Gabriela Eunice: «Escribir es para mí un modo de recuperar mi lengua».

En su primera novela, la autora, que es una argentina que reside en Dinamarca, explora las emociones que producen el amor y el desamor, el desarraigo y la búsqueda de la propia identidad en un texto que alterna el pasado y el presente y la mirada de tres narradores diferentes. 

Gabriela Eunice nació en Buenos Aires y estudió arquitectura pero reside en Copenhague desde 2015.

La Costa Atlántica, la Costanera porteña y las frías aguas de Copenhague son los paisajes que se alternan como escenarios en “Busco extras para actuar en mis sueños”, la primera novela de Gabriela Eunice, una argentina residente en Dinamarca. Pero a cada uno de ellos le corresponde también un vínculo que le es propio en una serie creciente que va de la amistad y el amor filial a las relaciones violentas.

La historia de Amanda, una mujer emigrante toma elementos de la vida de la autora, sus amigas y las entrelaza con anécdotas inventadas en un caleidoscopio de sensaciones amables, melancólicas e incluso dolorosas. La sigue de cerca un narrador que la conoce profundamente, le cede su voz para que por momentos el texto se vuelve intimista y confesional, y adopta una segunda persona para aconsejar y hasta adoptar un tono admonitorio para con la protagonista.

“Busco extras para actuar en mis sueños” fue editada a fines de septiembre por Inguz Editorial con la consigna de “hacer un libro sostenible” impreso en papel reciclado, pero además el 15 % de las ganancias por su venta son donadas al Fondo de Mujeres del Sur.

Gabriela Eunice González Alcalde nació en Buenos Aires y se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires. Estudió música y canto y en 2019 estrenó una performance literaria-musical titulada “Amanda”. Desde julio de 2015 y después de varios viajes por América, Europa y Asia reside en Copenhague, Dinamarca.

En la primera semana de octubre la autora presentó su novela en el Festival de Literatura de Copenhague que reunió a autores latinoamericanos, españoles y portugueses y contó con el auspicio de las Embajadas de España y Portugal.

Sobre los alcances de una historia que describe una experiencia de desarraigo e incomunicación pero también de violencia de género, en la que la escritura ofrece una posibilidad de salvación y de recuperación de la identidad, conversó la autora con Télam. A continuación, los principales tramos de la entrevista.

-Télam: ¿En la historia que narras hay una relación en la que se produce violencia de género? ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción?

-Gabriela Eunice: Tiene un poco de autobiográfico y otro poco, no. Lo que es autobiográfico es que Amanda es una persona migrante de Argentina que se muda a Copenhague. Eso sí lo puedo situar en el ámbito autobiográfico. Después, cada una de las pequeñas historias que van pasando entre los personajes, no todas son necesariamente autobiográficas. Muchas cosas de las que escribo también las he tomado de biografías de otras personas. Hay anécdotas de otra gente que me gustan y también las he incorporado a la historia pero también hay cosas que he inventado.

-T: ¿Favorece la violencia el hecho de que se trate de una mujer migrante?

-G.E.: Creo que no importa donde vivas, creo que hay cosas que se perciben de igual modo en todo el mundo, no importa el lugar en el que vivas. En este caso no es una novela que yo escribí para hablar necesariamente de la violencia de género pero sí trata el tema. Amanda tiene herramientas pero no importa dónde vivas o a qué estatus social pertenezcas, la violencia puede estar presente en cualquier situación y obviamente hay situaciones más privilegiadas que otras para poder salir de eso. El hecho de poder contar esta historia es un modo de generar mayor conciencia acerca de cuáles son los modos de salir de la espiral de violencia.

-T: ¿La diferencia de lenguas genera incomunicación y quizás violencia?

-G.E.: La incomunicación no tiene por qué llevar a la violencia . Hay algo que la protagonista se plantea todo el tiempo que es que ella dice haber perdido la lengua por no saber cómo comunicarse . Creo que el tema de la incomunicación no reside tanto en que hablen lenguas diferentes sino en lo que Amanda dice al principio del libro, de que, muchas veces las personas intentamos comunicarnos con palabras sin darnos cuenta de que el modo más sensato de comunicarnos es a través de nuestros cuerpos y nuestros sentimientos.

Ahí hay una incomunicación entre Amanda y Josué que no tiene que ver con su lengua, sino con que son dos personas que no se entienden.

-T.:Hace años que vivís en Dinamarca y hablás danés, ¿por qué escribir en español que no es tu lengua cotidiana?

-G.E.: Justamente porque el español es mi lengua desarraigada, escribir en español me permite recuperar mi lengua materna. Por un lado tiene que ver con que cuando yo me mudé a Copenhague no conocía tanta gente que hablase español y escribir era para mí un modo de recuperar mi lengua, de encontrarme con mi idioma. Tampoco tenía acceso a tantos libros. La verdad es que me mudé con muy pocos libros acá y en aquel momento cuando vine, la única librería que tenía libros en español cerró y volvió a abrir otra recién hace dos meses. En todo ese tiempo escribir era encontrarme con mi lengua en un contexto en el que tenía pocas oportunidades.

