¿Y si la mayor conquista de Alejandro Magno fue el Nuevo (y heleno) Testamento?

El historiador británico Adrian Goldsworthy pública ‘Alejandro y Filipo’, sobre la legendaria Macedonia, en donde las consecuencias del helenismo en el mundo cristiano son la clave.

Filipo de Macedonia y su hijo Alejandro Magno cambiaron el curso de la historia. Lo hicieron además en un periodo increíblemente corto para unas consecuencias que duraron en cambio siglos. 

En apenas 40 años y a partir de un atrasado y fracturado reino como era el de Macedonia, llegaron a dominar Grecia, atacaron y vencieron a los persas, la mayor superpotencia de la época, crearon y lideraron la mejor fuerza combatiente vista en toda la historia, humillaron a Atenas y a Esparta, destruyeron Tebas, incendiaron el palacio del rey persa, cruzaron el Hindu Kush y marcharon hacia lo que hoy es Pakistán… 

Y mucho más allá de todo eso, aunque el imperio que forjaron no los sobrevivió, su papel fue clave para extender el idioma y la cultura griegas en una vasta zona, tanto, que varios siglos después, el Nuevo Testamento se escribió en griego y el helenismo sirvió de puntal para la tradición judeocristiana. 

La Biblia es una creación inseparable del helenismo que llevó Alejandro el Grande a Oriente Medio. La Biblia es una creación inseparable del helenismo que llevó Alejandro a Oriente Medio Hay además una historia de aventuras y conquistas en la increíble expansión del reino de Macedonia que llevaron a cabo, primero el rey Filipo y después su hijo Alejandro, y que ha cautivado durante siglos la imaginación de escritores e historiadores. 

Hay cientos de biografías y ensayos a pesar de que las fuentes sean escasas en cuanto al detalle de sus personalidades. Sabemos, sí, que nadie fue tan grande como Alejandro. Julio César, por ejemplo, se sentía abrumado por su peso en la historia cuando estaba casi en la cúspide de su carrera militar, antes de conquistar la Galia, ya que con muchos menos años el macedonio había sido ya el mayor conquistador conocido.

El nuevo Mundo Antiguo

Otro gigante, Augusto, el primer emperador, quien mantuvo su imperio unido y en paz durante más años, pidió visitar su tumba en la ciudad de Alejandría tras derrotar a Cleopatra. 

Allí, después de mirar fijamente durante un tiempo, estiró el brazo para tocar el cuerpo momificado y accidentalmente rompió parte de la nariz de Alejandro. Cuando le preguntaron si deseaba ver las tumbas de los ptolomeos respondió con desdén que había ido a ver a «un rey, no cadáveres». 

A diferencia de los romanos, la gesta de los macedonios fue más efímera y al mismo tiempo más duradera, porque modificaron tanto los aspectos del mundo antiguo que sus consecuencias tuvieron una importancia capital. Estos aspectos están presentes en la nueva obra del historiador británico Adrien Goldsworthy, célebre por sus afamadas biografías sobre Julio César y Augusto, ambas, como la nueva ‘Filipo y Alejandro’ publicadas por La Esfera de los Libros.

Es de agradecer, porque en general, los romanos reciben más atención que los griegos en ficción, películas e incluso documentales. El mismo Goldsworthy escribe: «El descubrimiento en los años ochenta de las tumbas reales en Vergina al norte de Grecia y la posible identificación de unos restos como los de Filipo apenas llamó la atención, e incluso Alejandro no recibe más que una ocasional cobertura en televisión, habitualmente relacionada con sus batallas. 

Dos películas de Hollywood han intentado contar su historia; Richard Burton lo interpretó en 1956 y Colin Farrell en 2004, pero ambas películas resultaron irregulares». Pocas veces se ha tratado además algo tan esencial como que Alejandro Magno llevó la cultura griega a Oriente Medio, lo que cambió la historia para siempre. Debido a su imperio se impuso el griego común desplazando al hebreo y al arameo en Palestina 

Las consecuencias fueron muchas y profundas según Goldsworthy, porque derivaron en que el Nuevo Testamento fuese escrito en griego y que un imperio «romano» de lengua griega sobreviviese en el Mediterráneo oriental durante mil años después del último emperador que reinó en Italia. 

