Nadie como ella…

Nadie
como ella
en aquel
entonces,
había hurgado
dentro
de mi Alma,
para sanar
en ella
las heridas
de dilapidadas
noches
más sus
secuelas,
y sacar
lo mejor
de mi ser,
sin
pedírselo
siquiera.

Era ese
hombro
siempre
dispuesto,
para que
me apoyara
sobre el,
pudiendo
rumiar
de mi vida
errante,
y mis
desatinos,
donde estará
aquella
dama inefable,
compañera
en los momentos
de mis
oscuros
y promiscuos
abismos.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

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