la sociedad, que si él se encontraba con alguien en un bar, debían hablar en forma casi inaudible porque siempre había alguien escuchando y ante la supuesta mínima expresión en contra de la dictadura, el famoso “palo y a la bolsa” de primera, lo llevaban a la comisaría más próxima.

A uno de los torturadores lo llamaban “Huguito” y era el que manejaba a los otros cuatro. Se le notaba un perfil psicótico de un ser terriblemente despiadado. sin conciencia alguna del daño que cometía. El que estaba sentado se llamaba Claudio y lo supo porque los otros dos jóvenes que estaban desnudos y también atados, le gritaban « ¡Aguanta Claudio…aguanta!…sí no hiciste nada”.

Pasó una media hora, lo sacaron al tal Claudio de la silla y lo ataron a la otra pata del catre donde él se encontraba. Juan Manuel, le vio las muñecas cortadas -pensó- por las tantas veces que lo deberían haber atado, el plexo hundido y escoriaciones de todo tipo en todo su cuerpo. Su cara ya había recibido unos cuantos golpes, porque le quedaban aún rastros azulados de los moretones que le habían provocado seguramente los golpes de puño.

El tal Claudio solo lo miro…y dejo caer su cabeza, como si quisiera dormir….Los tipos junto con ese “Huguito” salieron de la habitación, hablando entre ellos y Juan Manuel le pareció escuchar que uno de ellos decía “ este boludo me parece que no sabe nada de la agrupación de izquierda, en la que milita su amigo”….

Juan Manuel no se sorprendió. Ya se hablaba de que habían desaparecido personas que nada tenían que ver con grupos subversivos de extrema izquierda. Solo por estar en la agenda de alguien los habían “chupado”. No le resultaba extraño entonces que “su compañero Claudio”, fuera uno de esos tantos. De los otros supo cuando se presentó, que uno se llamaba Guillermo y al otro le decían “el gallego”. Ambos le dijeron que estaban ahí, por error. No militaban políticamente en ninguna organización terrorista.

Juan Manuel pensó entonces que ellos cuatro eran unos perejiles, en donde sus vidas no valían ni un centavo para nadie. Y menos, sin saber donde se encontraban, no teniendo comunicación alguna con el mundo exterior. Estaban a la merced de esos tipos, que los veían a ellos como los “enemigos imaginarios” que les tenían que sacar información, aunque ella no existiese.

Al rato, Claudio se despertó dolido. Lo miró y le dijo – Soy Claudio Tamburrini ¿y vos quien sos?-

-Juan Manuel. ¿Vos tenes algo que ver con el arquero de Almagro?-

-Soy yo, boludo.–

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Glosario: 

“palo y a la bolsa”   –  Llevar adelante una acción, terminarla sin vueltas.

“boludo” – Que se comporta como un tonto o estupido.

“chupado”  – argentinismo apresado; metido preso.

2 comentarios sobre “Historias de Vida

    1. Muchas gracias por leerme amigo, veremos que rumbo tomará…Las entregas no serán diarias porque deseo darle más robustez a la ficción. Saludos cordiales para ti también y un maravilloso fin de semana.

      Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s