Debido a las conquistas de Alejandro en todo el mediterráneo oriental se impuso el ‘koiné’ o griego común como lengua prácticamente oficial desplazando al hebreo y al arameo en Palestina. No sólo eso, sino que incluso ya Pablo de Tarso, San Pablo, escribió sus Cartas a los Romanos en griego, prueba de que el idioma y la cultura helénicas eran apreciadas y seguidas por los romanos mucho tiempo después de la desaparición de Macedonia. ¿Qué importancia tuvo todo esto?

El nuevo pacto

El nombre de Jesús es directamente la forma griega del arameo, en origen hebreo, del nombre Joshua, y por otra parte las alusiones a lo que son los libros del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento también. 

De hecho, lo que conocemos por ‘Testamento’ se trata de una traducción de la palabra hebrea ‘byrïth’, al griego koiné ‘diatheke’, que en realidad significaba ‘pacto’: el pacto de Dios con los hombres, el primero, que denominamos Antiguo Testamento y el segundo, con la llegada de Jesús, el Nuevo ¿Por qué? 

Porque en griego ‘diatheke’ es también ‘testamento’. Es sólo un ejemplo de la influencia que tendría la lengua y por tanto el pensamiento griego en la confección de las Sagradas Escrituras que nos llegaron después.

'Filipo y Alejandro', Adrien Goldsworthy (La Esfera de los Libros)

‘Filipo y Alejandro’, Adrien Goldsworthy (La Esfera de los Libros)Pero incluso antes de que se escribieran los Evangelios en griego, fruto de la supremacía cultural helenística debida a los macedonios, su influencia era ya tan notable que la traducción y base del Antiguo Testamento citado en el Nuevo y en todas las traducciones posteriores, se debe al conjunto de textos denominados la Septuaginta: la traducción que se hizo a la Koiné de las escrituras hebreas por lo que el Antiguo Testamento que conocemos es también una interpretación hecha con la lengua griega. 

La mezcla de las culturas griega y oriental hizo de puente entre el paganismo y el cristianismo De la misma forma que acomete Goldsworthy en la nueva biografía, el historiador alemán J. G. Droysen, fue el primero en hacer notar, ya en el siglo XIX, esa época helenística al argumentar que el surgimiento del helenismo durante la actividad de Alejandro Magno y en tiempos posteriores venció la particularidad de las tribus y ciudades-estado griegas locales mediante el establecimiento de un lenguaje, una cultura y un sistema político universales. 

Un periodo que iba desde la época de Alejandro Magno (356-323 a.C.) hasta el comienzo de la dominación imperial romana tras la batalla de Accio. Es decir, que la mezcla de las culturas griega y oriental en la época helenística se convirtió en un periodo de transición que hizo de puente entre el paganismo clásico y el surgimiento del cristianismo como religión universal.

La libertad de Grecia

De todo ello se deduce que el impacto de las conquistas macedonianas fue mucho mayor que la mera expansión militar y diplomática que han asombrado al mundo desde entonces. Para ello, Adrien Goldsworthy dedica también un tercio del libro a Filipo de Macedonia, una rareza, ya que su figura queda lógicamente ensombrecida por la de su hijo. 

Hace notar lo siguiente: «Sin Filipo no habría habido un Alejandro, porque Filipo le dio nueva forma a Macedonia, haciéndola crecer, más fuerte y más unida, y además creó el ejército desde cero e incluso el plan para atacar Persia». 

Es otro de los detalles de la biografía conjunta que además insiste en la gran transformación que supuso. Con Filipo y Alejandro «la era de las polis independientes se había desvanecido (…) ninguna tuvo la capacidad o la inclinación para convertirse en la agresiva máquina militar creada por Filipo, así la libertad de Grecia fue contenida por Filipo y Alejandro, aunque si esto fue bueno o malo es discutible». 

Lo que ocurrió fue que después de perder su libertad primero con Macedonia y después con Roma, en ambos casos los vencedores abrazaron la cultura del derrotado. El historiador británico traza así una historia descomunal de Macedonia que incluye todas las campañas y acontecimientos de ambos reyes dentro de un contexto que explica también su impacto crucial en los siglos posteriores.

Imagen de portada: Mural latino que representa a Alejandro Magno en la Batalla de Issos

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial Por Julio Martín Alarcón

Alejandro Magno/El Nuevo Testamento/Historia/Sociedad/Cultura

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