6 cosas que quizás no sabías de La gran ola de Kanagawa, la icónica imagen de Japón. Parte 1/2

Fue creada hace 190 años y sigue siendo recreada en todas partes.

En murales y tatuajes, en estampillas y ropa, en caricaturas y hasta en emojis: ‘La gran ola de Kanagawa’, del artista japonés Katsushika Hokusai, no parece perder su encanto.

Y es que en escasos 25,7 por 37,8 centímetros, Hokusai logró plasmar una escena épica, un drama oceánico con una composición simple pero tremendamente poderosa.

Una escena que muy probablemente has visto pero ¿sabías que…

1. El tema no era la ola

‘La gran ola’ es en realidad una vista del monte Fuji, una de una serie de impresiones en color que Hokusai diseñó alrededor de 1830 que, a pesar de ser 46 xilografías en total, se llama «Treinta y seis vistas del monte Fuji».

En aquellos días, el monte Fuji era visto como una deidad protegida, espectacularmente visible desde Edo, el Tokio moderno.

Provocaba cierto temor, por la posibilidad de una erupción del volcán, pero también adoración, pues la nieve de su cima era su fuente de agua, y algunos pensaban que guardaba el secreto de la inmortalidad.

De hecho, aunque toda la serie gustó cuando se lanzó, ‘Fuji Rojo’ fue mucho más popular que ‘La gran ola’ en el Japón de 1800, debido a la reverencia espiritual hacia la sagrada montaña.

"Fuji Rojo", también conocida como "Viento del sur, cielo claro", de la serie "Treinta y seis vistas del monte Fuji".

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«Fuji Rojo», también conocida como «Viento del sur, cielo claro», de la serie «Treinta y seis vistas del monte Fuji».

Con el tiempo esa reverencia se convirtió en un culto con elementos del budismo y el sintoísmo. El que no fuera la preferida no quería decir que ‘La gran ola’, con los esquifes de pesca que se pierden en el oleaje, mientras que la gran muralla de agua coronada por zarcillos en forma de dedos amenaza con engullirnos a ellos y al pequeño monte Fuji en la distancia, pasara desapercibida.

Poco después de su publicación, empezaron a aparecer otras estampas en las que su influencia era palpable.

"Sobre las olas en Kakuda, en el camino a la Isla de Sado", de Utagawa Kuniyoshi (1836).

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«Sobre las olas en Kakuda, en el camino a la Isla de Sado», de Utagawa Kuniyoshi (1836).

2. Hokusai la pintó cuando tenía 70 años

Y, según él mismo dijo, todavía estaba aprendiendo; es más, estaba convencido de que su mejor trabajo estaba por venir.

En unas memorias conmovedoras que escribió a los 76 años, abrió su corazón.

«Desde los 6 (años), tenía una inclinación por copiar la forma de las cosas. A partir de los 50, se publicaron mis imágenes…», refiriéndose a diez volúmenes de dibujos, cada uno con 60 páginas cubiertas con imágenes de todos los temas imaginables: figuras y animales reales e imaginarios, plantas, paisajes marinos, dragones, poetas y deidades… en fin.

Se llamaban «manga», una especie de prototipo de manga moderno, aunque el significado era ligeramente diferente en esa época.

Después de una pausa, le encargaron diez volúmenes más de su manga, y pidió que se hicieran con papel más barato para que sus ideas pudieran difundirse más ampliamente.

Autorretrato de Hokusai a la edad de 83, 1842.

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Autorretrato de Hokusai a la edad de 83, 1842.

Quizás su experiencia anterior produciendo impresiones de celebridades, asequibles y cambiantes con la moda del momento lo hizo consciente del poder de llegar a una amplia audiencia.

«Pero hasta los 70 años, nada de lo que dibujé era digno de mención», continúa diciendo en sus memorias.

A los «73 años pude desentrañar el crecimiento de plantas y árboles, y la estructura de aves, animales, insectos y peces. Por lo tanto, cuando cumpla 80 años, espero haber progresado cada vez más, y en los 90, profundizar en el principio subyacente de las cosas, para que a los 100 años haya alcanzado un estado divino en mi arte.

«Así, a los 110, cada punto y cada trazo será como si estuviera vivo».

Termina diciendo: «Aquellos que viven lo suficiente, dan testimonio de que estas palabras no resultan falsas». 

Y luego firma, con su nombre, seguido de la descripción «Anciano, loco por la pintura».Ese «anciano, loco por la pintura» estaba sumamente en forma y activo. A los 80 años aceptó una invitación para pintar olas en Obuse, 240 km al norte de Edo. Caminó toda la distancia.

Pero no pudo cumplir su anhelo de seguir pintando hasta los 110. Murió en 1849, a los 89 años, sin sospechar cuán grande era el destino que le esperaba a su gran ola.

3. Es más que japonesa

‘La gran ola’ de Hokusai sólo llegó a costas ajenas 18 años después de su muerte, y más de 35 después de que él la creara, pues Japón estuvo aislado durante dos siglos.

Desde 1640, el país se había cerrado en gran medida al mundo y solo se permitía una interacción limitada con China y Holanda.

Aunque los foráneos no podían entrar en Japón, las cosas extranjeras sin duda podían hacerlo, algo que se ve claramente en ‘La Gran Ola’.

Está impresa en papel de morera japonés tradicional en sutiles tonos de amarillo, gris y rosa. Pero el color que domina es un azul intenso y profundo… un azul que no era japonés.

azul de Prusia

Fue el primer pigmento sintético moderno y mucho menos propenso a desvanecerse que otros azules tradicionales.

Es el azul de Prusia, inventado a medio mundo de distancia, en Alemania, 130 años antes de que rompiera la ola de Hokusai.

Ese color nos muestra que Japón tomaba de Europa lo que quería con absoluta confianza.

Es más: la serie de la que formaba parte ‘La gran ola’ se promocionó al público en parte sobre la base de ese azul exótico y hermoso, apreciado por su extrañeza.

Y esa no fue la única importación que Hokusai aprovechó.

Con la perspectiva matemática que había aprendido de los grabados europeos traídos por los comerciantes holandeses, empujó el monte Fuji al fondo de la escena.

'La gran ola' dividida en planos

El monte Fuji es como un ancla casi en último plano, con las olas acercándose cada vez más a nosotros.

Así que ‘La gran ola’, apunta en «La historia del mundo en 100 objetos» de la BBC el historiador y exdirector del Museo Británico Neil MacGregor, está lejos de ser esencialmente japonesa, como solemos pensar.

Es una obra híbrida, una fusión de materiales y tecnología europeos con sensibilidad japonesa.

«No es de extrañar que gustara tanto al llegar a Europa. No era un completo extraño, sino un pariente exótico».

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Noviembre 2021

Japón/Sociedad y Cultura/Historia Arte

 

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