Playa gris…

La suave brisa
deslizaba
la fina arena
por el manto
de la
ancha playa,
mañana fría
en ese final
de otoño,
al que le
sucedería
el crudo invierno
de siempre.

Tu silueta
reflejada
por el sol
del amanecer,
se recortaba
en el muelle,
extraño
me resultó,
a hora tan
temprana,
que alguien
estuviera allí,
cuando solo
los pescadores
se internaban
en el mar.

Me acerqué
solo para ver
si eras de allí,
lugar en que
me aislaba
como refugio,
disfrutando
esa deseada
compañía
del silencio,
que me ayuda
siempre
a reflexionar,
haciendo esos
balances de vida
como buen
rumiante pensador.

Eres un mujer
de unos 40,
tan guapa como
si los años,
te hubieran
dado una
serena belleza,
que solo
se obtiene
viviendo
intensamente,
no obstante
llorabas…

No deseaba
incomodarte,
se que
a veces
el llanto
es curador,
deja fluir
como si fuera
un cable
a tierra,
toda tristeza
o desengaño.

Me miraste,
tus ojos
clamaban
por alguien
que escuchara,
me acerqué
lo hice
en silencio,
me diste
a conocer
una clara
descripción
de tu vida,
con tus
frustraciones
a cuestas.

Al finalizar
quizás
esperabas
alguna
sugerencia,
pero no soy
de atreverme
a entrar
en la vida
de alguien,
sin conocerla,
te invito
a desayunar
en el único
lugar del pueblo,
ideal para
contenerte,
sonreíste
con un si,
luego…quizás
habrá alguna luz
de lo que vendrá

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

 

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