Antigua Roma. La sexualidad romana. Parte 1/2

Los romanos vivían el amor y el sexo como un gran regalo de los dioses, que debían practicarlo al máximo.

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Hay un grafiti en las ruinas de Pompeya que dice “que viva el que ama; que se muera quien no sabe amar. Dos veces perezca todo el que pone obstáculos al amor”.

Visité las ruinas de Pompeya hace un año con gran detenimiento. El guía, que nos acompañaba, empezó diciendo, que para entender la vida romana deberíamos dejarnos los tabúes actuales, consecuencia de la moral cristiana con la que nos educaron, que es totalmente represora de la sexualidad.

Debemos saber que los dioses romanos no tenían la sexualidad como una cuestión moral degradante. Se buscaba siempre el placer, la vida natural y la felicidad. En la misma Pompeya hay escrita una frase de un amante, que dice “Los amantes como las abejas, saborean una vida dulce como la miel”.

La presencia del falo era algo cotidiano para los romanos, al igual que había sucedido en todas las culturas antiguas, porque era el instrumento que garantizaba la fertilidad.

El falo estaba en el dios romano Fascinus. Las matronas romanas eran las encargadas de llevarle flores. Su culto era desarrollado por las conocidas vestales, cuya misión consistía en alejar el mal de ojo (fascinum) que tanto preocupaba a los romanos, favorecer la germinación de las plantas y estimular el alumbramiento de las hembras estériles.

Los romanos vivían el amor y el sexo como un gran regalo de los dioses, que debían practicarlo al máximo. Para que veamos hasta donde llega esta sexualidad hay una lápida funeraria que dice “Vino, sexo y termas arruinan nuestros cuerpos, pero son la sal de la vida”.

La sexualidad romana ha pretendido siempre mostrarse orgullosa de su propia virilidad, por eso es fácil encontrar inscripciones, grafitis que hacen alabanza de la misma. De esta forma, el poder, el estado social y la buena fortuna se expresaban frecuentemente en términos fálicos.

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Los hombres romanos tenían que ser parte activa en todo lo referente a la sexualidad. No se entendía la pasividad sexual en un hombre, pues suponía la pérdida del control, virtud esta que era muy valorada en Roma.

Los hombres romanos podían tener relaciones tanto con hombres prostitutos (los prostitutos eran esclavos, siempre que el romano fuera el activo) como con mujeres. Esto era aceptado social y legalmente.

La homosexualidad

Las leyes romanas regulaban la homosexualidad. Tenemos la “Lex Scantinia”, “Lex Iulia” y “Lex Iulia de vi publica” que regulaban la homosexualidad entre hombres libres. Un hombre, que disfrutaba siendo penetrado, era llamado pathicus o catamita. Se le consideraba pasivo y en consecuencia es presentado como hombre débil y femenino, con una fuerte connotación despreciativa.

Estas leyes sobre la homosexualidad no se aplicaban cuando eran los esclavos o los bárbaros quienes la practicaban, pues no eran considerados como seres humanos. Si un romano se dejaba penetrar por cualquiera de ellos, era mirado con desdén. Los esclavos eran definidos como res (cosa) y podían ser usados libremente en cualquier situación sin ser considerado algo ilegal.

El hombre romano era bisexual y la educación que se daba a los hijos, iba encaminada a lograr esa bisexualidad. El hombre era quien dominaba y tenía que mostrar su superioridad en todos los órdenes de la vida, tanto en la familia, como en la sociedad, la política y por supuesto en la guerra.

El hombre romano era el que mandaba en casa y decidía todo. Su bisexualidad era buscada, porque su dominio superaba a la mujer y debía tener una dominación total sobre todas las cosas.

Una de las prácticas, que hacían los romanos, era la sodomización de los enemigos vencidos. Además también sodomizaban a los esclavos que vivían en sus casas.

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Termas suburbanas de Pompeya

La educación bisexual de los romanos no iba encaminada a la consecución del placer, sino a demostrar su poder, esto era por motivos culturales y políticos. 

En Roma, la insinuación de que un hombre hubiera sido penetrado por otro hombre, podía ser suficiente para terminar con una carrera política. Sin embargo, debemos saber que no todos los ciudadanos romanos realizaban estas prácticas homosexuales.

Como estamos viendo de forma reiterada, la sociedad romana era profundamente machista y además muy jerarquizada. Los hombres jóvenes no debían llegar vírgenes al matrimonio y era mal visto, que un joven se casara sin tener experiencia sexual.

Sin embargo, lo que era válido para el hombre, no lo era para la mujer joven. 

Las mujeres pertenecientes a las clases poderosas tenían terminantemente prohibido haber mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio. La virginidad femenina en las clases pudientes representaba un gran valor social en la mujer. Al mismo tiempo, se impedía que se llegara al matrimonio estando embarazada y el marido tuviera que admitir un hijo que no fuera suyo.

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EL MATRIMONIO

Uno de los aspectos que nos debe llamar la atención es que los romanos no se casaban por amor, sino simplemente para reproducir y así dar continuidad y engrandecer el futuro de Roma. 

Los contrayentes matrimoniales, salvo excepciones, no eran fruto del amor, pues su finalidad al igual que estamos viendo en otras sociedades antiguas era la procreación de hijos legítimos. Es lo que vemos continuamente en los planteamientos de la iglesia católica, que entiende el matrimonio como un sistema de reproducción y nunca como una forma de placer humano, al cual condena con toda su fuerza.

