Antigua Roma. Gladiadores y gladiadoras. Parte 2/2

Combate

Una vez decididos los emparejamientos se realizaba un combate de entrenamiento utilizando armas sin filo. A continuación, el organizador, su representante o un invitado de honor revisaban las armas que se iban a utilizar en los combates programados. Finalmente, como punto culminante de la jornada, se celebraban los combates, que eran tan ingeniosos, variados y novedosos como el organizador podía permitirse.

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La mayoría de los combates duraban entre diez y quince minutos. En los munera de finales de la República, se podían haber disputado entre 10 y 13 enfrentamientos en un día. Esto supone más de un combate al mismo tiempo en el transcurso de una tarde.

Los espectadores preferían ver luchas por gladiadores cualificados y bien emparejados con estilos de lucha complementarios para que el combate fuera lo más reñido posible. Un enfrentamiento cuerpo a cuerpo de varios gladiadores poco cualificados era mucho menos costoso, pero también menos popular.

Se podía desarrollar una modalidad de combate en la que el vencedor volvía a enfrentarse contra un nuevo gladiador. En este caso la mayoría de los combates eran de mala calidad. Los combates entre gladiadores experimentados y bien entrenados demostraron un considerable grado de destreza escénica, de la que recibían educación en los ludus [8] como parte de su entrenamiento.

Ganarse a los espectadores era fundamental y entre los especialistas la bravuconería y la habilidad en el combate a veces eran estimadas por encima de la mera mutilación y derramamiento de sangre.

En ocasiones se podían realizar combates incruentos con armas romas durante la parte principal del munus. Suetonio describe un munus excepcional de Nerón, en el que nadie fue asesinado, ni siquiera los enemigos del Estado.

Se esperaba que los gladiadores entrenados observaran las reglas de combate establecidas. En la mayoría de los enfrentamientos se empleó un árbitro principal y un asistente, que aparecen en mosaicos con bastones largos para amonestar o separar a los oponentes en algún momento crucial del combate.

Los árbitros solían ser gladiadores retirados, cuyas decisiones, juicio y discreción eran generalmente respetadas. Podían detener los combates por completo o hacer una pausa para que los combatientes descansaran o tomaran un refrigerio. En los combates había unos asistentes, los incitadores, que utilizaban una fusta o un hierro al rojo vivo para incitarles u obligarles a luchar con más ímpetu.

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Cualquier acto de rebelión de un gladiador contra un árbitro era impensable por la educación recibida en el ludus, y porque los arqueros apostados en nichos tras las gradas abatirían a cualquier gladiador que intentara atacar a estos asistentes.

En los intermedios entre combates salían a la arena los bufones y animadores que realizaban duelos incruentos durante las pausas para entretener a la multitud mientras los gladiadores descansaban. Luchaban con látigo, palos o armas de madera y no tenían casco ni escudo, solo envolturas protectoras en la parte inferior de las piernas y la cabeza.

En las pausas también podían actuar acróbatas, saltimbanquis y otros artistas, que iban acompañados de música, interpretada en interludios, para marcar las distintas partes del munus o creando un crescendo frenético durante los combates y acentuando las fases más críticas. Los golpes podían ir acompañados de toques de trompeta.

El mosaico de Zliten en Libia nos muestra a músicos tocando un acompañamiento de juegos provinciales, con gladiadores y prisioneros atacados por bestias. Sus instrumentos son una trompeta larga y recta, un gran cuerno y un órgano hidráulico Representaciones similares de músicos, gladiadores y bestiari se encuentran en un relieve de una tumba en Pompeya.

SU ORGANIZACIÓN

Los primeros munera tenían lugar en o cerca de la tumba del difunto y eran organizados por su munerator [9] que era la persona que hacía la ofrenda. 

En la época republicana, los ciudadanos particulares podían poseer y entrenar gladiadores, o arrendarlos a un propietario de una escuela de entrenamiento de gladiadores. A partir del Principado los ciudadanos particulares solo podían celebrar munera y tener sus propios gladiadores con el permiso imperial.

La legislación del emperador Claudio exigió que los cuestores, el rango más bajo de la magistratura romana, financiaran personalmente dos tercios del coste de los juegos de las comunidades de sus pueblos pequeños. Los juegos más importantes los organizaban los magistrados superiores, que podían permitirles. Los más importantes y fastuosos de todos eran pagados por el propio emperador.

Victoria y derrota

En un combate un gladiador podía vencer, rendirse o morir a manos de su rival; también podía darse el caso, si un combate que se prolongaba en exceso, en que el organizador ordenara detener el combate sin que hubiera vencedor.

Los ganadores recibían los aplausos y vítores del público y se le entregaba la palma de la victoria, una corona de laurel y un premio del organizador o incluso dinero y regalos de una multitud agradecida, que el vencedor ponía en una bandeja de plata que también le entregaban.