-T.: Venís del ámbito de la arquitectura, ¿cuál es el aporte de esa disciplina a tu escritura?

-G.E.: No poemas ni cuentos sino textos académicos . Soy arquitecta y trabajé como docente de Historia y de Proyecto arquitectónico pero tuve la suerte de que en la Facultad de Arquitectura de la UBA muchos docentes incorporan textos literarios a la hora de hablar de arquitectura por eso me acostumbré incluso en la descripción de proyectos arquitectónicos a darle un lado más artístico y poético.

-T.: La historia de Amanda también dio origen a una performance de tipo teatral…

-G.E.: A fines de 2019 con la novela casi terminada, en proceso de corrección, Miguel Angel Crozzoliu. un amigo músico y compositor, me propuso hacer una obra de microteatro con fragmentos de la vida de Amanda. Aquella performance focalizó la historia del desamor de Amanda. Ella decía en aquel fragmento que extrañaba no conocerlo a Josué porque cuando lo conoció lo vio como realmente era, su peor costado.

-T.: El texto incorpora términos que son netamente porteños como “changüí” y otros más ligados al español neutro, como “grifo” en lugar de “canilla”, ¿Amanda habla la lengua del desarraigo, una construcción artificial que comparten muchos emigrantes?

-G.E.: Ese tema lo traté mucho con el editor, Horacio Fiebelkorn, cuando comencé a editar la novela. Sucedía que a veces usaba el español de España y otras el porteño. Creo que tiene que ver con no haber estado en la Argentina muchos años y no haber hablado con argentinos. Entonces uno adquiere una lengua que comparte con los inmigrantes latinos o europeos, incluso con los daneses que estudiaron español. Si yo dijese “canilla” seguramente no sabrían de qué hablo. Pero hay otros términos como “changüí” que no podría explicar de otro modo. No creo que alcance con decir “#otra oportunidad”. Es “changüí”.

"Busaco extras para actuar en mis sueños"

«Busco extras para actuar en mis sueños»

-T.: Aunque se centra en el presente de una mujer argentina que reside en Copenhague, la historia recupera el pasado porteño de Amanda e incluso sus vacaciones en la Costa Atlántica en un ida y vuelta permanente en el tiempo del relato.

-G.E.: Es que Amanda la de ahora es también la Amanda del pasado, la que vivió en Buenos Aires. Esos raccontos son un modo de reconectar con su lengua y de reconectar con sus raíces y dar a entender de dónde viene ella y darla a conocer al lector.

-T.: El nombre no es una casualidad,,, En latín “Amanda” significa “la que debe ser amada”. Es casi una ironía para una historia en la que está presente la violencia.

-G.E.: Sí. Pensé en ese significado, en la carga del nombre. Pero además, es un nombre muy común en Dinamarca entre las mujeres de clase media.

-T.: ¿Tenés prevista una traducción al danés?

-G.E.: Voy a tratar de que así sea. Hay fondos estatales que financian la traducción de textos que podrían ser relevantes para la cultura danesa por ende si una editorial está interesada en hacerlo se puede aplicar a los fondos para pagar a un traductor.

-T.: ¿Cómo construiste al narrador? Por momentos es una tercera persona omnisciente, en otros una segunda persona, y en otras una primera que parece ser Amanda. Llevás al lector a girar 360 grados en derredor de la protagonista.

-G.E.: No me fue fácil llegar a esas diferentes personas y uno de mis mayores miedos es que no se llegara a entender sobre todo cuando habla está Amanda en segunda persona que puede verse como ella misma o alguien que le habla. Creo que la primera persona es la protagonista con todos sus sentimientos y sus dudas. La segunda persona es un poco más dura, le marca lo que hizo y la lleva a reflexionar y la tercera es un narrador omnisciente que, sin embargo, la conoce muy bien a Amanda. Todas la construyen.

-T.:¿Cuál es tu experiencia de editar en una editorial independiente como Inguz?

-G.E … Fue muy interesante. Me gustó que fueran todas mujeres detrás de la editorial. También que donen parte de las ganancias de sus libros al Fondo de Mujeres del Sur para ayudar a combatir la violencia de género y que las mujeres que sufran estos actos violentos tengan otras oportunidades en sus vidas. Sucede que aunque Amanda vive de modo naif la violencia que sufre el tema está presente y por eso comparto esta causa con la editorial. Además el libro está impreso con papel reciclado y la sustentabilidad es un tema en el que vengo trabajando desde mi profesión de arquitecta.

Imagen de portada: Gentileza de TELAM

FUENTE RESPONSABLE: TÉLAM Por Eva Marabotto

Literatura/Dinamarca/Violencia/Nuestros escritores

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