Los matrimonios romanos eran exclusivamente por intereses sociales y económicos. Las relaciones entre los esposos carecían de intimidad alguna y en consecuencia la atracción sexual era muy escasa. Esto hacía que el divorcio se diera en la sociedad romana con gran frecuencia.

Las relaciones con esclavas eran alentadas. Sin embargo, las relaciones con esclavos no eran alentadas como forma de placer sexual. Estas relaciones homosexuales eran una forma de castigo al mismo nivel que cuando se usa el látigo para infringir dolor.

El matrimonio era una institución básica en la sociedad romana, pues definía de forma clara la propiedad y legitimidad de los hijos. Sin embargo, no era necesariamente considerada como una institución sagrada desde el punto moral y religioso.

Los esposos acataban las rígidas reglas legales que marcaba el matrimonio, sin embargo las actividades íntimas de los esposos no eran tan estrictas, siendo considerado normal que el esposo buscara satisfacción sexual con otras mujeres.

Vemos como predominaba el machismo más rancio, porque a las esposas no se les permitía lo mismo que al marido y debían respetar las reglas de fides marita y ser fieles a sus esposos.

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EL ADULTERIO

El adulterio no estaba bien visto, pero una vez más podemos comprobar que el mismo hecho no es considerado igual, si la que lo realiza es una mujer pobre o una matrona romana. Si el adulterio lo provoca una mujer de clase baja esto no es considerado un problema, mientras que era considerado un serio crimen si venía de una matrona de la elite.

Los romanos partían del principio de que se iban a producir traiciones y adulterios en el matrimonio. El hombre adultero lo podía hacer de forma pública, mientras que las mujeres lo tenían que hacer en la oscuridad para evitar ser descubiertas. Las leyes romanas condenaban el adulterio femenino, pero a pesar de esto era muy practicado.

El castigo para el adulterio variaba en función de la clase social. La mayoría de las veces, las penas eran aplicadas para la mujer adúltera y su amante. 

Los castigos eran mayormente patrimoniales, dictando la confiscación de la mitad de los bienes del adúltero, un tercio del de la mujer, así como la mitad de su dote.

En determinadas circunstancias se permitía, que el marido pudiera matar a su esposa si la sorprendía cometiendo el adulterio. Normalmente lo que se le planteaba era que se divorciara.

La sociedad romana era patriarcal, en la familia todo era decidido por el hombre y en consecuencia el castigo del adulterio sería decidido por el marido. Cuando el adulterio no era condenado con la muerte, entonces esta mujer después del matrimonio tenía prohibido volverse a casarse.

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Consoladores romanos

Todas las leyes romanas buscaban mantener la limpieza moral del Imperio y sobretodo mantener las clases sociales intactas. 

Para Thomas A. J. McGinn “es como que las leyes augustas sobre el adulterio y el matrimonio, alentaran indirectamente el alza de un respetable concubinato como una institución reconocida en su propio derecho”.

El emperador Augusto, nada más llegar al poder promulgó leyes que hacían del adulterio femenino un delito grave y fuertemente castigado.

EL CONCUBINATO

El concubinato es una institución romana, que permitía a un hombre tener una cierta relación ilegal sin repercusiones, con la excepción del emparejamiento con prostitutas. Los ciudadanos no podían casarse o cohabitar legalmente con una concubina mientras se tuviera una esposa legal.

El marido utilizaba a las esclavas, las amantes, las concubinas y a las prostitutas. El papel de la esposa era exclusivamente darle hijos al marido. La esposa no debía conocer el placer que proporcionaba el sexo y el amor.

Esta poligamia masculina era tolerada de hecho porque no significa una amenaza para la religión y la integridad legal de la familia. El título de concubinato no era considerado derogatorio y era utilizado incluso en las lápidas funerarias.

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La leges Juliae aprobado por el emperador Augusto dio el primer reconocimiento legal al concubinato y lo definía como la convivencia pero sin matrimonio. De esta forma, el concubinato tenía una función práctica, permitiendo tener unas relaciones legales fuera del matrimonio. Sin embargo, eran consideradas ilegales las de la prostitución.

La leges Juliae regulaba muchas de estas relaciones fuera del matrimonio y consideraba inapropiados algunas relaciones. Por ejemplo un senador no podía casarse con una esclava liberada o convivir con una ex prostituta. El hombre que deseaba vivir en concubinato con una mujer y no casarse era preciso que lo notificara a las autoridades.

Este tipo de cohabitación variaba muy poco del matrimonio. Sin embargo, si de esta relación de concubinato había hijos, estos no eran considerados legítimos. Muchos hombres de las clases dominantes después de quedarse viudos solían vivir en concubinato, entonces los hijos de su primer matrimonio eran los que heredaban, mientras que los del concubinato no tenían ningún derecho.

Imagen de portada: Los frescos de Pompeya demuestran la importancia del sexo en la época.

FUENTE RESPONSABLE: nuevatribuna.es Por Edmundo Fayanás. Mayo 2017.

Antigua Roma/La sexualidad romana/Amor/Libertad sexual/

Mujer/Sometimiento/ Desigualdad/Sociedad y Cultura.

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