También podían concederle la espada de madera símbolo que suponía alcanzar el nivel más alto de la profesión y que, en el caso de los gladiadores esclavos o condenados, conseguir la emancipación.

Marcial describe una pelea entre Priscus y Verus, que lucharon de manera tan pareja y valiente durante tanto tiempo que cuando ambos admitieron su derrota, el emperador Tito otorgó la victoria a cada uno. Flamma fue premiado con la libertad en cuatro ocasiones, pero decidió seguir siendo gladiador.

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Su lápida en Sicilia incluye la grabación: “Flamma, secutor, vivió treinta años, luchó treinta y cuatro veces, ganó veintiuna, luchó hasta el empate nueve veces, fue derrotado cuatro veces, un sirio por nacionalidad. Delicatus escribió esto para su merecedor camarada de armas”.

Un gladiador podría reconocer la derrota y solicitar la gracia e indulto, levantando el dedo probablemente el índice de la mano izquierda, en un llamamiento al árbitro para que detuviera el combate y se dirigía al organizador cuya decisión, que podía ser la salvación o la muerte, solía depender de la respuesta de la multitud.

La muerte se consideraba una pena justa por la derrota en los primeros tiempos de los munera. Posteriormente, a los que luchaban bien se les podía conceder el perdón según el capricho de la multitud o del organizador.

Durante la era imperial, la celebración de encuentros anunciados sin posibilidad de condonar la sentencia de muerte sugiere que el missus [10] se había convertido en una práctica común.

El contrato entre el organizador y su lanista [11] podía incluir una indemnización por muertes inesperadas, que podría ser unas cincuenta veces superior al precio de alquiler del gladiador.

Bajo el reinado del emperador Augusto, la demanda de gladiadores comenzó a superar la oferta, y los combates sine missione fueron prohibidos oficialmente. Un desarrollo económico y pragmático que se impuso para que coincidiera con la noción popular de la justicia natural.

Cuando los emperadores Calígula y Claudio se negaron a perdonar a los combatientes derrotados pero populares, su propia popularidad se resintió.

Los gladiadores que luchaban bien tenían más probabilidades de ser perdonados. En un combate pompeyano entre combatientes con carros, a Publius Ostorius, con 51 victorias en su haber, se le concedió la libertad tras perder contra Scylax, con 26 victorias.

Por lo general los espectadores decidían si un gladiador vencido debía ser perdonado o no, en cualquier caso la decisión final de la muerte o de la vida correspondía al organizador, que indicaba su decisión con un gesto descrito por fuentes romanas como el pulgar vuelto o al revés, una descripción demasiado imprecisa para una reconstrucción del significado del gesto o de su simbolismo.

Vencedor o derrotado, un gladiador estaba obligado por juramento a aceptar o poner en práctica la decisión de su organizador “el vencedor no era más que el instrumento de su voluntad”.

Un gladiador podía esperar pelear en dos o tres munera al año. Un número desconocido habría muerto en su primer combate. Pocos gladiadores sobrevivieron a más de diez, aunque uno sobrevivió a unos extraordinarios 150 combates.

Muerte y disposición del cadáver

Si no había muerto durante el combate, un gladiador al que se le negaba la misio era rematado por su oponente. Para morir bien, un gladiador nunca debía gritar ni pedir clemencia. Una «buena muerte» redimía al gladiador de la deshonra de la derrota y servía de noble ejemplo para los que lo observaban.

Porque la muerte, cuando está próxima, da incluso a los hombres inexpertos el valor de no tratar de evitar lo inevitable. Así que el gladiador, que a lo largo de la lucha se ha mostrado débil, ofrece su garganta a su oponente y dirige la espada vacilante hacia el punto vital.

Algunos mosaicos muestran gladiadores derrotados arrodillados preparándose para el momento de la muerte. El punto vital del que habla Séneca parece haber sido el cuello. Se han descubierto restos de gladiadores en Éfeso que lo confirman.

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Mientras el vencedor daba la vuelta al ruedo dos asistentes disfrazados de Mercurio y Dis Pater accedían a la arena. 

El personaje de Mercurio aplicaba sobre el cuerpo del vencido un hierro al rojo para verificar que estaba realmente muerto y el de Dis lo golpeaba con un mazo hasta matarlo si este se estremecía al aplicarle el hierro candente o, si no lo hacía, le daba tres mazazos como símbolo de que tomaba posesión del muerto, tras lo cual se depositaba en una litera de Libitina, diosa de los muertos y el inframundo, y era retirado de la arena.

Un estudio patológico moderno confirma el uso probablemente fatal de un mazo en algunos, pero no en todos los cráneos de gladiadores encontrados en un cementerio de gladiadores.

