El cerebro de los astronautas se deteriora cada vez que salen al espacio.

PELIGROS DE LA EXPLORACIÓN ESPACIAL

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Un nuevo descubrimiento complica un poco más el sueño de convertirnos en una especie multi planetaria. Ahora sabemos que pasar largos periodos de tiempo en el espacio daña el cerebro.

A los efectos negativos de pasar largos periodos de tiempo en el espacio ahora hay que añadir uno nuevo: el daño cerebral. Lo ha descubierto un grupo de investigadores de la universidad sueca de Gotemburgo, que ha estudiado la sangre de 5 cosmonautas rusos que pasaron más de 5 meses en la Estación Espacial Internacional.

Por mucho que nos empeñemos en conquistar el sistema solar, nuestro cuerpo no está diseñado para estar en el espacio fuera de la capa protectora que ofrece la atmósfera terrestre. Se sabe que cuando los astronautas pasan tiempo en el espacio expuestos a la ingravidez y la radiación, aparecen una serie de efectos adversos para su salud. Los experimentos con el astronauta estadounidense Scott Kelly que pasó un año en la Estación Espacial Internacional (EEI) así lo demuestran. Su cuerpo sufrió una disminución de masa muscular y del tamaño del corazón, alteraciones en su ADN, descalcificación de huesos y alteraciones en su sistema inmunológico.

El astronauta Scott Kelly, objeto del estudio (NASA)Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista JAMA Neurology por investigadores de la Universidad de Gothenburg, en Suecia, indica que también tiene impacto en la salud de sus cerebros.

Es la primera vez que se documenta una prueba concreta de daños en las células cerebrales en los análisis de sangre tras los vuelos espaciales. Hay que seguir investigando y previniendo este hecho si se quiere que los viajes espaciales sean más habituales en el futuro», afirma Henrik Zetterberg, profesor de neurociencia de la Universidad de Gothenburg y uno de los autores principales del estudio.

El experimento.

Los investigadores analizaron la sangre de cinco cosmonautas rusos, de unos 49 años de edad media, que estuvieron orbitando la Tierra a 400 kilómetros de distancia en la EEI durante más de 5 meses. Tomaron muestras de su sangre 20 días antes de salir hacia la EEI y a su vuelta: un día, una semana y un mes después de que pisaran tierra. Y analizaron 5 biomarcadores relacionados con el daño cerebral: el neurofilamento ligero (NFL), la proteína ácida fibrilar glial (GFAP), la tau total (T-tau) y dos proteínas beta amiloides.

Los resultados de las muestras de sangre mostraban concentraciones de tres de los biomarcadores —NFL, GFAP y la proteína beta amiloide Aβ40— mucho más elevadas tras la estancia en el espacio. Además pudieron observar que estas lecturas incrementaron según los cosmonautas pasaban más tiempo en la Tierra. Los investigadores piensan que el aumento de los niveles de NfL y GFAP puede indicar un tipo de enfermedad neurodegenerativa denominada desintegración axonal. Los niveles elevados de NfL también se asocia actualmente a las primeras etapas del daño cerebral provocado por el Alzheimer.

«Especulamos que la elevación de las proteínas amiloides de vuelta a la Tierra representa una fase de lavado tras meses de eliminación de residuos proteicos obstaculizada, ya que se ha demostrado que la albúmina permanece estable o incluso disminuye», apuntan los investigadores en el estudio. El equipo también observó mediante resonancia magnética cambios en el cerebro de los cosmonautas tras el viaje espacial. Además, las pruebas clínicas que analizaron su función cerebral muestran, según los investigadores, desviaciones relacionadas con el tipo de misión específica que realizaban en el espacio.

Clave para el sueño de colonizar otros planetas.

Aun así, el equipo detrás de este estudio es consciente de que necesitan realizar más investigación para entender mejor cómo y por qué se producen estas lesiones. «Si logramos averiguar qué causa el daño, los biomarcadores que hemos desarrollado podrían ayudarnos a encontrar la mejor manera de remediar el problema», afirma Zetterberg. Que también confía en que los biomarcadores descritos en su nuevo estudio puedan utilizarse en el futuro para controlar la neurodegeneración durante los viajes espaciales.

El equipo de investigadores está intentando en este momento ampliar este trabajo y piensan colaborar con otros colegas científicos y con otros institutos de investigación espacial nacionales e internacionales. El objetivo, afirman, es identificar los motivos y aprender a prevenir este tipo de enfermedades para que los viajes espaciales se puedan realizar con más frecuencia. Esto es vital para nuestros planes de viajar a otros planetas y satélites y montar allí bases permanentes. Según Zetterberg: «Para conseguirlo, debemos averiguar por qué surgen los daños. ¿Se trata de la ingravidez, de los cambios en el fluido cerebral o de los factores de estrés asociados al lanzamiento y al aterrizaje, o está causado por algo más? En este caso, se pueden realizar un montón de estudios experimentales apasionantes en humanos en la Tierra».

Imagen de portada: Gentileza de  (fotograma de Gravity)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial por Omar Kardoudi

Tecnología/El cerebro de los astronautas se deteriora al pasar largos periodos de tiempo en el espacio.

 

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