Los gladiadores que se deshonraron a sí mismos podrían haber sido sometidos a las mismas indignidades que los noxii, negándoles la relativa misericordia de una muerte rápida y arrastrándolos fuera de la arena como si se tratara de carroña. No se sabe si el cadáver de un gladiador de este tipo podría ser redimido de una mayor ignominia por parte de amigos o familiares.

Los cuerpos de los noxii y posiblemente de algunos damnati [12] eran arrojados a los ríos o abandonados sin enterrar. La negación de los ritos funerarios y del memorial condenaba a la oscuridad al difunto y a vagar sin descanso por la tierra como si fuera una espantosa larva.

Los ciudadanos comunes, los esclavos y los libertos solían ser enterrados más allá de los límites de la ciudad, para evitar la contaminación ritual y molestia física de los vivos. Los gladiadores profesionales tenían sus propios cementerios separados. La mancha de la infamia era para siempre.

Esperanza de vida

Un gladiador podía esperar pelear en dos o tres munera al año. Un número desconocido habría muerto en su primer combate. Pocos gladiadores sobrevivieron a más de diez, aunque uno sobrevivió a unos extraordinarios 150 combates. Se registra otro que falleció a los 90 años de edad, presumiblemente mucho después de su retiro.

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El historiador y arqueólogo francés Georges Ville, basándose en datos de las lápidas de gladiadores del siglo I, calculó que la edad media de su muerte era de 27 años y que la mortalidad entre todos los que accedieron a la arena era de 19/100.

Sin embargo, el historiador alemán Marcus Junkelmann cuestiona el cálculo de Ville sobre la edad media de muerte; considera que la mayoría no habría tenido una lápida y que la muerte se habría producido en una etapa inicial de su carrera, entre los 18 y los 25 años de edad.

Entre el primer y último periodos del Imperio el riesgo de muerte para los gladiadores derrotados subió de 1/5 a 1/4, quizás porque la misio se concedía con menos frecuencia. Las profesoras británicas Hopkins y Beard estiman con ciertas dudas un total de 400 arenas en todo el Imperio romano en su máxima extensión, con un total combinado de 8.000 muertes al año por ejecuciones, combates y accidentes.


[1] El vocablo munus era entendido como un regalo que obliga al intercambio, y proviene de la raíz “mei”, que es propiamente dar en cambio, más el sufijo “nus”, que distingue a las nociones de carácter social.

[2] Los samnitas fueron una de las antiguas tribus itálicas, que habitaron en el Samnio que era una región montañosa de Italia meridional entre el siglo VII a. C. y el siglo III a. C. Esta tribu de origen latino estaba emparentada con los Sabelios, establecidos justo al norte de sus territorios.

[3] El sestercio, del latín sestertius, semistertius, es una antigua moneda romana de plata, cuyo valor equivalía a un cuarto de denario, a la centésima parte de un áureo, y a dos ases y medio.

[4] Venatio, en la Antigua Roma, es el nombre que recibían los espectáculos que se celebraban en el circo o en el anfiteatro y en el que intervenían animales exóticos y salvajes, dentro de la celebración de los juegos romanos.

[5] Los munera (en singular, munus) eran las obras o servicios públicos que determinados ciudadanos ricos de alto estatus ofrecían a favor del pueblo romano. Entre los munera más apreciados se encontraba el combate de gladiadores (munus gladiatorium).

[6] Los ludi eran juegos públicos celebrados en beneficio y para el entretenimiento del pueblo romano. Los ludi se llevaban a cabo como parte de determinadas fiestas religiosas en la Antigua Roma, siendo en ocasiones su principal característica. También se presentaban como parte del culto estatal.

[7] Los gladiadores romanos Noxii, no son realmente verdaderos gladiadores. Estos combatientes solían ser criminales o prisioneros de guerra, que daban pocas oportunidades para convertirse en un hábil gladiador.

[8] El Ludus era también el lugar donde se entrenaba a los gladiadores. Dichas escuelas, tanto estatales como privadas, fueron creadas debido a la creciente demanda de gladiadores en la Antigua Roma, resultando las más sobresalientes la de Capua, Pompeya o Rávena, además de las existentes en la propia Roma.

[9] El que daba un espectáculo de gladiadores en honor de los muertos.

[10] El enviado

[11] El lanista era un personaje esencial en los munera gladiatoria, un auténtico mercader de carne humana. Vivía en estrecho contacto con piratas y traficantes. Obtenía sus gladiadores, en primer lugar, de los prisioneros de guerra.

[12] Malditos

Imagen de portada: Gentileza de Nuevatribuna.es

FUENTE RESPONSABLE: Nuevatribuna.es/ Por Edmundo Fayanás Escuer. Septiembre 2021

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